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    <title>Viajes de Sixto</title>
    <description>Viajes de Sixto</description>
    <link>https://journals.worldnomads.com/sixto/</link>
    <pubDate>Thu, 30 Apr 2026 15:14:15 GMT</pubDate>
    <generator>World Nomads Adventures</generator>
    <item>
      <title>Santiago de Chile, Valparaíso y Viña del Mar. Regreso desde Buenos Aires.</title>
      <description>

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Santiago de Chile era un punto prioritario en mi viaje. Era
una gran oportunidad para compartir unos días con Victor, que había vuelto a
Chile después de más de ocho años en Europa (España y Bélgica). Después del
tute que llevaba en el cuerpo, ya no me quedaba mucha gasolina para más
aventuras rupestres, así que el plan de visitar Santiago con Victor era lo
mejor que me podía pasar a estas alturas de viaje. Tuve la suerte de conocer y
compartir unos días también con su familia y disfrutar de su hospitalidad,
cercanía y cariño, una cuenta que difícilmente podré saldar con ellos. Después
del periodo del talibanato cultural de mi primera mitad del viaje, aquí en
Santiago anduve mucho más relajado y visité menos museos y lugares de interés
cultural de los que la ciudad merecía. Así que mi estancia transcurrió entre
paseos tranquilos por la ciudad y excursiones con Victor a algunos sitios de
los alrededores: el cañon del río Maipo, Valparaiso y Viña del Mar. Guardo muy
buenos recuerdos de esos días, recuerdos de olores y sabores como los de las
empanadillas con pebre de casa de la madre de Victor, del zumo de frutilla
natural (fresas), las tostadas de palta (aguacate) y los pisco-sours y piscolas
que nos arreamos al llegar a su casa todas las noches, del mote con huesillo
que entraba como un néctar de dioses en las calurosas tardes de Santiago. Y
muchas más cosas: un asado delicioso en un restaurante de carretera, el
concierto improvisado de un Silvio Rodriguez chileno en una picada de
Valparaiso después de contemplar el espectáculo de cientos de pelícanos cayendo
en picado sobre el mar en busca de pescado, de las fachadas de planchas
metalicas coloreadas que abundan en la ciudad… de los temblores sísmicos que me
despertaron casi todas las noches, y a los que los chilenos no dan apenas
importancia. Fue un lujo disfrutar de todas esas cosas en Chile y con Victor y
un broche de oro final para un viaje increíble. El viernes 21 de diciembre tomé
el vuelo Santiago-Buenos Aires para pasar mi última noche en el cono sur antes
de emprender el regreso a casa: por Navidad.&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Todavía quedaba una agradable sorpresa antes de cerrar el
viaje. En Mendoza, Ramón y Marta me hablaron de Jorge, el cura también primo de
mi abuela que vive en la capital argentina y al que quería conocer antes de
volver a Europa. Así que lo llamé un día antes de llegar a Buenos Aires y
quedamos en vernos cuando yo llegase. No solo fue vernos, sino que también me
alojó en su apartamento durante el día que pasé en Buenos Aires, me invitó a
comer el sábado de mi regreso en un restaurante español y me dio un motivo más
para que echase de menos ese rincón del planeta. La primera vez que nos vimos
fue frente al portal de su apartamento. El no me conocía, así que fui yo el que
lo reconocí inmediatamente a él por las fotos que había visto en Mendoza. Lo
primero que me dijo nada más vernos después de darme un efusivo abrazo fue:&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;_ Ché, pero esperaba que vinieras con tu esposa, o tu novia…&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;_ No, viajo sólo y no tengo pareja.&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;_ Este…, ¿No serás maricón?&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;_ No por ahora, pero nunca digas de esta agua no beberé.&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;El tiempo que estuve en Buenos Aires antes de tomar el avión
de vuelta a España fue tranquilo. Me hubiese gustado aprovechar para visitar
algún sitio que quedó pendiente de mi primer paso por la ciudad, pero no quise
forzar la máquina. De hecho, preferí dejar esas visitas para una próxima vez.
Que seguro que la habrá. Así que compré algunos recuerdos para la familia y
cené tranquilamente en un restaurante cerca del apartamento de Jorge disfrutando
de un bife de chorizo con ensalada y vino de Mendoza. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Era comienzo de verano en Buenos Aires cuando yo volvía para
España. Había pasado un mes y medio desde que partí y hubiese
pasado otro mes y medio más sin moverme de esas latitudes. Pero hay que saber
dar gracias por lo bueno que nos ha tocado vivir, poner a buen recaudo los recuerdos y no hacerle chantaje
emocional a las despedidas. Sólo una recomendación evidente: Si teneis oportunidad, viajad por estos paises. Los lugares son increibles, pero lo mejor sin duda son sus gentes.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" /&gt;</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/sixto/story/18129/Spain/Santiago-de-Chile-Valparaso-y-Via-del-Mar-Regreso-desde-Buenos-Aires</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Spain</category>
      <author>sixto</author>
      <comments>https://journals.worldnomads.com/sixto/story/18129/Spain/Santiago-de-Chile-Valparaso-y-Via-del-Mar-Regreso-desde-Buenos-Aires#comments</comments>
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      <pubDate>Tue, 22 Apr 2008 03:41:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>La Patagonia chilena</title>
      <description>

&lt;p class="MsoNormal"&gt;La mañana que llegué a Torres del Paine llovía mansa pero
constantemente. El cielo cubría por completo las montañas y la previsión
meteorológica anunciaba lluvias para dos días. Los veinte mochileros que
llegamos ese día no sabíamos qué hacer. Yo decidí agarrarme a la esperanza de
que el tiempo cambiara contra pronóstico (cosa posible en el impredecible clima
patagónico) y tras plantar la tienda en el camping comencé a caminar bajo la
lluvia. Se necesitaba unas tres horas y media en salvar los 1000 metros de desnivel
para atravesar el valle del río Paine y llegar hasta el mirador de las Torres.
La lluvia no cedió durante todo el ascenso y llegué al mirador completamente
empapado. Supliqué un milagro para que el cielo se abriera y comenzó a nevar.
Los incautos que estábamos allí arriba nos mirábamos con cara de desolación. No
había motivo para seguir allí arriba ni un minuto más. Así que nos dimos la
vuelta resignados. Sólo quedaba esperar que el tiempo mejorase para el día
siguiente. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Paró de llover cuando ya estaba llegando al camping a las
siete de la tarde. Así que tendí la ropa en un árbol, me di una ducha (mala
suerte, no había agua caliente) y me metí en el saco de dormir a descansar un
poco. La verdad es que no tenía otra opción, no llevaba más ropa que la que
colgaba del árbol aparte de una muda de recambio y una camiseta térmica de
invierno. Pero la misericordia de Yavhé no tiene límites y al poco tiempo de
dormitar en el saco oí el ruido de un hacha que partía leña y el crepitar de
una hoguera. Una familia chilena (Johny, Angélica y su hijo John) que había
corrido mi misma suerte secaba su ropa con el fuego. Me acerqué y sequé mi ropa
junto a ellos. Conversamos un rato y me invitaron a compartir su cena, mucho
más apetecible que el pan con salami que yo tenía previsto. La verdad es que
nos reímos mucho. Yo me destornillaba de risa oyendo la retahíla de expresiones
chilenas que utilizaban (para ellos estar borracho es “estar arriba de la
pelota”, pasarlo bien es “pasarlo chancho”, estar loco es “estar peinando la
muñeca” etc…). Decían que todos los españoles se llamaban Javier y desde ese
momento quedé bautizado para el resto del tiempo que compartimos. Hacía tiempo
que no me reía tanto. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Al día siguiente, el despertador sonó a las 7:00h. Asomé la
cabeza fuera de la tienda y miré al cielo. Despejado !!!! Johny ya estaba
preparándose cuando salí de la tienda y tras un frugal desayuno comenzamos el
ascenso. Que diferencia con respecto al día anterior !!! En cuanto ganamos un
poco de altura, el valle del río Paine ofrecía panorámicas espectaculares. Además,
pude disfrutar de una lección magistral de flora y fauna patagónica a cargo de
Johny. No había bicho ni planta viviente del que no conociese el nombre, forma de
vida, costumbres etc... &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Durante el ascenso, el cielo volvió a cubrirse de nubes,
pero cuando llegamos al mirador pudimos contemplar el paisaje con un cielo casi
despejado. Las Torres del Paine son tres majestuosos cerros graníticos que se
elevan verticalmente más de 1000
 m sobre el nivel del mirador en el que nos
encontrábamos. Es como beber de una botella de orujo frente al Naranjo de Bulnes
y no parar hasta tener visión triple. Mucha gente sube a primera hora para ver
amanecer desde el mirador de las torres. El primer rayo de luz de la mañana
pinta las torres de unos tonos dorados celestiales. Yo no pude verlo con mis
propios ojos, pero la gente que subió esa mañana para ver el espectáculo no
volvió defraudada. Nos quedamos poco menos de una hora en el mirador haciendo
fotos y viendo pasar las nubes entre las torres. La bajada fue relajada y
tuvimos la suerte de ver una buena colección de aves. La estampa más tierna la
protagonizó una familia de patos (mamá pato, papá pato y los tres patitos) que
nadaban río abajo buscando comida entre las rocas de la orilla. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Por la tarde fuimos a dar una vuelta en coche para ver las
cataratas del río Paine. En el camino, paramos en la Hostería las Torres y
Juan y Angélica anduvieron un buen rato charlando con el gerente, amigo íntimo
de su hijo mayor. Salieron de allí con una tira de asado que me hizo segregar
jugos gástricos como si fuera el perro de Paulov. Después de ver las cataratas,
volvimos al parque y tomamos unos pisco-sours en el bar del Albergue “Las
Torres”, un exclusivo alojamiento, bar, restaurante con precios que rozan la
delincuencia. En general, lo de los precios en Torres del Paine es una locura,
pero según los propios chilenos, es la única manera de preservar el entorno de
las agresiones que supondría un turismo de masas en la zona. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Por la noche, Juan preparó un buen fuego de leña y cuando
las brasas estuvieron listas, el protagonismo de toda la velada cayó sobre la
tira de asado que crepitaba y sudaba sobre la parrilla emanando olores tan
enloquecedores como el canto de las sirenas de Ulises. Esto es una cursilería
pero comerte una tira de asado bien hecha bajo un cielo estrellado después de
llevar casi una semana machacando el cuerpo de caminata en caminata por el
monte es como tocar el paraíso. O sin el como.&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Al día siguiente, nos levantamos temprano. En principio
habíamos quedado en ir hasta el embarcadero del lago Pehoé en coche, tomar el
catamarán hasta el camping y recorrer el resto de la “W” en un par de días.
Pero la familia Sánchez no me acompañaría más allá del embarcadero. Decidieron
seguir rumbo sur hacia el lago Serrano y dedicarse a la pesca un par de días
antes de volver hacia Punta Arenas, su ciudad. Fue una despedida sentida.
Prometimos escribirnos, enviarnos las fotografías, música y no perder el
contacto. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Las aguas del lago Pehoé tienen un color azul esmeralda como
el de las postales de las playas del Caribe. Yo había visto fotografías del
lago con los Cuernos del Paine al fondo y creía que estaban coloreadas
digitalmente. Pero no. Y los treinta minutos que dura la travesía hasta el
camping, uno no sabe si mirar al agua o a las montañas, o al cielo, o a ese
punto cada vez más pequeño que es el embarcadero en el que vi por última vez a
John, Angélica y Johny, con el consiguiente riesgo de caer al lago de un golpe
de viento patagónico. En semejante estado catatónico no es extraño que perdiese
la gorra tras un golpe de viento.&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Llegué al camping, monté mi tienda y preparé la mochila de
ataque para subir el valle francés. Pensé que me llevaría apenas unas tres
horas llegar al final del sendero, pero fueron casi cinco horas y luego había
que volver. El día era agradable y el paisaje espectacular, durante la subida
se remonta un río, que nace de la lengua de un glaciar cuyo nombre olvidé. Más
arriba una impresionante línea de cumbres que se extienden en dirección
oeste-este. Cuando uno camina en solitario, el silencio solo se quiebra por los
rugidos del glaciar y las constantes avalanchas de nieve. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Llegué al camping apurando el crepúsculo con una incipiente
tortícolis porque no podía dejar de mirar en dirección a los cuernos del Paine,
que quedaban a mis espaldas durante el regreso. No había tiempo ni energías más
que para una ducha, una cena fría y caer como un bendito a las 10 de la noche
mientras se desarrollaba una pequeña e indiscreta orgia en las dos tiendas que
tenía al lado. Beatus ille.&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;El sábado 15 de diciembre fue un día largo que comenzó a las
6 de la mañana. A las 7 ya estaba caminando en dirección al glaciar Grey,
último tramo de mi menguada “W”. Tardé un par de horas en cruzarme con los
primeros excursionistas. No había mucha gente caminando ese día. El trayecto
hacia el glaciar era bastante quebrado con constantes subidas y bajadas que
auguraban un regreso penoso. Sin embargo la primera vista del lago Grey con sus
témpanos de hielo azulado flotantes anima hasta al más escéptico para llegar
hasta el punto más cercano desde el que se puede avistar el frente del glaciar.
No estoy muy seguro de las dimensiones del glaciar, que al igual que el Perito
Moreno desciende desde el Campo de Hielo Patagónico Sur, pero a pesar de que el
día estaba totalmente nublado, hacía frío y soplaba un viento gélido, estuve
contemplando esa mole de hielo durante casi una hora antes de darme la vuelta
hasta el camping. A las dos de la tarde ya estaba en la tienda y tenía hasta
las seis de la tarde para tomar el catamarán de vuelta hasta el embarcadero,
donde un bus nos llevaría de vuelta hasta Puerto Natales.&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Una tarde sin pena ni gloria azotada por un
viento implacable, en la que no hice absolutamente nada. Refugiarme del frío y
observar a la gente que llegaba al camping, unos con equipos de montaña del
todo a cien, otros que llevaban hasta la cantimplora Rolex !! &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;A las nueve de la noche estábamos de vuelta en Puerto
Natales, y sólo tenía que conectarme a Internet para comprobar que todo estaba
en regla con mi billete de avión Punta Arenas – Santiago y reservar una plaza
en un bus para estar en el aeropuerto antes de la una del mediodía. Parecía pan
comido, pero todas las compañías de bus ya estaban cerradas cuando quise sacar
el billete y varias personas me aconsejaron que tomara el primer bus a las
siete de la mañana porque probablemente no encontrase plaza en ningún otro.
Tuve suerte y encontré una plaza libre en uno de los buses. Peor suerte corrió
Steven, un simpático alemán que había vivido en Pamplona tres años trabajando
para la Volkswagen
y que no encontró plaza en ningún bus hacia Ushuaia, su próximo destino, en los
siguientes cuatro días. Era la una de la madrugada cuando mis huesos
encontraron finalmente reposo en una cama del albergue Kaweshkar. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/sixto/story/17955/Spain/La-Patagonia-chilena</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Spain</category>
      <author>sixto</author>
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      <pubDate>Fri, 18 Apr 2008 05:22:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>La Patagonia argentina</title>
      <description>

&lt;p class="MsoNormal"&gt;La mañana del día 7 de diciembre volé desde Bariloche hasta
El Calafate en un avión de la compañía LADE. Todos los pasajeros del vuelo que
subíamos al avión en Bariloche éramos mochileros canadienses, franceses,
belgas, israelíes y españoles. El otro chico español que tomaba el vuelo era
Ricky, un técnico forestal madrileño. Enseguida hicimos buenas migas y
anduvimos un par de días juntos. Durante el vuelo, íbamos tratando de
identificar los lagos y montañas que veíamos comparando con los mapas de la
guía de viajes. El objetivo principal era identificar los glaciares del Parque
Nacional de los Glaciares, pero todos quedaban al oeste de nuestra ruta y no
vimos ninguno. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Llegamos a El Calafate en un taxi desde el aeropuerto. Como
todos sus habitantes, el taxista no era de la zona. Era un porteño que había
venido a la ciudad pocos años atrás con las buenas expectativas del boom
turístico de la región. De hecho, el aeropuerto de El Calafate existe solamente
desde el año 2000 y los accesos por carretera son todavía bastante deficientes.
El trayecto desde Bariloche se cubre en bus en 36 horas por pistas sin asfaltar
!!! &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;En cuanto bajamos del taxi buscamos un alojamiento económico
y dimos un paseo por la ciudad. En menos de una hora yo ya tenía mi veredicto:
El Calafate es todo lo feo que puede llegar a ser un pueblo. Los edificios se
esparcen sin una mínima planificación urbanística y toda la actividad
profesional gira entorno al turismo: principalmente hoteles, cafeterías,
restaurantes, tiendas de recuerdos, agencias de viajes, locutorios de telefonía
e internet y estudios de fotografía. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Pasamos la tarde programando la visita al Perito Moreno para
la mañana siguiente, visitamos una reserva de aves a las afueras de la ciudad
(la única atracción cultural de El Calafate) e hicimos una pequeña compra en un
supermercado para cenar en el albergue. En cuanto llegamos al albergue fuimos a
la cocina a empezar a preparar la cena. Un grupo de cinco chicos israelíes
tenía ocupados todos los fogones, cacerolas, sartenes y platos de la cocina y
estuvieron cocinando casi dos horas sin liberar un solo fogón. A Ricky le
hervía la sangre de ver la actitud tan poco solidaria con el resto de personas
que querían utilizar la cocina. Una cola de gente esperaba pacientemente sin
hacer ningún comentario. Yo pensé que estarían cocinando para un grupo de 20 personas
por la cantidad de comida que preparaban, pero cuando los vi sentados en la
mesa nadie más los acompañaba. Dijeron que era un día especial del calendario
judío. Le pidieron el mechero a Ricky para encender unas velas ceremoniales. El
dudó entre el lanzallamas o el encendedor pero finalmente les prestó sonriente
su mechero. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Coincidimos en la cocina con Oriol, un chico de Barcelona
que apareció con unos raviolis frescos y un bote de salsa boloñesa. Hubiese
tardado 5 minutos en preparar su comida y sentarse a la mesa, pero estuvo
esperando más de una hora con nosotros a que se despejase la zona. Por lo menos
echamos unas risas. Oriol se tomaba con humor la invasión hebrea y al final
Ricky preparó pasta para los tres que regamos con un buen vino de Mendoza. Vino
que bebimos a morro porque no había vasos en la cocina. Nos acostamos tarde
después de un apasionante debate sobre el estado de la nación entre un
madrileño, un catalán y un murciano reconvertido para la ocasión en
pseudo-vasco. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Nos levantamos temprano por la mañana para pillar el autobús
al glacial Perito Moreno. Había olvidado la noche anterior mi navaja en la
cocina y cuando fui a buscarla ya no estaba allí. También mis tapones para los
oídos habían desaparecido. Probablemente un compañero de litera los encontró en
el suelo y los tiró por error a la basura. No fue un buen comienzo de día. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;El glacial Perito Moreno nace en el campo de hielo
patagónico sur y muere en el lago Argentino. La pared de hielo de su frente
tiene 6 kilómetros
de anchura y 60 metros
de altura sobre el nivel del agua del lago. Es uno de los pocos glaciares del
mundo en el que no se han observado episodios de retroceso y cada día avanza
aproximadamente 2 metros,
aunque pierde una masa de hielo equivalente. Debido a su constante avance, el
glacial se une con una península de tierra formando un embalse artificial en el
lago. El continuo deshielo del frente hace que el nivel del agua en el lago
aumente, y el nivel de agua del Brazo Rico del lago puede crecer hasta 30 m. Esto hace que la presión
del agua sobre el tapón de hielo aumente. Y periódicamente, este tapón rompe
por la presión del agua provocando uno de los espectáculos naturales más bellos
del planeta. La próxima ruptura está prevista para el mes de marzo de 2008. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;El autobús hasta el glacial Perito Moreno tardó una hora y
cuarto. A pocos kilómetros de la llegada a los miradores ya se podía ver el
gigante de hielo. Era una mañana fría y estar casi tres horas delante de un
inmenso frigorífico de miles de toneladas de hielo no parecía a priori la mejor
opción. En cuanto bajamos del autobús y nos dirigimos a los miradores se
escuchó el primer estruendo. Un fuerte estallido provocado por el
desprendimiento de un bloque del frente del glaciar que nos dejó a todos
estremecidos. Yo no pude ver el desprendimiento, pero me impresionó lo mismo. A
partir de ese momento, todos los visitantes estuvimos en silencio admirando los
tonos azulados del hielo, escuchando sus constantes crujidos y tratando de
capturar con la cámara de fotos el desprendimiento de los bloques del frente y
las enormes olas que se formaban en el lago. No hay palabras para expresar lo
que se siente delante de ese espectáculo de imagen y sonido. De verdad que no
las hay.&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Fue durante la vuelta en el autobús cuando volví a ser
consciente de mi cuerpo y me dí cuenta del frío que había chupado. Por suerte,
no hubo represalias víricas ni asomo de catarro los días siguientes.&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Por la tarde tomamos el autobús hasta El Chaltén, un
emplazamiento fuente de conflictos fronterizos entre Argentina y Chile que se
encuentra unos doscientos kilómetros al norte de El Calafate. Reservé una cama
en el único albergue donde quedaba sitio libre. Llegué allí a las once de la
noche después de caminar unos 500 metros desde la parada del bus entre lluvia
y un viento infernal. Ricky, que pensaba dormir en su tienda de campaña se
acercó conmigo al albergue por si quedaba alguna cama libre. Tuvo suerte y
pilló la última litera disponible. El lugar no era nada lujoso, pero el
ambiente era muy bueno y me quedé allí tres noches. Eso daba para dos
excursiones de día para ver los impresionantes montes de la zona: los cerros
Torre y Fitz Roy. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;El primer día salí temprano y me acerqué hasta la laguna
Torre, mirador privilegiado del cerro Torre. El camino hasta llegar allí
atravesaba bosques de ñires y lengas y durante buena parte del trayecto se
escuchaba el paciente trabajo de los pájaros carpinteros patagónicos picando la
madera de los troncos de lenga. Pude ver varias parejas de carpinteros. Se dejaban
fotografiar mansamente sin ningún temor por los clicks de las cámaras. El cielo
estuvo cubierto de nubes toda la mañana y desde el mirador de la Laguna Torre no se veía ninguno
de los picos emblemáticos de la zona. Cuando saqué la cámara de fotos en la
laguna, HORROR !!!! Amputación de objetivo !!! La cirugía de urgencia de Buenos
Aires no había sido lo suficientemente buena y la bayoneta del objetivo volvió
a fallar. Por suerte, era posible hacer fotos, pero a partir de entonces llevaría
el cuerpo y el objetivo separados en dos bolsas. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Hice tiempo devorando un almuerzo a base de pan, salami,
frutos secos y chocolate, pero el día no despejaba. Al contrario, empezó a
llover con más fuerza y durante unos minutos estuvo granizando con saña. Así
que me di la vuelta y volví al pueblo lo más rápido que pude. Fue llegar abajo
y a los pocos minutos el cielo abrió y quedó un día precioso. Pero yo ya
llevaba 7 horas de caminata al cuerpo y no saqué fuerzas para volver a subir
una hora hasta el primer mirador del cerro Torre. Moraleja: en la Patagonia, al que
madruga, Dios no lo ayuda. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Pasé la tarde organizando la salida a mi siguiente destino
dos días mas tarde. Había decidido ir hasta la península Valdés para ver las
ballenas francas y compré un billete hasta Río Gallegos. Por la noche cené con
un grupo de españoles que subían hacia el noroeste, la zona de la que yo venía.
Ellos venían de Península Valdés y Ushuaia, así que intercambiamos información
sobre lugares de interés mutuo. Me dijeron que ya era tarde para ver ballenas
francas, aunque sólo las pingüineras de Punta Tombo y los lobos de mar de la
península bien merecían que uno se acercara hasta allí. Para dinamizar la
charla, teníamos enfrente una montaña de carne de la que no pudimos dar cuenta
totalmente. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;El segundo día salí también temprano hasta la Laguna de los Tres, una
caminata de 4 horas hasta el mirador del cerro Fitz Roy (también llamado
Chaltén). La subida era más dura que la del día anterior, pero el tiempo era
agradable y mi cuerpo respondió mejor al esfuerzo. Una vez arriba, el cerro
estaba cubierto de nubes que venían desde el campo de hielo patagónico sur y
pasaban veloces en dirección oeste-este. No es casualidad que en la lengua de
los mapuches Chaltén signifique montaña de humo (volcán). Esperé allí más de
tres horas hasta que el cerro se despejó totalmente durante apenas cinco
minutos. Pero fue impresionante. No sólo ver el cerro totalmente despejado,
sino toda la línea de agujas que lo rodean. Bordeando la laguna de Los Tres, me
acerqué a la Laguna Sucia,
otra impresionante laguna del color de la “leche glaciaria” que lo alimenta
constantemente. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Durante las tres horas que estuve allí arriba encontré a
Ricky que también había estado el día anterior y no pudo ver nada. También andaban
por allí unos madrileños que me hablaron iluminados sobre el parque Nacional de
las Torres del Paine. De hecho, me convencieron para que fuese a caminar unos
días allí. Así que al día siguiente tomé el primer bus hacia El Calafate,
cancelé mi billete hasta Rio Gallegos y saqué un billete hasta Puerto Natales
en Chile para la tarde. Consecuencia de las dos palizas de El Chaltén&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;junto con el madrugón de ese día, olvidé mi
anorak en el bus. Fueron minutos de pánico. Sin anorak, no podía ir a caminar a
Torres del Paine !! Corrí como un poseso hasta el bus pero ya no estaba en la
estación. Me acerqué a la taquilla de la compañía y pregunté si había aparecido
un anorak en el bus de El Chaltén. El señor no entendía que era un anorak y con
mis explicaciones dedujo que sería “una campera”. Yo no entendía que era “una
campera” y con el nerviosismo del momento entramos en una agitada conversación
de besugos. Pero hubo suerte y pude recuperar la prenda &lt;span&gt; &lt;/span&gt;reconciliándome con El Calafate, que fue el
sitio donde peores vibraciones tuve de todos los lugares que visité en
Argentina.&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Pasé el resto de la mañana tratando de reservar una cama en
Puerto Natales y organizar el transporte hasta Santiago de Chile donde
visitaría a Victor. Otro pequeño calvario. Hice la reserva del billete de avión
mediante Internet pero el pago había que hacerlo vía telefónica a un número que
no se podía marcar desde Argentina. Por suerte Victor estaba conectado a
Internet y el pudo hacer la gestión telefónicamente en pocos minutos. Esto
pasaba a sólo un cuarto de hora de que saliera el bus hasta Puerto Natales, así
que tuve que correr hasta la estación para no perderlo. No sería la última
carrera del día. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;Tras cuatro horas de bus atravesando el paisaje marciano del
sur la Patagonia,
trámites fronterizos incluidos, llegamos a Puerto Natales a las diez de la
noche. Quería salir por la mañana temprano hacia Torres del Paine pero todavía
tenía que comprar comida para cuatro días de travesía. Más carreras. Encontré
abiertas una frutería y una pequeña tienda de ultramarinos donde me aprovisioné
de pan, salami, frutos secos, chocolate y fruta. En el albergue pude alquilar
una tienda de campaña y un aislante. Fue más tarde de las dos de la madrugada
cuando tuve todo preparado para salir a las 7:30h hasta Torres del Paine. Una
increíble concatenación de afortunados sucesos hizo posible que pudiera estar
listo para caminar esa mañana tras un día de 18 horas de frenética actividad
logística. &lt;/p&gt;

&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/sixto/story/17954/Spain/La-Patagonia-argentina</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Spain</category>
      <author>sixto</author>
      <comments>https://journals.worldnomads.com/sixto/story/17954/Spain/La-Patagonia-argentina#comments</comments>
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      <pubDate>Fri, 18 Apr 2008 04:48:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>La región de los lagos</title>
      <description>&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;Muchas gracias de nuevo por todos vuestros comentarios y por seguir tragando esta paliza. Animo que ya queda menos !!!!&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;Desde Mendoza hasta San Martín de los Andes el bus tarda aproximadamente 19 horas. Nosotros necesitamos alguna más porque embarrancamos en una pista de tierra a apenas 50 km de la llegada y tuvimos que esperar más de 1 hora a que nos sacaran de allí las máquinas. &lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;La llegada a San Martín de los Andes fue un pequeño jarro de agua fría. Lo primero que tuve que hacer al bajar del bus fue buscar el anorak en lo más recóndito de mi mochila. Hacía frío y soplaba un viento bastante molesto. Además durante el trayecto hasta el albergue pude darme cuenta que San Martín poco tiene que ver con el resto de ciudades argentinas que hasta la fecha había visitado. Aquí todo recuerda a centroeuropa: la arquitectura alpina de las casas, el silencio de la vía pública, el respeto de los conductores por los pasos de cebra, las tiendas de artesanía y chocolates con nombres como Otto y Schmidt y por supuesto el entorno natural: lagos y montañas de empinadas laderas cubiertas de coníferas y cimas nevadas. San Martín se encuentra en la orilla del lago Lácar.&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;Este salto cultural me produjo una inicial decepción. Admiro la cultura centroeuropea, el civismo y el desarrollo económico e industrial de los pueblos germánicos, pero no esto lo que yo buscaba en este lugar del mundo. En cualquier caso, San Martín de los Andes es un destino turístico invernal, donde los argentinos de mayor poder adquisitivos van a disfrutar de las pistas de esquí de la zona y era previsible encontrar lo que pude ver allí. &lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;Sumado a la decepción de haber viajado a Suiza por un tunel del tiempo cultural, también fue en San Martín de los Andes cuando por primera vez fui consciente de que no iba a poder visitar todos los lugares que tenía previstos y la tarde de mi llegada la pasé tratando de buscar algún vuelo para bajar hasta El Calafate unos días más tarde (los buses turísticos tardan 2 días y no hay líneas regulares !!!). Encontré una buena oferta con LADE (la compañía aérea del ejército argentino) para volar el viernes 7/12 desde Bariloche hasta El Calafate, así que tenía cuatro días para explorar toda la región de los lagos (muy poco tiempo !!!)&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;La reconciliación con San Martín de los Andes llegaría al día siguiente. Tenía intención de viajar hasta Villa La Angostura por la ruta de los siete lagos y compré un billete para las 16:00h. Por la mañana tenía tiempo para hacer una corta travesía en barco por el lago Lácar hasta Quila-Quina, una reserva mapuche explotada turísticamente enclavada en una península con unas bonitas vistas al lago y una flora impresionante. El lugar desde luego merecía la pena y aunque apenas tuve 1 hora para caminar entre los bosques de robles junto al lago tiré casi medio carrete de fotos.&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;A la vuelta en barco hasta el puerto de San Martín estuve hablando con un grupo de turistas porteños. Varios de ellos eran españoles de nacimiento: uno de un pueblecito cerca de Huercal Overa en Almería, otro de Castro (Cantabria) y una señora de Ataun en Guipúzcoa. Estuvimos hablando toda la travesía, con fotografía de recuerdo incluida.&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;La ruta de los siete lagos transcurre a lo largo de la carretera nacional 234 y bordea los lagos Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso, Espejo y Nahuel Huapi. El paisaje es idílico pero el autobús va demasiado deprisa para que uno pueda admirarlo como es debido. Además buena parte del trazado de la vía estaba en obras y los vehículos levantaban cortinas de polvo que no ayudaban a contemplarlo en las mejores condiciones. En cualquier caso, el viaje merece la pena. &lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;Villa La Angostura es otro de los enclaves turísticos privilegiados de la región de los lagos. Está situada a la orilla noroeste de lago Nahuel Huapi y muy cerca de la estación de esquí de Cerro Bayo. El centro urbano está plagado de exclusivas tiendas de deporte, chocolaterías y restaurantes. Pero incomprensiblemente para un destino tan exclusivo, la mayoría de las calles no están asfaltadas y uno camina por las veredas masticando polvo continuamente. Me acordé varias veces de esa canción de Queen: Another one bites the dust !!!&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;Pasé dos noches en el albergue La Angostura, un lugar tranquilo con un personal agradable y bueno para conocer y hablar con viajeros de otros sitios. Aquí conocí a Justin, un chico de Nueva York que estaba viajando durante un año por sudamérica y que llevaba una escayola en su brazo derecho. Le pregunté imaginando que habría tenido algún accidente en la montaña escalando algún pico, pero Justin no se anduvo con rodeos. “Discutí con un tipo y quise darle un puñetazo. Se apartó y me rompí la muñeca contra la pared”. Decidí no discutir con Justin por si las moscas. También estaba en mi dormitorio Laurent, un chico de Grenoble que también viajaba casi un año por sudamérica y que se defendía bastante bien en castellano. Había un chico más con el que no pude tener una conversación, pero que sin duda era un roncador profesional. Hubiera intercambiado con él algunas palabras sobre técnica y táctica del ronquido, pero desafortunadamente siempre llegaba cuando yo ya dormía por la noche y dormía cuando yo dejaba el albergue por la mañana. &lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;La excursión más provechosa de toda mi estancia en Villa La Angostura fue la visita al Parque Nacional de los Arrayanes. Al lugar se accede por la península de Quetrihué, un guante de tierra que penetra en el lago Nahuel Huapi. El bosque de arrayanes de piel canela se encuentra en el extremo de la peníunsula y hay que caminar unos 12 km hasta encontrarlo. Dicen que Walt Disney viajó al lugar en los años 30 y se inspiró en este bosque para crear Bambi. La verdad es que la flora y fauna de la península son impresionantes. Tengo especial buen recuerdo de un perro que encontré casi al inicio de mi paseo y que me acompaño los 12 km hasta llegar al bosque. Compartí (digamos que forzosamente) mi comida con él y cuando ya emprendía el camino de regreso me dejó por la primera turista que nos cruzamos. Creo que intuyó mejores viandas en su bolsa. &lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;Quería estar pronto en el pueblo para subir a un mirador que se encuentra a 4 km del centro en dirección opuesta al parque nacional de los arrayanes, pero cuando llegué al centro eran las 17:00h, llevaba 30 km de pateo a las costillas y no tenía intención de reventar ese día. Así que hice tiempo hasta la cena y compartí una mesa con Laurent con buffet libre de entradas. Allí probé la famosa trucha del lago Nahuel Huapi y Laurent un cordero patagónico. &lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;A la mañana siguiente salí en el bus de las 9:00h hasta Bariloche. En la estación de autobuses había hordas de mochileros sitiando el mostrador de información turística. No me quedé a esperar mi turno y tomé el primer autobús al centro donde yo era uno más de la plaga. Había reservado una cama en el Hostel El Gaucho, propiedad de Uwe y su mujer Ingrid. Uwe es un alemán que había viajado por todo el mundo y hace unos años decidió afincarse aquí. Después de visitar los alrededores de Bariloche pude comprender porqué lo hizo. &lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;A mi llegada a Bariloche no tenía idea de lo que se podía visitar en un día. De hecho pensaba sentarme a la orilla del lago y pasar la mañana mirando las nubes y dormitando después de la paliza que me di el día anterior. Pero Uwe me puso las pilas y me recomendó un par de sitios imprescindibles a las afueras de la ciudad: la subida al Cerro Campanario (una de las 10 vistas más espectaculares del mundo según la revista Nacional Geographic) y el paseo “Circuito Chico”. &lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;Así que tomé un bus de línea en dirección oeste hasta la base del cerro Campanario. Había dos opciones: subir en un cómodo teleférico o a pie por un sendero. Por supuesto, opté por el dolor. La subida era muy empinada y desde el primer minuto ya jadeaba como un lisiado. Suerte que sólo duró media hora el ascenso, porque no estaba el cuerpo para mucha samba. En cuanto llegué a la cima, coronada por una cafetería con vistas panorámicas, se me olvidó de repente todo el cansancio. Lo que uno ve desde allí arriba es simplemente alucinante. El cerro está rodeado 360 grados por lagos salpicados de pequeñas islas cubiertas de una vegetación que parece tropical y que recuerda a las montañas de formas imposibles del sur de China. A mayor altura aparecen cerros nevados que se recortan en ángulos agudos contra el cielo, que si el día es bueno, corona todo ese espectacular paisaje como una guinda fotográfica. &lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;Una vez hube disparado unas cuantas fotografías desde todos los ángulos posibles, me senté en la cafetería para continuar admirando el paisaje moviendo el bigote con un struddel y café con leche. &lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;Todavía quedaba día por delante y quería dar el paseo por el “Circuito Chico”. Así que tomé de nuevo el bus en dirección oeste hasta el hotel Llao Llao, según dicen el más lujoso de Sudamérica y por los precios que pude leer en mi guía Lonely Planet desde luego no era para todos los bolsillos (la suite sale por 3000 dólares la noche !!!). &lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font face="Times New Roman" size="3"&gt;No llevaba ninguna información del lugar y no tenía ni idea de por donde pasear en aquella zona, así que me pegué como una lapa a Michele, un italiano que venía a hacer lo mismo que yo, pero pertrechado con un buen mapa y mejor sentido de orientación. Dimos una vuelta de casi 20 km recorriendo bosques de pehuenes, abetos, lagos e incluso un cementerio de montañeros. Acabamos reventados de caminar después de 5 horas de paseo y casi una hora de espera para tomar del bus de vuelta. Cenamos juntos en un italiano del centro y nos despedimos entre bostezos. Estábamos molidos.&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;font size="3"&gt;&lt;font face="Times New Roman"&gt;Fue una pena no disponer de más tiempo para explorar la región y quedaron muchas cosas por hacer allí: subir algunas montañas, cruzar hasta Puerto Montt en Chile y visitar la isla de Chiloé, bajar a El Bolsón y conocer el Cajón del río Azul etc… Pero siempre hay que dejar algo para justificar el regreso, así que otra vez será. &lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/p&gt;</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/sixto/story/13416/Argentina/La-regin-de-los-lagos</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Argentina</category>
      <author>sixto</author>
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      <pubDate>Fri, 28 Dec 2007 23:32:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Mendoza. El descanso </title>
      <description>&lt;p&gt;Hijos del averno !!!!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Muchas gracias de nuevo por todos los comentarios. Sabia que el caramelito Helen iba a gustaros particularmente.     &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mendoza no ha sido solo una escala obligada para enlazar mi viaje por el noroeste argentino con la Patagonia. En esta ciudad vive buena parte de la familia materna que quedo a este lado del charco. Habia avisado de que vendria un par de dias para conocerlos y de tan bien que me he sentido me he quedado cuatro. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Llegue el miercoles 28/11 por la tarde. Me recibieron Ramon y Marta en su casa situada en un bonito barrio residencial cerca del centro. Marta es prima de mi abuela. Por alli tambien correteaban sus nietos Adriano y Santino y en cuanto me instale dimos una vuelta en coche hasta el parque Jose de San Martin, un inmenso espacio verde comparable al Retiro de Madrid que alberga varios clubs deportivos y sociales, un lago en el que se realizan regatas y la Universidad de Cuyo. Adriano y Santino dieron una vuelta en unos mini-cars para superar el estado de ansiedad que les produjo los 30 min. en coche sin poder moverse !!!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al día siguiente me dediqué a visitar un poco la ciudad. A pesar del calor sofocante que caía, pasear por Mendoza es muy agradable por el extenso arbolado que puebla sus calles. De hecho, si no fuese  por este arbolado, la vida en la ciudad sería un suplicio. La región de Mendoza es un extenso desierto donde sólo el 7% de la superficie está cultivado (con viñedos y olivos principalmente). El vino es por tanto la segunda actividad económica más importante de la zona, siendo la primera  el petróleo. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hice el típico recorrido de talibán: Plaza de la Independencia, Museo de José de San Martín, Catedral, calle Sarmiento, Museo de Arte Contemporáneo...    &lt;/p&gt;&lt;p&gt;De todas las ciudades argentinas que he visitado hasta la fecha, Mendoza es sin duda la que más me ha gustado. Es próspera, tiene muchos espacios verdes y los coches no circulan con la misma crisis de ansiedad que en las ciudades del noroeste.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Parte de la tarde la pasé tratando de apuntarme a alguna excursión de &amp;quot;Alta Montaña&amp;quot; para el día siguiente. Contraté los servicios de la Agencia Aramendi, propiedad de una familia de vascos emigrados hace dos generaciones. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La excursión resultó ser un viaje jubiletti en microbus hasta la frontera chilena con distintas paradas en lugares pintorescos e históricos. La subida a la coordillera es impresionante, aunque la fotografía del día fue sin duda ver la cara sur del Aconcagua con un cielo prácticamente despejado. Por lo demás el guía era bastante gracioso, nos hacía aplaudir cuando atravesábamos algún túnel y no paraba de hacer alusiones a las suegras !!!   &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa noche Ramón acompañaba a una cantante en casa. Fue un concierto homenaje a Maria Callas y el público era miembros de la Academia de las Ciencias y Artes de Mendoza, unas 10-12 personas. Y yo alli sirviendo canapes a la alta sociedad mendocina. Solo me faltaba la cofia, pero el concierto estuvo muy bien y merecio la pena estar ahi.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La vida social de Marta y Ramón es impresionante. Lo que a primera vista parece una simpática y apacible pareja de abuelitos es un torrente de actividad profesional, social y familiar. Ramón fue director de la escuela de música de Mendoza y sigue estudiando piano varias horas al día, acompaña a grupos, cantantes, etc... Marta es catedrática de historia del arte y aunque podría estar retirada pasa todas las mañanas en la universidad donde continua investigando y programando exposiciones de pintores mendocinos. Lejos de dedicar toda su vida social a los nietos y parentela, todas las noches tienen cenas y reuniones sociales. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;El sábado fue el día familiar. Comimos con los hijos y nietos con la consiguiente sesión fotográfica y cenamos en casa de Chiqui (hermana de Marta) y Matías con más sesiones fotográficas y documentos interesantísimos sobre la  familia de mi abuela y la biografía de Matías.  El domingo por la mañana, visita a una bodega Museo para conocer un poco del proceso y el mercado del vino mendocino.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Me dio pena no quedarme más días con todos ellos, pero cuatro días de gorroneo familiar es el máximo que admite la Torah. Así que el domingo por la tarde volví a empotrarme en un omnibus hasta San Martín de los Andes, unos 1000 km al sur de Mendoza. &lt;/p&gt;&lt;p /&gt;&lt;p&gt;         &lt;/p&gt;</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/sixto/story/12520/Argentina/Mendoza-El-descanso</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Argentina</category>
      <author>sixto</author>
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      <pubDate>Mon, 3 Dec 2007 21:54:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>02/12/2007 Salta y Jujuy </title>
      <description>&lt;p&gt;Otra vez me han pasado los días como suspiros y ya hace 10 días que no meto una línea en el diario. Así que esta paliza va a ser memorable !!!! Preparad la bilis !!!!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De nuevo muchas gracias por compartir vuestros comentarios. David, ya me hubiera gustado venir a mi en las condiciones que tu viniste a Argentina y no como un violador de museos de arte contemporaneo !!!! A partir de ahora disfrutaré más de la Quilmes, gracias Jairo !!!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A Salta la llaman &amp;quot;Salta la linda&amp;quot; y no es para menos. El jueves 22/11 después de una animada noche folklórica, me dediqué a explorar sus calles llenas de edificios coloniales, museos de historia, arqueología, arte... En cuanto a la historia, Salta ocupa al igual que Tucumán, un lugar privilegiado en el proceso de independencia de las provincias del Río de la Plata como queda patente en el museo de la ciudad (Casa Hernandez). Aquí también hubo episodios clave en la guerra civil argentina posterior a la independencia. Uno de los caudillos más destacados de la contienda, el general Güemes, fue herido de gravedad en la nalga y murió desangrado a los pocos días. La historia cuenta que a Güemes lo traicionaron los patricios de la región de Salta, una vez sufrieron confiscación de parte de sus bienes para sufragar la causa federalista. Estos comunicaron a sus enemigos su paradero secreto para que pudieran pillarlo desprevenido y así fue. Debe ser un poco humillante para un gran general morir de un disparo en el culo !!!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por otro de los museos que visité: el museo histórico del norte pasó un chico con una visita explicando que era descendiente de uno de los gobernadores de la provincia, creo que Dávalos. Cuando lo felicitamos por su origen noble, nos comentó que si remontamos unas cuantas generaciones atrás, un tatarabuelo suyo había sido primo de Felipe II y que su caso era un claro ejemplo de la degradación de la clase aristocrática !!! &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Otro museo muy interesante de Salta es el MAAM (Museo de Arqueología de Alta Montaña), un espacio que recoge los restos de arte pre-hispánico encontrados en distintos puntos de la coordillera andina en la provincia de Salta. Destaca las momias criogenizadas de 3 niños, cuyos enterramientos fueron encontrados a más de 6000 m !!!! Parece que en el periodo de dominación Inca, se realizaban estos enterramientos rituales de niños para pedir lluvias, buenas cosechas, etc... &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La mejor vista de la ciudad la pude observar subiendo al Cerro de San Bernardo con un teleférico en el que sonaba la música de Lito Vitale (Ese amigo del alma). Pero eso ocurrió al día siguiente antes de salir hacia Jujuy. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una de las cosas que llama la atención en Salta es la ley del tráfico. Parece que en una intersección, la prioridad la tiene el vehículo que circula a mayor velocidad. Por eso sorprende que no viera ningún accidente en todo el tiempo que estuve allí. Me fui con muy buen sabor de Salta. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Creo que fue por eso por lo que Jujuy me pareció tan sosa. Ya lo decía la guía Lonely Planet y no hubiera parado allí si no fuese porque parte de mi historia familiar tiene relación con la ciudad. El padre de mi abuela vivió en Argentina unos años y en esta ciudad montó el hotel &amp;quot;Ambos Mundos&amp;quot;. Por supuesto nadie a quien pregunté en la ciudad supo darme la menor pista sobre el particular, estamos hablando de hace más de 70 años y la parte de familia que quedó en Argentina está distribuida en Mendoza y Buenos Aires. Así que el día que llegué a Jujuy fue bastante relajado, me registré en el hostal &amp;quot;Chung King&amp;quot; (viva Txungo-Rey !!!) y salí a cenar a un restaurante del centro. Poco más.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al día siguiente tenía la mañana para pasear por Jujuy antes de salir para Tilcara, así que di una vuelta por el centro, que me pareció mucho más interesante que la noche anterior. Visité la infalible Plaza Belgrano, Catedral, Cabildo, Casa de Gobierno con sus esculturas de Lola Mora, el museo de arqueología y el museo de historia de Jujuy. Siempre trato de conseguir una visita guiada cuando visito museos, porque los guias suelen ser muy buenos y no hay un extra en el precio de la entrada. Particularmente en Jujuy, el museo de historia me lo enseñó una chica guapísima. Y claro, no paré de hacer preguntas, comentarios, a qué hora sales nena,... pero mi autobús salía a mediodía y ella tenía mejores planes. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por increible que parezca, también me quedé con la interesante historia del General Lavalle, otro de los caudillos de la causa federalista a quien dispararon en la casa que alberga este museo. A día de hoy nadie sabe a ciencia cierta si Lavalle se suicidó, lo mató un soldado de las fuerzas enemigas o su amante que lo acompañaba desde Salta. Hacía pocos días Lavalle había ordenado el fusilamiento del hermano de ella. Rosas (el presidente de Argentina de aquel momento) pedía la cabeza de Lavalle al más puro estilo Salomé y los partidarios de Lavalle partieron en dirección a Bolivia con su cuerpo para que no cayese en manos del ejército de Rosas. La peregrinación fue larga y a los días el cuerpo de Lavalle olía como el aliento de una hiena. Así que a la altura de Tilcara le arrancaron ojos, lengua y visceras (que es lo que más efluvios emana aparentemente) y condujeron el cuerpo hasta la ciudad de Potosí donde sus restos reposaron unos años. Luego pasaron a Chile (nadie sabe porqué) y hoy día se encuentran en Buenos Aires, creo. Ya no hay nadie que siga pidiendo su cabeza, pero en cualquier caso, poco le importaría a Lavalle a estas alturas de la película.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Haciendo tiempo para el bus a Tilcara entré en el teatro Bartolomé Mitre donde distintos grupos de adolescentes ensayan coreografías de danza del vientre etc... y bueno, pasé más tiempo del que tenía previsto dentro del teatro admirando su barroco, el terciopelo de sus butacas, la seda de las cortinas, su acústica, iluminación... pasaron unas cinco coreografías... y pena que había que ir yendo hacia la terminal de omnibus ! &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En cuanto uno sale de Jujuy (altitud 1200 m) empieza a subir por un gran valle fluvial hasta que comienza la Quebrada de Humahuaca. Esta formación geológica está catalogada como patrimonio de la humanidad por la Unesco y abarca más de 100 km de extensión. El colorido y la forma de las montañas desafían el sentido común y de alguna forma recuerdan esos cuadros de Dalí donde aparecen elefantes con patas de esbeltez imposible. Uno quiere llevarse en la cámara de fotografía hasta el último detalle del paisaje pero después de la conmoción inicial, se aprende a disfrutar de lo que capta la vista sin mayores pretensiones. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por recomendación de Eva Novillo decidí hacer base en el Hostel Malka de Tilcara y explorar el valle con excursiones radiales. Tilcara en sí es un pueblo encantador, no sólo por su privilegiado enclave en la Quebrada sino también por sus callejuelas atestadas de restaurantes con música en directo y mercados de artesanía. Los rasgos de la gente son fuertemente indígenas y ahora lamento no haber sacado fotos de personas. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La tarde que llegué tuve tiempo de visitar la antigua fortaleza (o Pukará) con la que los aborígenes se defendieron de los españoles y otros invasores siglos atrás. Es distinta a las ruinas de Quilmes aunque mantiene algunos elementos comunes como la parcelación del terreno mediante muros de piedra y almacenes en forma cilíndrica. Según iba cayendo el sol, los colores de las montañas que se veía iban cambiando a tonos cada vez más rojizos. Una maravilla. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Más tarde fui al pueblo a cenar en algún local de música en vivo. La primera elección no fue totalmente satisfactoria porque uno de los músicos no vino y después de esperar más de una hora suspendieron el espectáculo. Así fui a por la segunda opción que era un duo folkrórico del valle que a mi me recordaba a &amp;quot;Los Sabandeños&amp;quot;. La cena consistió en un bife de llama con ensalada, un trozo de carne correoso y seco que tuve que rumiar casi una hora para que aceptara llegar a mi estómago. Al final de la cena pensé que quizás fuese una estrategia comercial del establecimiento para que los comensales no se retiraran antes de que acabara el espectáculo. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fui pronto a la cama porque al día siguiente había que madrugar para visitar Purmamarca, un pueblo a 30 km, famoso por su Cerro de los Siete Colores, una maravilla más del paisaje de la Quebrada. También estaba la opción de ver las Salinas Grandes, a 80 km del pueblo, que se visitan en viaje compartido (o remise). En cuanto bajé del bus ya tenía cuatro o cinco ofertas para visitar las Salinas. Me decidí por el taxi de Anibal, en el que ya había tres personas y yo cerraría el grupo. El camino hasta las salinas empieza con una espectacular subida por la Cuesta de Lipán que lleva desde los casi 2000 m hasta un collado a los 4000 m de altitud para luego bajar a las salinas que se encuentran a 3500 m. No hace falta decir que el paisaje es en todo momento espectacular !!!! Conforme se asciende va cambiando la vegetación del terreno inicialmente conformada por cardones y matorrales. A partir de los 3000-3500 m aparece la famosa puna, ese semidesierto de pequeños matorrales que sirve de alimento a los guanacos y vicuñas que pueblan ese habitat. Cuando se llega a la cota máxima, comienza el descenso y a los pocos kilómetros aparece en el horizonte una planicie blanca como un mar de color imposible. Son las salinas. Una extensión de más de 80 km de largo y 25 km en su anchura máxima. Creo que las fotografías de allí se parecerían bastante a una llanura polaca en invierno, si no fuese por la estructura granular característica de las salinas. Además, Anibal nos hizo el viaje muy agradable a los cuatro pasajeros: Jessy, una argentina que acababa de regresar de España tras un año de estancia laboral y Juan y Nati, una pareja de Jujuy que sufrió inicialmente el mal de altura pero que enseguida se recuperó para unirse al coro de babosos. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Después de volver a Purmamarca de vuelta, recorrí un camino que rodeaba al pueblo por el Cerro de los 7 Colores. Hubiera caido dos carretes de diapositivas, pero la voluntad de la abstinencia fue más fuerte y creo que sólo tiré 25 fotos ! &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tenía intención también de visitar Maimará a la vuelta hacia Tilcara, un pueblo donde también hay una famosa montaña multicoloreada (La Paleta del Pintor), pero perdí el bus correspondiente y pasé un par de horas tirado en la plaza de Purmamarca, leyendo el libro que llevaba y esperando el siguiente bus. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así que cuando llegué a Tilcara de vuelta sólo había tiempo para una ducha y una cena. Encontré en el Hostel a Helen, una chica inglesa con la que ya había coincido en Salta y cenamos juntos (esta vez sin Los Sabandeños de fondo) en un restaurante del centro. Había sido un día largo y la cama me abrazó con mucha dulzura. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La próxima etapa del camino sería Iruya, un pueblecito situado a 3200 m de altitud del que había oido hablar mucho y bien a pocos kms de la frontera boliviana. Iruya se encuentra a 60 km al noroeste de Humahuaca, el pueblo que da nombre a la Quebrada. Sin embargo el bus tarda más de 3 horas en recorrer una pista de tierra que sube hasta un collado a los 4000 m y baja vertiginosamente por un empinado zig-zag hasta Iruya. Mucha gente hace el camino de ida y vuelta en el mismo día, parando apenas una hora en el pueblo. Aun así el viaje merece la pena. Yo hice noche en Iruya para tener la oportunidad de andar un poco por la montaña y visitar el pueblo de San Isidro en un paseo de cinco horas que hice al día siguiente. El paisaje vuelve a ser por supuesto espectacular en Iruya, que se encuentra colgada sobre una quebrada y rodeada de cerros de 4000-5000 m. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Coincidí con tres argentinos que trabajaban para el ministerio de asuntos sociales y que venían a traer material de primera necesidad para un remoto poblado a 6500 m de altitud !!!!! No sé si me dijeron la cifra correcta porque pregunté una y otra vez si podía ser cierto. Me aseguraron que sí, que en El Rodeo viven más de 150 familias que bajan a la ciudad una vez al año como máximo. Su empresa no sería fácil, la pista que conduce a El Rodeo llega hasta los 5500 m de altitud y desde allí había que transportar muebles, camas, etc... hasta los 6500 m !!!!!!! No me apunté como voluntario.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El alojamiento que encontré en Iruya fue básico pero estuve como un rey. Era un hostal en lo más alto del pueblo con cuatro habitaciones con literas y yo el único ocupante del día. la chica responsable del alojamiento era encantadora y trabajaba a destajo. El día que yo llegué no paró de lavar ropa a mano (los electrodomésticos no han llegado todavía masivamente a Iruya) en toda la mañana y por la tarde ayudaba a los albañiles que acometían la ampliación del establecimiento. Al mismo tiempo corría detrás de sus hijos que no paraban de hacer travesuras. Es en estos lugares donde uno relativiza sus quejas sobre la calidad de la vida que tiene.   &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dormí como un rey a 3200 m y madrugué para hacer el paseo hasta San Isidro y estar de vuelta antes de las 14:00h para volver a Humahuaca en el bus. Me llevó 3 horas llegar a San Isidro, un pueblo todavía más remoto de Iruya en el que no encontré prácticamente a nadie. El camino bajaba casi una hora por la quebrada de Iruya y viraba al norte por otra quebrada. Todo por un camino dificilmente transitable por vehiculos de motor. Me encontré varios paisanos en burro y otros a pie. Ah, y dos turistas mallorquinas que llevaban 2 meses viajando por Argentina.    &lt;/p&gt;&lt;p&gt;A la vuelta a Iruya había dos opciones. Una seguir hacia el norte hasta La Quiaca, que es el pueblo fronterizo con Bolivia, donde no hay nada atractivo, pero que está a 15 km de Yavi, un pueblo con mucho encanto que también me recomendaron efusivamente. La otra opción era bajar en dirección Mendoza y deshojé la margarita durante las 3 horas que duró el trayecto Iruya-Humahuaca.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La providencia dictó que saliese inmediatamente un bus hasta Jujuy cuando llegué a Humahuaca. Así que descarté la opción de La Quiaca (otra vez será) y subí al bus hacia Jujuy. El viaje hubiese durado dos horas si no fuese por el control de gendarmería que nos retuvo casi una hora. Lo peor no fue eso sino la peste que tuve que soportar del paisano que se sentaba a mi lado. Una peste ancestral, remota y de origen imposible de catalogar. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En Jujuy no había plazas en los buses hacia Mendoza pero sí en uno que bajaba hasta Tucumán. Me la jugué pensando que en Tucumán podría encontrar un bus dirección Mendoza hacia la medianoche. Una apuesta arriesgada pero que salió bien. A la 1:00h estaba en la estación de Tucumán y a las 2:00h montado en un bus hacia Mendoza. No quiero imaginar el dolor que hubiese sufrido si me hubiera quedado la noche tirado en la estación de Tucumán. A las 16:00h (más de 24h de bus en el cuerpo) del miércoles 28/11 llegué a Mendoza. &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/sixto/story/12449/Argentina/02-12-2007-Salta-y-Jujuy</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Argentina</category>
      <author>sixto</author>
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      <pubDate>Sat, 1 Dec 2007 12:33:00 GMT</pubDate>
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      <title>23/11/2007 De Tucumán a Salta</title>
      <description>&lt;p&gt;Lo primero muchas gracias por todos vuestros comentarios, la verdad es que animan a uno a seguir dando la paliza. Siento no poder colgar fotos en el diario pero sigo funcionando con carretes de diapositivas y no podre escanearlas hasta que llegue a España. Esto de ser un romántico no sólo tiene ventajas...                   &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tucumán tiene el honor de ser la ciudad cuna de la independencia argentina. Allí está la casa de la independencia, que en su día fue una vivienda privada en la que se reunieron congresistas de muchas de las provincias que hoy integran Argentina para proclamar la independencia de Argentina de la corona española y de toda potencia extranjera (andaban lon ingleses tratando de establecer un protectorado por aquí). Además de las connotaciones de orgullo patrio, la ciudad tiene un centro historico encantador, con su ayuntamiento, catedral, conventos franciscano y dominico que satisface las ansias de todo talibán del römánico. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por la noche asistí a un espectáculo de luces y sonido en la casa de la independencia que rememoraba los tiempos de la independencia. Aqui si que la cosa me pareció un poco empalagosa, demasiada poesía sobre cadenas rotas, vientos de libertad bla, bla, bla... Los argentinos aplaudieron emocionadísimos al final, con himno nacional y todo. Yo sólo pensaba en el bife de chorizo que me iba a ventilar en cuanto abrieran las puertas. Así fue.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De Tucumán a Salta hay un omnibus que cubre la distancia en 4 o 5 horas. A mi me llevó casi una semana. Decidí subir poco a poco por los valles calchaquís recorriendo parte de la famosa Ruta 40, la carretera que recorre el pais de norte a sur paralela a los Andes. Así que la primera etapa fue Tucumán-Tafí del Valle. En los 150 km de trayecto el paisaje cambia espectacularmente de campos de caña de azucar a selva subtropical (yunga) entre los 400 y los 1500 m de altitud. Hasta llegar a los 2000 m a los que se encuentra Tafi aparece un paisaje pre-andino de matorral y poco arbolado. Nada mas llegar al pueblo, uno tiene ganas de quedarse a vivir alli. Parece uno de esos pueblos de la Toscana con casas blancas esparcidas por el valle y las faldas de los montes con sus cipreses, los olores de los matorrales... Y como no habia prisa, me quedé dos dias por allí. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;El primer día lo inverti en visitar un convento jesuita (La Banda) y un museo de mitos y leyendas de las culturas andinas, uno de los dos únicos que hay en toda sudamérica (el otro está en la isla de Chiloé). El museo es privado y existe gracias al esfuerzo de Alejandro y Lucrecia, una pareja de argentinos que ha dedicado buena parte de su vida a rescatar de la tradición oral y recopilar los mitos y leyendas de las culturas pre-hispánicas en el noroeste argentino y Bolivia. Alejandro me va contando el significado de algunos símbolos, animales sagrados, costumbres etc... y lo hace mostrándome las esculturas y pinturas del museo que son obra de Lurcrecia. Suena de fondo una música tipo New Age que él ha compuesto y grabado con otros músicos argentinos. En definitiva, la visita me encanta y sobre todo me alegra conocer gente que vive tan en armonía con la naturaleza. Compré un disco suyo que espero llegue sano y salvo a España.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ese día me voy temprano a la cama. Al día siguiente quiero subir el Cerro Pelado, que está a 3200m y conviene hacer las 3h de subida antes de que el sol me perfore la cabeza. Así que a las 6:30h estoy en pie, desayuno algo rápido y salgo en la dirección del cerro. Al principio tardo en orientarme, pero la subida no tiene pérdida, nisiquiera para mí. De hecho es un &amp;quot;lomeo&amp;quot; infame de sube-y-baja que se haría aburrido si no fuese por el paisaje que se ve desde prácticamente el inicio. Hasta veo un cóndor volando (y defecando!) sobre los cerros, quizás deseando que ese montón de grasa ibérica que sube a trote cochinero por los pastizales sufra una lipotimia y sirva de almuerzo para la chiquillería.       &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una vez arriba del cerro, veo que el pueblo siguiente (El Mollar) está muy cerca y me acerco allí a comer. Pero desde la cima el descenso se intuye sencillo y en cuanto pierdo altura y perspectiva, la cosa se complica y acabo &amp;quot;barranqueando&amp;quot; casi dos horas para llegar al camino que llega al El Mollar con las canillas temblando del esfuerzo. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;El pueblo es famoso por unos menhires que se exhiben en un centrico parque. Pero cuando llego al centro, llevo casi 7 horas de paseo y mis ojos no ven más que el bar de la plaza. Devoro una torta de verduras como la rueda de un carro en un suspiro y más tranquilo voy a ver los menhires y me vuelvo andando a Tafí. El resto del día descanso para cargar pilas, meriendo-ceno con los chavales del albergue y me voy a la cama como un bendito.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquí en Tafí pude también comprobar lo bien que tratan los argentinos a los extranjeros. El primer día llegué a comer a un restaurante que estaba abarrotado. No había ninguna mesa disponible y el camarero me preguntó si me importaba sentarme en una mesa con cuatro personas que acababan de llegar. A ellos no les importó y me senté con ellos. La comida fue muy entrañable. Compartimos un asado con ensalada, me recomendaron mil sitios para mi viaje por Argentina, me dieron sus coordenadas para contactarlos si me surgía algún problema, en fín, que más se puede pedir.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La próxima escala en el viaje es Amaicha del Valle, un pequeño pueblo que queda cerca de las ruinas de Quilmes y donde me quedo un día. En la estación de autobuses de Tafí conozco a Ignacio, un sevillano de Dos Hermanas, comunista convencido que viaja por toda sudamerica hasta llegar a Cuba, paraiso del socialismo. Ya ha peregrinado por las distintas casas del Ché que hay en Argentina absorbiendo el espíritu revolucionario del mito. El viaje hasta Amaicha pasa rápido con la animada charla con Ignacio. Acepto la primera habitación que me ofrecen en la parada del autobus e Ignacio decide seguir camino hasta Cafayate. Yo acompaño a Raul Riquelme hasta su hospedaje, una entrañable casa de una planta con varias habitaciones para huespedes, cocina y un salon con televisión incluida. Los 15 pesos por noche incluyen habitación individual con báño privado y safari nocturno de cucarachas. Una ganga.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De vuelta a la plaza del pueblo encuentro a un artesano repujador de cuero que busca compañero para compartir un &amp;quot;remis&amp;quot; (taxi) hasta las ruinas de Quilmes. Durante el trayecto a las ruinas me cuenta como dejó Tucumán hace 7 años, después de que asaltaran su casa dos veces para ir a vivir a la tranquila Cayafate y cambiar de profesión (es matemático de formacion). El negocio de la marroquinería marcha estupendamente y su calidad de vida ha mejorado mucho, dice. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;El asentamiento de Quilmes fue en su día ocupado por 6000 diaguitas que opusieron ferrea resistencia a los españoles. Su situación estratégica en una montaña que domina todo el valle y el valor de sus guerreros mantuvieron ocupados durante 130 años a los españoles que no veían la forma de vencer a estos primos de Asterix. Al final, dicen que fue una tribu vecina (los Amaicha) la que traicionó a los Quilmes para que los españoles pudiesen doblegarlos. Las últimas 250 familas de Quilmes fueron llevadas a Buenos Aires como pseudo-esclavos años después y para cuando Argentina alcanzó la independencia en 1821 no quedaba ni uno vivo. Como testimonio de tan bravo pueblo queda el nombre de un barrio de Buenos Aires y la marca de la cerveza nacional argentina. Poco más. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En cualquier caso, las ruinas de Quilmes son espectaculares. Se puede ver la planta de las viviendas, los almacenes para el grano, el emplazamiento de la casa del cacique y todo ello dando un paseo por la montaña con unas vistas de todo el valle alucinantes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La verdad es que después de ver las ruinas de Quilmes, Amaicha del Valle tenía poco que ofrecer. Me recomendaron una cascada a 9 km en la que podría darme un baño disfrutando de un bonito entorno, pero la cascada estaba seca y además se cubrió el cielo en cuanto llegué al sitio y ya no apetecía bañarse. Luego visité el museo Pachamama, un museo de geología y antropología del valle, que recordaba al parque Guell de Barcelona pero con petrogrifos incaicos. Tenía material interesante pero se echaba en falta explicaciones y después de visitar el museo de Alejandro y Lucrecia, éste sabía a poco. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando dieron las 8 de la tarde tenía más hambre que un caimán en Cuaresma y todavía no había abierto ningún bar-restaurante. Así que cuando encendieron la primera bombilla del bar Apacheta me senté en una mesa y pedí lo que me pareció con mejor relación cantidad-precio. En estas apareció Adrian, un suizo que anda recorriendo Argentina durante un mes y que ha traido su parapente desde Suiza para tirarse desde todo risco aprovechable en Argentina. Me ofreció que lo acompañara en su coche alquilado hasta Cayafate-Cachi-Salta y aunque en principio dudé, terminé por acompañarlo. De hecho, de no haberlo hecho no hubiese podido conocer el tramo de la Ruta 40 desde Cayafate a Cachi, un trayecto de 150 km que se cubre en 5 horas por el estado de la vía. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así que al día siguiente salimos Adrian, Loic (otro suizo que estaba en Amaicha) y yo rumbo a Cayafate. El pueblo debe ser un encanto, con sus bodegas de vino, sus rutas de senderismo y su artesanía típica, pero paramos allí lo justo para devorar unas empanadas, beber una Quilmes y salir rumbo a Cachi. A la salida del pueblo paramos en una bodega (Vasija Secreta) y degustamos un Torrontés que no estaba mal. El tinto no era nada del otro mundo, pero por cortesía acabamos comprando una botella.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa tarde no llegaríamos hasta Cachi. Nos quedamos en un pueblecillo llamado Los Molinos después de babear toda la tarde con los tonos rojizos de los montes Calchaquís. Llegamos hasta el km 4500 de la Ruta 40 y pensé si seré capaz de llegar hasta el sur del pais, no queda n`a !!!! Allí nos quedamos en el camping municipal. Para la cena, coincidimos con otros dos suizos francofonos (como Adrian y Loic). La conversación saturó mis niveles de francés en sangre y decidí enfocar mi atención en el partido Argentina-Colombia que daban en la televisión del bar &amp;quot;Los tres Chinos&amp;quot;.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El día siguiente llegamos a Salta. Hicimos escala en Cachi, encantador pueblo que cierra el tramo de los valles calchaquís que recorrimos. Adrian aprovechó para comprar unas piezas de artesanía en una tienda cuyo propietario era descendiente de murcianos emigrantes. Que pequeño es el mundo !!!! &lt;/p&gt;&lt;p&gt;El camino de Cachi a Salta atraviesa el parque nacional de Los Cardones (tamién llamados cactus candelabro). La carretera que atraviesa el parque traza una recta de 20 km que ya existía en tiempos de los incas. Luego asciende hasta los 3000m y luego cae hasta los 1000m recorriendo la espectacular Cuesta del Obispo, otra maravilla del pais. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por la tarde llegamos a Salta, Adrian y Loic preferian alojarse en un Hostel y los acompañé. Ambiente anglosajon, alegría, alcohol y un asado al que no pudimos apuntarnos por lleno total. Fuimos a cenar al centro con Maite, una francesa de Burdeos que estaba en nuestro mismo dormitorio. Nos llevó a una peña tipica donde habia un espectaculo de cante y baile durante la cena. El sitio estaba muy bien y la cena fue muy agradable. El unico punto negro: los 20 pesos que tuvimos que abonar en concepto de descorche por la botella de tinto de Cafayate que abrimos clandestinamente.    &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Continuara...&lt;/p&gt;</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/sixto/story/12107/Argentina/23-11-2007-De-Tucumn-a-Salta</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Argentina</category>
      <author>sixto</author>
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      <pubDate>Fri, 23 Nov 2007 07:00:00 GMT</pubDate>
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      <title>16/11/2007 De Buenos Aires a Tucumán</title>
      <description>&lt;p&gt;Bueno, se suponía que esto iba a ser un diario de mi viaje por la Argentina y son ya 9 días que llevo por aqui sin escribir una línea. La verdad es que el tiempo vuela muy deprisa pero ya es hora de hacer un pequeño resumen.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Llegué la madrugada del día 8 de Noviembre a Buenos Aires y mis molidos huesos descansaron en el hostal &amp;quot;Che Lagarto&amp;quot; muy cerca del centro de la ciudad. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pasé unos cuatro días en la ciudad en los que mi cabeza estaba más ocupada tratando de decidir en qué dirección me iba a mover por el pais que en disfrutar de la ciudad misma. Después de mucha deliberación e indecisión decidí tirar hacia la zona de Misiones (donde están las cascadas de Iguazú) para seguir luego hacia el Noroeste Andino (Tucumán, Salta y Jujuy) y bajar luego hacia Mendoza y la Patagonia. Lo que aqui escribo como Patagonia en realidad será 1 mes de viaje, pero todavía no está decidido como será.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero estabamos en BsAs. El primer dia de visita, nada mas preparar la mochila con la camara de fotos y la guia de viaje olvidé cerrar la cremallera y la cámara sufrió un brutal golpe contra el suelo. El objetivo que quedó totalmente mutilado del cuerpo de la camara. Asi que mis primeros pasos por la ciudad fueron para buscar un tecnico que me sacara del apuro lo antes posible. Hubo suerte y al día siguiente la camara estuvo arreglada, pero pasé las de Cain. Cuando dejaba el hostal el ultimo dia para ir a la estación de autobuses, un asa de mi mochila hizo Craaaack !!!! y murió tras casi 20 años de fiel servicio. Por suerte un cirujano tapicero de Puerto Iguazú pudo devolverla a la vida al día siguiente con una tira de cuero y varios puntos de sutura. Así que tanto la entrada como la salida de la capital argentina pusieron un toque de emoción a esta aventura !!! &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por lo demás no le guardo rencor a BsAs. Me reconcilié con la ciudad en cuanto cayó el primer bife de chorizo con ensalada. Diosss, que manjar !!!! Pasee por todo el centro, calles Florida, Corrientes, Lavalle, Plaza de Mayo, luego la Boca, Puerto Madero, visité en plan talibán todas las iglesias y edificios oficiales que se pusieron a tiro (Cabildo, Catedral, Convento de Santo Domingo, Centro Cultural Borges etc...). Mucha historia, mucho arte y mucho orgullo patriotico. Sorprende ver lo orgullosos que están los argentinos de su historia viniendo de España, donde el recuerdo de una historia comun se tacha de fascismo a las primeras de cambio. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;De hecho una noche de camino al hostal por el barrio de San Telmo, me encontré un cartel &amp;quot;La reconquista&amp;quot; GRATIS y siguiendo el axioma de mi cuñao (Lo gratis aunque haga daño) entré a ver de qué se trataba. Era una representación teatral del episodio de la reconquista de la ciudad de BsAs a los ingleses en 1807 que la ocuparon durante 40 días. A la obra que estuvo muy entretenida le siguió una charla coloquio sobre la historia real del episodio y pude ver que todo el mundo allí estaba muy interesado en escarbar en su pasado histórico, en recuperar las raices de su identidad nacional y esas cosas que en España solo salen para general confrontación política (bendita casa de putas !).&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De Buenos Aires a Puerto Iguazú el omnibus tarda 18 horas que no son nada. Los autobuses argentinos son mejores que la Bussiness Class de Iberia y te tratan como si uno fuera el sultan de Brunei. Así que llegué a Puerto Iguazú fresco como una lechuga. Lechuga que no tardaría en ponerse a remojo en cuanto vió la piscina del Hostel Inn, un albergue de la asociación HI, lleno de gente de todos lados con buena disposición para el ocio, el alcohol y el sexo (un paraiso !) Pero lo más interesante allí con mucho son las famosas cataratas. Que espectaculo !!! Habia llovido mucho los días anteriores a mi llegada y nunca en mi vida habré visto algo que a primera vista me haya impresionado tanto !!!! Ver esas cataratas creo que me ha hecho mucho daño, porque ya nunca más miraré a los Chorros del Rio Mundo con los mismos ojos !!!! &lt;/p&gt;&lt;p&gt;De visita por las cataratas conocí a Bernard, secretario general del partido radical en un canton suizo cuyo nombre no recuerdo. Aparte de correr maratones por debajo de tres horas, hablaba castellano mejor que yo y decía haberlo aprendido en 6 meses. No tenía pinta de mentir y probablemente no lo hacía. Que cabron !!!! Esa noche cenamos juntos compartiendo mesa con una sueca y un australiano con los que compartí unos entrañables momentos en la aduana brasileña. Conectamos enseguida y me recordó mucho a Lagarto Joe por lo mucho que abundaba en los temas sobre homosexualidad y socialismo. Espero volver a encontrarmelo, porque sigue una ruta muy parecida a la mía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al día siguiente amaneció con una tormenta tropical que ni los mas viejos del lugar recordaban. Pensaba haber vuelto a las cataratas a seguir contemplando el espectaculo pero con ese panorama decidí ir hacia Posadas (6 horas al sur de Puerto Iguazú) para visitar de camino las ruinas jesuitas de San Ignacio Mini. Tal fue la que cayó por esos lares que media región de Misiones estaba totalmente paralizada, sin electricidad, con peligro de que cayeran arboles en las zonas de bosque y con las cosechas de melocotón (durazno) y uva perdidas sin remedio. Así que no se permitía el acceso a las ruinas de las misiones y pasé por el pueblo de San Ignacio lo justo para bajar del bus, ir a las ruinas, volver a esperar el siguiente bus a Posadas y salir de allí. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo poco que ví en San Ignacio no me gustó. Indígenas guaraníes que no gastaba rolex de oro precisamente pululaban por las calles con unas caras de tristeza que te llegaban al alma. Era más facil distinguir a la población local por la cantidad de suciedad de sus ropas que por los rasgos raciales propios. Salí lo más rapido que pude de ese sitio que otro tiempo fue una prospera reducción de 6000-8000 guaraníes. Mucha pena.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En Posadas estuve poco tiempo. Una noche y la mañana siguiente que ocupé en visitar el museo de ciencias naturales e historia de la región de Misiones. Pensaba también ir a la Costanera (o paseo Ribereño) para ver el río Paraná yu hacer algunas fotos del segundo río mas caudaloso de Sudamérica. Pero Daniel y Anibal (personal del museo) me secuestraron amigablemente toda la mañana contandome sobre la fauna y la historia de la región. Hablamos mucho también sobre España y Argentina, como iban las cosas, arreglamos un poco el mundo sin pasar por la fase etílica y de exaltación de la amistad como suele ocurrir en estos casos. Así que cuando pregunté la hora, tenía el tiempo justo para volver al hotel a por mi mochila e ir hacia la estación de autobuses. Daniel me llevó en su coche al centro e incluso me llevó a un par de librerías porque le pedí que me recomendara un libro sobre historia (todo un talibán, si señor).&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y hasta ahora poco más. Han pasado otras 18 horas para llegar hasta Tucumán, ciudad de Rafa #1 que tiene el honor de ser la ciudad en la que se celebró el primer congreso de lo que sería el primer gobierno independiente de Argentina. He encontrado alojamiento en el hostal La Vasca y creo que voy a ir a echarme un sieston en cuanto cierre este largo largo capitulo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hasta la proxima paliza. No falteis !!!&lt;/p&gt;&lt;p /&gt;&lt;p&gt;      &lt;/p&gt;&lt;p /&gt;&lt;p&gt;    &lt;/p&gt;</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/sixto/story/11769/Argentina/16-11-2007-De-Buenos-Aires-a-Tucumn</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Argentina</category>
      <author>sixto</author>
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      <pubDate>Sat, 17 Nov 2007 14:10:00 GMT</pubDate>
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