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PASEO ENTRE LAS NUBES A 4.000M. SIMIEN MOUNTAINS.

ETHIOPIA | Wednesday, 1 November 2017 | Views [252] | Comments [1]

SImien Mountains. Etiopia

SImien Mountains. Etiopia

El segundo día en África empieza como el primero: esperando. Desde las 6:00, bajo una tenue llovizna en un amanecer gris como el hormigón de los edificios que nos rodean, esperamos al conductor que nos debería llevar al aeropuerto para coger el vuelo a Gondar, en el norte. Pero son las 6:15am y el conductor no llega (¡uy cuando se entere Bisrat!). Decidimos buscarnos la vida, pero a las 6 de la mañana nos es complicado encontrar un taxi, teniendo en cuenta, además, que es festivo y primer día del año 2010. Finalmente, con la ayuda del botones del Hilton conseguimos un taxi que nos acerca al aeropuerto.

Ya en el vuelo coincidimos con Haile, un chaval etíope que vive en UK y ha vuelto para visitar a la familia y renovar su visa. Haile estudia ingeniería, quiere formarse en Europa pero su sueño es volver a Etiopía y abrir su propio negocio (de sus palabras se desprende ambición y amor por su país).

El ambiente que se respira al aterrizar en Gondar ya es diferente. El día es soleado y las personas se aglomeran en la salida del aeropuerto a la espera de sus familiares para celebrar el año nuevo y las vacaciones que empiezan. Hay también un grupo de amigos tocando música tradicional y festiva para recibir a los recién llegados que alegra a todos. También nos alegra ver, casi nada más aterrizar, que hay una persona con un cartel con nuestros nombres. Por fin algo de diligencia y puntualidad.

Nos llevan a su oficina desde donde iniciaremos junto con otras 4 personas, dos franceses y dos belgas, un trek por las Siemen Mountains de cuatro días.

No obstante, antes de partir, toca desayunar. Pedimos una tortilla y dos huevos fritos, que finalmente resultan ser un total de 8 huevos, que unidos a los 4 del bocata de mediodía baten nuestro récord personal de huevos en un día: ¡6 por persona!

En Debhark debemos inscribirnos y pagar la cuota para entrar en el Parque Nacional, también nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pero antes toca esperar pues la persona que debe inscribirnos está comiendo y celebrando, como no puede ser de otra manera, el año nuevo con su familia.

Dentro de la oficina se ve, disecada, la cabeza del antílope endémico de la zona (Walia Ibex) con sus enormes cuernos. Esté antílope (de los que quedan unos 1.000 ejemplares), junto con el lobo etíope (aproximadamente 75 ejemplares) y el “Gelada monkey” son las tres especies que sólo se pueden ver en esta zona del mundo y por lo visto el mono es el más probable de ver durante el trek pues existen más de 5.000 ejemplares.

Ocho horas después de habernos levantado, y menos de 24 horas desde nuestra llegada a Etiopía, empezamos a caminar. El primer día de trek es suave y en tres horas llegamos al campamento. No hace frío pero la densa niebla no nos deja ver nada a nuestro alrededor y el guía, Tsama, se limita a mostrarnos la vegetación de la zona, todo muy excitante.

Es al final del día cuando vemos la primera pareja de monos quitándose (y comiéndose) los piojos entre ellos y cuando las nubes dejan hueco para que podamos contemplar el espectacular cañón que hemos ido bordeando toda la tarde.

Se cena pronto, al anochecer, y después no hay mucho más que hacer en el campamento. Una breve sobremesa, algunas fotos nocturnas y a meternos en el saco para entrar en calor (y protegernos de las arañas que plagan las paredes de la habitación). Se agradece quitarse las zapatillas, que aunque no nos ha llovido están mojadas por el relente del camino, y meterse en el saco, pues la noche es fría y tenemos la humedad de la niebla calada hasta en la médula.

La sorpresa del día siguiente es el sol que nos despierta. Agradecemos la cálida sensación que producen los rayos del sol sobre nuestras caras mientras desayunamos “porrige” en una “terraza natural” con vistas al valle, ahora sí, totalmente despejadas.

A partir de este día nos acompañará en la excursión un “Ranger” del Parque Nacional armado con un AK-47 para velar por nuestra seguridad. En realidad no creo que tuviéramos muchos problemas de seguridad pero es la manera de mantener el Parque Nacional controlado y que sus trabajadores tengan un salario extra.

Continuamos nuestro camino en un día soleado y nos seguimos quedando con la boca abierta cada vez que Tsama nos indica un nuevo “view point” del cañón. Las vistas parecen que mejoran según avanzamos y no puedo dejar de compararlo con el Blyde River Canyon en Sudáfrica o con las imágenes que he visto del Cañón del Colorado en EEUU, aunque imaginó que éste es inmenso y, por supuesto, desértico.

La parada estrella del día es una catarata de 530 m de altura (medida por unos escaladores italianos y españoles hace tan solo 2 años). Desde una pequeño estanque, llamado “nido de aves”, el agua se precipita al vacío en un angosto valle. Además nos sobrevuelan, para crear un ambiente digno de Felix Rodríguez de la Fuente, 4 ó 5 buitres a escasos metros de nuestras cabezas.

El sitio elegido para la comida también es una catarata, en esta ocasión de unos 20 metros pero nos da la oportunidad de refrescarnos los pies en las pozas anteriores a la cascada (alguno hasta se bañó) y dormir una pequeña siesta en las rocas que le rodeaban. El paseo de la tarde transcurre entre prados más amarillentos y áridos pero por lo menos es llano. Sobre las 4 llegamos al campamento base, que aunque suena muy profesional es una choza con tres habitaciones y otra anexa para la cocina. Aunque no deja de ser cutre tiene una ubicación privilegiada desde la que se puede ver las colinas cercanas y los “scarpements” volcánicos que se originaron hace millones de años.

Repentinamente alguien señala excitado algo que se mueve en medio de la maleza. Sin dar crédito veo que se trata del afamado lobo etíope y comienzo a fotografiarlo. Y aunque el guía asegura que es un chacal me niego a creerle. Tengo las fotos como pruebas para quien me quiera dar la razón: cola de lobo, orejas de lobo, boca de lobo y no era la falsa abuela de caperucita roja.

A las 6 de la tarde subimos la colina que tenemos justo a nuestra espalda para ver la puesta de sol y aunque las nubes nos lo impiden por lo menos disfrutamos de las vistas del valle, una vez más extraordinarias. Además en lo alto de la colina hay una planicie con altas yerbas amarillas y extrañas palmeras que configuran un aspecto de desierto a la altura de las nubes que también resulta muy fotogénico con la luz del atardecer.

Que la cabaña tenga buenas vistas tiene un gran inconveniente: nada la protege contra el viento húmedo de la noche. Ni siquiera la hoguera improvisada para mantenernos calientes logra que nos quedemos mucho tiempo a la intemperie. Ya en la cama y previendo que la noche será fría y que el día siguiente duro, decidimos no arriesgar en nuestro descanso y apostar sobre seguro con medio orfidal cada uno. Para quien tenga prejuicios, tan solo deciros que fue un acierto. Medio grupo no ha pegado ojo con el frío y sus caras al despertar muestran el cansancio acumulado.

No se equivocaron los locales y el día es frío. Tampoco nos engañaron con la dificultad de la excursión. Todo es subida hasta la primera parada para, desde allí, ver las otras dos colinas que nos quedan por subir. Un día de subidas y bajadas por las colinas, pasando por escarpados e impresionantes vistas, y que tiene su recompensa final cuando en la última de ellas nos encontramos una manada de “gelada monkeys” que, totalmente ajenos a nuestra presencia, continúan con sus quehaceres diarios: quitarse pulgas, comer yerba, pelearse entre ellos y correr y brincar, que para eso son monos. 

Durante la bajada al campamento nos encontramos con pastores, en su mayoría niños, sentados y aburridos vigilando sus rebaños. Les intentamos distraer con nuestros cachivaches y tomándoles fotos para que ellos mismos se vean en la pantalla.

La bajada, por lo menos, tiene poca pendiente y sin darnos cuenta llegamos al último refugio, junto a un poblado y en una ubicación no tan espectacular como los anteriores. La tarde pasa bebiendo te/café con palomitas como aperitivo. Una costumbre muy Etiópe, juntar palomitas y cafés, que combina mejor de lo que pudiera esperarse.

El último día toca la subida al segundo pico más alto de Etiopía, monte Bwahite (4.430 m). El camino no tiene nada de especial y la gracia del día es llegar a la cima del monte. Se complica por el viento frío que nos azota en toda la subida, menos mal que no tengo la gripe como mi pobre compañero de viaje que se arrastra entre las rocas anestesiado por el efecto del cocktail de medicamentos que se ha tomado. Y para ponerle el lazo al gélido escenario, a menos de 200 metros de la subida comienza a granizar. Quien iba a imaginar que veríamos eso. Parece que el día quiere convertir la excursión en épica. El granizo golpea nuestra cara y el viento frío hace que nos tiemblen las manos del frío, solo podemos pensar en lo bien que estaríamos en la cama calentitos.

Cuando la moral del grupo y el cansancio se muestran en el apático caminar de todos nosotros es cuando vemos a la última de las especies endémicas del lugar que nos faltaba por ver. Una familia entera de Walia Ibex, los machos con su gran cornamenta circular, entre 50-70 cm de diámetro, y los pequeños juguetones saltando torpe entre las rocas.

La subida al “summit” del monte Bwahite ya es secundario y la coronación fue rápida y fría.

A partir de ahí, deshacer el camino hecho. Es entonces cuando nos damos cuenta de todo lo que hemos subido. Llegamos de nuevo al campamento, comemos sándwich que nos prepara nuestro cheff Ayo (por cierto, el mismo de los 3 últimos días: sándwich de verduras) y tomamos la carretera hacia Debhark.

Debhark, ciudad de paso para nosotros. Hacemos noche ahí, consistente en recuperar fuerzas y que mi compañero sude la gripe al máximo antes del largo viaje por carretera que nos espera al día siguiente.

Aquí termina la primara parte de nuestro viaje a Ethiopía, espectacular por la magnificencia de las Simien mountains, sorprendente por el frío aterrador que nadie se espera cuando pronuncia “África”, y bonita por la belleza de sus paisajes y fauna.

Tags: etiopia, fauna, monos, montaña, naturaleza, simien, trekking

Comments

1

Manuel, he terminado exhausta y helada leyendo tu crónica. Bravo!!!!

  Marisa Feb 10, 2018 8:22 PM

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