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Sweet Home Guatemala My experience volunteering and reporting in Antigua -Guatemala.

Cross the rope

GUATEMALA | Thursday, 21 May 2009 | Views [963]

I have been going to bed early every night so I havn’t seen how is Antigua when it gets dark. I obtain a magazine for tourists with cultural panoramas and decide to see a movie at night. Before I will teach my classes as it has to be, I will speak about vertebrate and invertebrate animals and pre-hispanic cultures, I never thought I was going to end up teaching these things. The class ends and the children of the evening start saying goodbye, they know that tomorrow is my last day as a teacher, next week I will be visiting the community to help in the construction of a enviromentaly efficient stove in a house and of course, work on my documentary. A couple of girls write a message to me in the whiteboard. I take them a picture. Click. Smiles. "Good-bye Teacher Enrique ", "Good-bye, but I will come back tomorrow". The children are used to say goodbye to the teachers. The volunteers remain for unequal periods of time, some of them are here only a few weeks, while others pass months teaching the same kids. Some children ask me about their previous teachers, I didn’t met them, I don’t know what to answer, so I smile and speak to them about the contents and think that the same thing will happen to to the next volunteer that will come after me. Smile like in the picture. Click. And continue forward, but it is not easy to advance either for the kids and for the volunteers, at least it is not being easy for me, already I have a sensation of emptiness.

I will go away and mayby I will never know if what I did here meant something for them, probably I will never see their faces again, I will not know if they continued studying, if they turned into bricklayers or farmers as his fathers or if the girls married young as her mothers. If they will remember that strange class where a guy who speaks spanish told them about a long and thin country as chiles called the same way or this picture of the whiteboard, a piece of past that I steal from them to remember how the hope looks like.

A hope that scares me in its fragility. Probably in a couple of weeks while the children cross long distances with his dirty shoes of walking and playing or the girls with her flat sandals that make them drag their feets a bit, yes, probably while they go to  work in the field, or when already tired in the evening they go to school or while the girls carry over her heads the clothes to the community washer, probably then, and I hope that only probably, when I already do not exist in their lives, mayby I will not even exist in their imagination and it is possible that enclosed with the years I will becaome a blurry image, a diffuse voice, a message lost between adult worries that I wish do not come before time. Click. I look at the picture. I calm down. I smile, everytime I have this sensation again already I know where to look for consolation.

In another Guatemala, which sometimes looks like another planet, I am going to see the movie. The place is called El Sitio, it is a cultural center constructed 16 years ago that presents different activities like concerts, theatrical plays, photographic exhibitions or movies of art cinema like the one I am going to see. The dark side of the heart 2, movie of the argentinian Eliseo Subiela, infested with visual metaphors tha tells the stroy of Oliveiro, a poet who looks for real love. Even when the movie contains certain artistic pretension that for moments tires, it connects with the spectators, I listen to noisy laughs from the chairs that surround me, including an english-speaker family who is sitting in front of me. Oliveiro is a nice guy, though he is lost, but he ends falling in love and always someone in love will achieve the empathy of others, more if the girl is a tightrope walker and tests his heart. Oliveiro must cross the tightrope to reach her. But it has to be done by both of them. The message is clear for all of us in the room when lights are on, we smile to each other, some spectators even share some nice words about the movie. We go out, each one takes its way.

Mine is in the night and in the slight rain and in the desire of eating something. I go into El Pollo Campero, a guatemalan royalty of fast food, which sandwichs instead of mustard have chili and black beans. While eating my sandwich I notice that all the restaurant personnel gather close to the inn and begin to sing, it is a mixture between an anthem and a martial shout: "Campero, campero you are the best /Helping Guatemala to be better ", then one of the workers will explain me to me that two times a day, early in the morning and late in the night, they sing this chicken song, to be imbued by the spirit of the restaurant. A spiritual experience of this magnitude exhausts anyone, so I better go away to sleep.

Spanish:

Cruzar la cuerda

He estado acostándome temprano todas las noches y no he podido ver cómo es Antigua cuando oscurece. Consigo una revista para turistas con panoramas culturales y opto por ir a ver una película en la noche. Antes haré mis clases como corresponde, hablaré de animales vertebrados e invertebrados y pueblos prehispánicos, nunca pensé que alguna vez iba a terminar enseñando esas cosas. Se acaba la clase y los niños de la tarde comienzan a despedirse, saben que mañana es mi último día como profesor, la próxima semana estaré visitando la comunidad para ayudar a construir una estufa medioambientalmente eficiente en una casa y claro, trabajando en mi documental. Dos niñas me escriben un mensaje de despedida en la pizarra. Les saco una foto. Click. Sonrisas. “Adiós Profe Enrique”, “Adiós, pero vuelvo mañana”. Los niños están acostumbrados a despedirse de sus profesores. Los voluntarios se quedan por periodos desiguales de tiempo, algunas pasan sólo unas cuántas semanas, mientras otros están meses con un mismo curso. Algunos niños me preguntan por sus profesores anteriores, no los conozco, no se qué responderles, les sonrío y les hablo de los contenidos y pienso que le ocurrirá lo mismo al voluntario que venga después que yo. Sonreír como en la foto. Click. Y seguir adelante, pero no es fácil llegar y avanzar para ellos ni para los voluntarios, al menos no está resultando fácil para mí, ya tengo una sensación de vacío. Me iré y no sabré si habrá válido la pena, quizás no vuelva a ver nunca más sus caras, no sabré si siguieron estudiando, si se convirtieron en albañiles o agricultores como sus padres o se casaron jóvenes como sus madres. Si se acordarán de esa clase extraña en las que un tipo que hablaba español les contó de un país largo y flaco como los chiles que se llama Chile o de esa foto junto a la pizarra, un pedazo de pasado que les robo para acordarme cómo se ve la esperanza. Una esperanza que a ratos me asusta con su fragilidad. Quizás en un par de semanas mientras los niños caminan largas distancias con sus zapatos entierrados de tanto andar y jugar o las niñas con sus sandalias planas que las hacen arrastrar un poco los pies, sí, quizás mientras van al trabajo en el campo, o cuando ya cansados en la tarde van a la escuela o mientras las pequeñas llevan sobre sus cabezas las ropas para el lavadero de la comunidad, quizás entonces y espero que sólo quizás, cuando yo ya no exista en sus vidas, quizás tampoco exista en su imaginación y puede que incluso con los años me convierta en una imagen borrosa, una voz difusa, un mensaje perdido entre preocupaciones adultas que ruego no se adelanten. Click. Miro la foto. Me calmo. Sonrío, siempre que tenga esta sensación ya sabré donde buscar consuelo. En otra Guatemala, que a veces parece otro planeta, voy a ver la película. El lugar se llama El Sitio, es un centro cultural construido hace 16 años que presenta diferentes actividades como conciertos, obras de teatro, exposiciones fotográficas o películas de cine arte como la que voy a ver. El lado oscuro del corazón 2, filme del argentino Eliseo Subiela, plagado de metáforas visuales sobre Oliveiro un poeta que busca el amor. Aún cuando la película contiene cierta pretensión artística que por momentos cansa, logra conectar con los espectadores, escucho risas estrepitosas desde las sillas que me rodean incluso de una familia angloparlante que está sentada frente a mí. Oliveiro cae bien, aunque sea un busca vidas, cómo no va a caer bien si se termina enamorando, siempre los enamorados logran la empatía de los demás, más si la chica se trata de una equilibrista que somete su corazón a prueba. Oliveiro debe cruzar la cuerda floja y llegar hasta ella. Pero el camino se hace de a dos. Y eso nos queda claro a todos cuando se prenden las luces, porque nos sonreímos, algunos espectadores incluso comparten alguna palabra amable sobre la película. Salimos por la puerta, cada uno toma su camino. El mío está en la noche y en la leve lluvia y en las ganas de comer algo. Entro a El Pollo Campero, la cadena de comida rápida guatemalteca, cuyos sandwichs en lugar de mostaza llevan chile y porotos negros. Mientras le doy una mascada al mío, noto que todos los empleados del restaurante se agrupan junto al mesón y comienzan a cantar, es una mezcla entre himno y grito marcial: “Campero, campero eres el mejor /Ayudando a Guatemala a ser mejor”, luego uno de los meseros me explicará que dos veces al día, temprano en la mañana y tarde en la noche, realizan este canto del pollo para imbuirse con el espíritu del restaurante. Una experiencia espiritual de esa magnitud agota a cualquiera, así que mejor me voy a dormir.

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