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PUB CRAWLING EN EL NIDO

PHILIPPINES | Thursday, 13 October 2016 | Views [300]

Napcan Beach. Doble filo. El Nido

Napcan Beach. Doble filo. El Nido

Viajar, para mi, es saciar una curiosidad primaria. Viajar trata sobre revelaciones, aventuras y conocimiento. Conocimiento de nuevos lugares, culturas, personas y formas de vida. Viajar significa quitar una venda en nuestra oscura ignorancia para mostrarnos un poco la autenticidad y verdad sobre un parte del mundo al que no estamos acostumbrados. He ahí mis razones por las que viajo. Sencillas. No aspiro a más, o quizás aspiro a demasiado. Nuevos conocimientos y alguna ración de autenticidad.

Me gusta llegar a un país, ciudad o poblado con las conocimientos justos del lugar; alguna foto, una vista al mapa o algún comentario de la guía. Me gusta desenredar poco a poco el ovillo de toda esa maraña de desinformación. Esa nebulosa en mi cabeza se va despejando hasta que toda esa caótica información se estructura de manera ordenada. Y por fin, por fin algo organizado en mi cabeza, ¿cómo no voy a amarlo?

Sin embargo, hay algo que me gusta más que llegar a un nuevo lugar, y es llegar de noche. En la oscuridad es imposible hacerse una composición del lugar. Es al despertar, con la confusión de saber donde has amanecido, cuando descubres sorprendido –o no- el lugar. Siempre tiene un encanto especial, los habitantes, recién levantados, comienzan su jornada diaria bañados por la tenue luz de la mañana y las calles o el entorno, en sombra, poco a poco va descubriendo su atractivo

Así es como llegué a El Nido, de noche. Un pequeño pueblo del norte de Palawan, la joya de Filipinas (una de tantas). Ver una sola foto de su bahía de Bacuit es una trampa de la que no sales hasta que no tienes frente a ti alguna de sus 2000 islas. Me despierto y esta vez es diferente. Esta vez llueve y mientras espero a que deje de hacerlo dedico tiempo a escribir algunas historias. No para de llover en toda la mañana y ya empiezan a quemare los pies en la barra del bar del hostal. Es justo cuando llega Dany, con su excelente inglés de Oxford: Doyoufancykayaking? - WTF is he talking about??? Supongo que la respuesta es decir: ¡oh yeah! y sonreír. Así que a los 20 minutos me encuentro remando junto con una australiana, Beth, en un kayak por las islas cercanas del puerto bajo una tormenta de película, mientras que el lo hace en otro con su novia Jeny. No sólo  remamos bajo la ocrtina de agua, también conseguimos ser los únicos visitantes de unas playas e islas que podrían representar el cielo en la tierra. ¡Maldito genio loco! Además el paseo en kayak me ofrece la oportunidad de ver la impresionante vista del poblado desde lo lejos por primera vez, unas pocas casas protegidas por unas altas colinas de caliza negruzca y vegetación. Eso sí, la próxima vez que volvamos a coger el kayak me lo pido de compañero, las paladas de la australiana hacían retroceder lo que yo conseguía avanzar de ese armatoste, y no me estoy refiriendo a Beth, sino al kayak. ¡Qué os veo venir!

El siguiente día también llueve, pero esta vez me animo, en un momento que escampa, a unirme a un grupo que va en moto a una playa, dicen que idílica y desconocida, Napcan. Pero creo que todos los turistas han tenido la misma idea o consejo y allí estamos. Por lo menos la última parte del recorrido, entre el barro y la lluvia, ha sido graciosa, supongo que mi madre no opina lo mismo. Mientras los demás aprovechan para comer yo me tumbo a descansar en la playa y termino haciendo castillos de arena con un par de niños que querían el aguinaldo por cantarme, eso sí, una canción preciosa. Lo mejor para ellos es jugar y les propongo que mi medio de pago será tiempo juntos jugando. Acceden sonriendo y nos dedicamos a construir mi primer castillo de arena en ¿20 años? No quedó tan mal.

No quería salir del hostal por la noche pero Adrián, el CEO de 25 años que conocí en Manila, me llama para que tomemos las cervezas de despedida. Razón suficiente para salir. Creo que tomamos las suficientes para ser los mejores amigos durante unas horas hasta que desapareció o puede que fuera yo el que desapareciera, pero despedirnos, no nos despedimos.

Al día siguiente sale el sol, bueno, digamos que no está lloviendo, y todos los extranjeros que estábamos esperando ese momento salimos a nuestro Island Hopping a ver las maravillas de la bahía, más allá de lo lejos que nos podían llevar los kayak, sobre todo si vas acompañado de Beth. Salimos desde El Nido decenas de embarcaciones, con sus pasajeros enfundandos en sus chalecos salvavidas naranja fosoforito como si fuera una batalla naval, y vemos el Small Lagoon y el Big Lagoon, desde luego una maravilla: enormes colinas de caliza plagadas de vegetación que se precipitan en vertical al mar creando esos lagoons de un profundo azul índigo ;) Algo espectacular que hay que compartir con decenas de personas. No quiero parecer snob y si yo estoy ahí es porque merece la pena y lo mismo han pensado otras tantas. Entre ellas el bueno de Danny que para la hora de comer en una de las playas tiene preparada su guitarra y un repertorio de canciones para entretenernos a todos en un entorno idílico perdido de la mano de díos y hacer de la tarde algo memorable.

Ya había visto suficiente. El Nido no podía ofrecerme nada más. Más allá de la bahía para mi no había nada más. El pequeño poblado se está transformando en otro punto de gran atracción turística y está creciendo de una manera loca, pero casi siempre son los occidentales los que crean las empresas y los que se llevan los beneficios, dejando a los habitantes de El Nido como meros empleados en su propio pueblo. Aunque he de reconocer que el hostal en el que me alojé, Bamboo Billabong, lo lleva un australiano, Rick, que se preocupa por cada huésped como si fuera su hijo y eso es lo que realmente busco en el alojamiento. Rick, además, es mi salvador, pero eso ya es otra historia, con alguna cerveza de por medio.

Vuelvo a repetir, entiendo que el mundo quiera ver estas maravillas y que todos los pueblos tiene derecho a desarrollar su economía según los activos de la zona. Pero creo que en breve se convertirá en algo parecido a Bali y eso atrae a mucha gente, pero no a mi. Decidí irme la mañana siguiente que me enteré que había un Pub Crawling para la juventud turística. Si un pueblo con 4 pubs tiene un pub crawling es que algo falla demasiado pronto, están perdiendo la autenticidad que busco. Id, id a ver esta parte increíble del mundo, a cualquier precio, pero que conste que os avisé. Quizás con más presupuesto podáis dormir en una de sus islas privadas y la experiencia sea T O T A L M E N T E diferente. Si es así, mejor dejad dicho a vuestros seres querido que os recuerden con cariño, porque no querréis volver.

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