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DANAKIL: LAS PUERTAS DEL INFIERNO EN LA TIERRA. Parte 1

ETHIOPIA | Sunday, 7 January 2018 | Views [316]

Danakil

Danakil

Nuestra estancia en la misión comiendo comida casera (incluso jamón y tortilla de patatas) y durmiendo en confortables camas había terminado,y al día siguiente a primera hora ya nos esperaba en la puerta del Saint Mary College uno de los chofferes de Bisrat para llevarnos a Mekele. Sorprendentemente puntual, le encontramos durmiendo en el coche mientras nos esperaba. Probablemente había corrido la voz que Bisrat había despedido al chofer que tenía que haber llevado al aeropuerto a dos españoles el día de año nuevo, y éste en previsión, había llegado extremadamente puntual.

Allí, en la sede Tigrayina del imperio de Bisrat, nos espera el resto de expedicionarios que, al igual que nosotros decidieron churrascarse en Danakil depression. A diferencia de Simien, el grupo es bastante más heterogéneo tanto en nacionalidades como en edades: el grupo que llamaremos “senior”, formado por un matrimonio mayor australiano con GPS implantado para poder ser localizados por su hijo en cualquier momento (llevaban viajando por el mundo con su camión desde el 2007), un matrimonio ruso que no se habla, y un lobo solitario autríaco-australiano que informa a su mujer donde se va de viaje independientemente de si le acompaña o no; el grupo que llamaremos “oriental”, formado por dos matrimonios japoneses, uno clásico y otro freak, un surcoreano de cómic, la mar de graciosos, y un singapurense al que veríamos más tarde en Harar; y el grupo que llamaremos “joven”, formado por un hindú de Bombay que siempre ha vivido en Dubai emocionado por su trabajo en Emirates, una australiana con rasgos asiáticos en viaje relámpago, un dentista francés solitario de Rouhen, y nosotros (aunque ya no nos aplique mucho lo de jóvenes). Todos estos divididos en 5 vehículos 4X4 cargados eminentemente de botellas de agua (calculo que aproximadamente 20 litros por persona). Nuestro vehículo, el negro, lo conduce Joseph, nuestro choffer rastafari, y como pasajeros Hans (el lobo solitario) y nosotros. Antes de partir, nos dan un brieff de los 4 días de expedición en las oficinas de ETT. Nos presentan a nuestro guía, Fish, un chaval con pánico escénico y pocos dotes de liderazgo pero con muchos conocimientos de la región Afar (donde se encuentra Danakil depression).

Nos ponemos en marcha hacia la primera de las paradas de este tour de 4 días: el restaurante. Después de comer tenemos que esperar a que bajen las temperaturas, el calor del medio día hace imposible siquiera un paseo por el pueblo donde nos encontramos. Aprovechamos este tiempo para relacionarnos con el grupo que nos acompañará durante estos días aunque, la verdad, estamos deseando comenzar la expedición.

Ya en marcha atravesamos con los jeeps la llanura que nos llevará a un desierto de sal en medio de la depresión que es Danakil. El  salar no es, según nos dice Hans, tan espectacular como el salar de Uyuni (Bolivia). Según él, en Bolivia no existe ninguna referencia a tu alrededor y lo único que atisban tus ojos es el horizonte blanquecino de la sal. En este caso sí que podemos ver unas montañas lejanas, alguna pequeña formación salina y un acueducto a lo lejos que configura también un horizonte único en el mundo. No queda más remedio, como en otros salares del mundo, que realizar las rigurosas fotos-montaje en las que se juega con la escala de los sujetos, empequeñeciendo y ridiculizando a la persona más alejada, pateándola o pisándola. Nada muy original pero hacemos tiempo hasta la puesta de sol con estas tonterías. La luz al atardecer es espectacular y el reflejo en el mismo salsar tiñe de naranja todo lo que nos rodea.

Una vez que el sol se ha desvanecido tras el viejo acueducto de madera, los conductores nos invitan a probar un vino rosado del lugar que, aunque estaba caliente, daba un aire chic a la expedición. Algunos privilegiados pudieron probar, además, cerveza y licores caseros que tan solo tomaban los ‘drivers’ (supongo que en el desierto de sal no hay controles policiales).

Al anochecer nos dirigimos al campamento donde dormiremos. Esta vez, liberados por fin del sol en nuestras cabezas, nos permiten recorrer el camino en el capó del jeep y así disfrutar de la última aventura del día, sin aire acondicionado pero con la cálida brisa azotándonos la cara. Cuando el guía se refieren a ‘campamento’ es sin lugar a dudas un eufemismo. Se trata de camastros de madera a la intemperie, dispuestos según la conveniencia de cada ‘driver’, ubicados cerca de un pequeño pueblo afar y de una base militar. Por lo menos aquí hay un bar, así que decidimos acompañar a los militares que lo frecuentan para acabar el día con unas cervezas.

Tras pasar la noche ‘à la Belle etoile’ nos dirigimos a la zona más inhóspita de la región Afar, a más de 100 metros por debajo del nivel del mar. Por el camino no es difícil encontrarse camellos, asnos o pájaros que han sucumbido al calor de la zona y de los que tan solo queda pellejo, huesos y plumas. En la zona nos encontramos diferentes fenómenos asombrosos: entre ellos una colina de sal marrón que no se puede comercializar y que los lugareños usan a modo de medicina (no esta comprobado científicamente sus beneficios), formaciones dolomíticas de sal erosionadas por la lluvia, pequeñas pozas con agua cristalina ultra salada o charcas aceitosas hirviendo cuyo líquido los locales también usan como ungüento (tampoco estaba demostrado su eficacia, es más, según dicen, crea más problemas de piel que los que arregla).

Aún así las dos visitas estrellas del día son Daloll y las minas de sal. Dallol es una espectacular formación de columnas, charcas y humeantes chimeneas de sulfuros y nitratos, donde el agrio olor del sulfuro y vivos colores (amarillo fosforitos, verde, naranjas y blanco) crean una atmósfera más propia de otro planeta que de la tierra. Estar allí es una experiencia única y aunque la respiración se complica por la humedad, calor y sulfuros nos sentimos privilegiados por contemplar lo que es sin duda una maravilla de la naturaleza.

Las minas de sal se encuentran en una planicie de la región, anexa al salar que vimos el día anterior y cuando éste sube de nivel (recordemos que el salar no deja de ser un lago salado) inunda la zona y la vuelve a rellenar de este mineral para que los afares puedan continuar con su tradición centenaria y modo de vida. Únicamente los afares pueden trabajar aquí y si alguna otra persona quiere trabajar en la mina se le da un pequeño salario pero no recibe los beneficios que la sal reporta a los afares, que aunque no son muchos superan en crece al salario ofrecido. Las condiciones aquí también son extremas, el calor es asfixiante y la sal hay que trabajarla para poderla transportar en las largas filas de camellos que hemos visto a lo lardo del día. Un grupo de personas se dedica a levantar, con hachas y haciendo palanca con largos palos de madera bloques de, aproximadamente, un metro cuadrado de superficie. Posteriormente, es troceado para que otro grupo de personas vaya dando forma rectangular (tamaño folio) a las piezas con un grosor de unos 15 centímetros.  De esta manera se facilita el transporte y el manejo de las piezas de sal para su venta.

El calor es inhumano y cuando nos dirigimos hacia nuestros jeeps con el privilegiado aire acondicionado vemos las duras facciones de los afares forjadas en estas condiciones tan adversas, sabiendo que nosotros no seríamos capaces de sobrevivir más de un día trabajando en estas minas de sal. (Continuará)

Tags: atardecer, aventura, bisrat, dalol, danakil, etiopia, infierno, jeep. minas de sal, salar

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