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    <title>Drawing Room Blues</title>
    <description>Drawing Room Blues</description>
    <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/</link>
    <pubDate>Wed, 22 Apr 2026 14:21:57 GMT</pubDate>
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    <item>
      <title>Capítulo 5: Bir çay, lütfen: The Palace of Exile</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;El siguiente
destino en mi tour pour el este de Turquía era Kars, una ciudad
cerca de la frontera con Armenia, y cuyo principal atractivo
turístico son las ruinas de Ani, una antigua ciudad que en su
momento de gloria fue la capital de un imperio y una de las más
importantes ciudades de la región.  A Kars llegué en la tarde, y
duré un rato tratando de ubicarme con mi guía por las calles de la
ciudad, hasta que decidí improvisar un poco y por pura suerte me
topé uno de los hoteles recomendados en la guía.  Entré y pregunté
por los precios, que me parecieron decentes, y de una vez me instalé
en el lugar.   Como ya iba siendo de noche, pues no hice gran cosa
más que ir a cenar.  Ya para este punto del viaje generalmente iba
por una cena barata, un dürüm o algo así como de unas cuatro o
seis libras, pero luego me daba un gusto y me iba a comer baklava de
postre, y justo esto hice.  Recuerdo que en el lugar de baklava el
niño que me atendió me preguntó que de dónde era, e hizo una cara
bien graciosa cuando le dije que era de Costa Rica, pero me atendió
bastante bien.  Luego del postre, me fui a comprar una cerveza en un
súper, para tomarme una birrita mientras descansaba antes de dormir
en el cuarto.  Me sentí como si estuviera comprando drogas cuando me
dieron la cerveza en una bolsa negra súper envuelta.  También ya
para esta altura del viaje se me había hecho más o menos un vicio
tomar jugo de melocotón, así que me compré uno también.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En fin, al día
siguiente había arreglado transporte para ir a Ani, así que luego
de desayunar de manera muy apresurada (me levanté muy tarde), me
metí en el bus con algunos otros turistas, y nos fuimos a Ani.  Al
llegar ahí me di un tour de unas tres horas por las ruinas, que
tenían un aire bastante... fantasmal, por ponerlo de alguna forma. 
La murallla y la entrada son bastante grandes y se conservan muy
bien, pero ya adentro cuesta un poco creer que en algún momento eso
fue una importante capital.  Habían edificios y ruinas bastante
hermosas, como una iglesia de estilo armenio, una catedral que luego
se convirtió en mezquita (como tantas otras en la región), y hasta
un castillo bastante grande en una colina, que, por desgracia, está
fuera del límite de lo que se le permite acceder a los turistas, y
que, por lo tanto, tuvimos que ver desde lejos.  Por ahí habían
otras ruinas, pero mucho menos conservadas, e incluso había un
templo dedicado a Zoroastro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego de completar
mi tour por las ruinas, volvimos a Kars, donde fui a almorzar (Kars
no era tan conservador como Erzurum, entonces no tuve tantos
problemas para encontrar un restaurante abierto), y luego me di un
paseo por la ciudad, vi varias mezquitas interesantes, y fui a otra
de esas citadels/castillos en una colina, donde tenía una vista
bastante bonita de la ciudad (por dicha, por que el camino de subida
era realmente pesado).  Ya en la noche salí nuevamente a la caza de
una cena barata, pero no descuidé mi dosis diaria de baklava, en el
mismo lugar de la noche anterior, donde me atendió el mismo niño y
su familia, aparentemente bastante contentos por recibirme de nuevo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para la mañana
siguiente ya sabía que tenía que levantarme temprano para irme a Doğubeyazıt.  No dejé de aprovechar el desayuno del hotel, y me fui
rápidamente a la parada.  No me di cuenta hasta luego, pero por
salir tan de prisa luego del desayuno, dejé perdido mi &lt;i&gt;chunche&lt;/i&gt;
para guindar la ropa lavada, una pérdida que  me dolió bastante,
pues de una manera bastante estúpida estaba bastante
contento/orgulloso de este pequeño accesorio.  Al menos sí llegué
a tiempo para tomar el bus a Iğdir, donde tenía que cambiar y tomar
otro minibús, esta vez sí a Doğubeyazıt.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A eso de mediodía
terminé en Doğubeyazıt, una de las ciudades más cercanas a la
frontera iraní, y donde la principal atracción turística es el
Monte Ararat, de importancia bíblica pues supuestamente fue ahí
donde terminó la arca de Noé.  Hubiera sido bonito poder escalar la
montaña más alta de Turquía, de unos 5000 metros y pico, pero para
hacerlo hubiera tenido que pedir un permiso que duran como dos meses
en otorgar, así que bueno, lo tuve que ver de lejos.  Luego de
asegurar mi hospedaje en la ciudad,  compré algunas cosas para
comer, y fui a buscar un dolmus para el , un palacio idílicamente
colocado en una colina a unos cinco kilómetros de la ciudad.  Era un
viernes, el día más sagrado del Islam (equivalente al domingo en el
cristianismo), y quizás por eso, o porque los taxistas querían
hacerme pagar un taxi hasta ahí, no pude encontrar el tal dolmus,
pero decidido a no pagar caprichos, me dirigí caminando hacia la
colina, total eran sólo cinco kilómetros, y la vista del monte
Ararat a mi izquierda hacia que la caminata fuera bastante agradable.
 Así caminé como 3 kilómetros, hasta que me di cuenta de la
pendiente que iba a tener que subir para llegar hasta arriba.  Sin
amedrentarme, empecé a caminar, pero topé con suerte y unos tipos
que conducían cerca ofrecieron &lt;i&gt;hacerme ride&lt;/i&gt;, y pues lerdo ni
perezoso, acepté.  Luego de unos diez minutos en el carro, los tipos
estos me dejaron en la puerta del palacio, y no aceptaron ni una sola
de las liras que les ofrecí.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Agradecido por el
gesto, pagué mi entrada y entré al palacio, que tenía un aire muy
&lt;i&gt;à la&lt;/i&gt; Las Mil y Una Noches, con una arquitectura
sobresaliente, y una vista muy llamativa de la ciudad y de las
montañas cercanas desde algunos de los cuartos.  Algunas paredes
tenían decoraciones talladas en piedra, con detalles muy hermosos. 
Estando dentro del castillo, un tipo me empezó a hablar en alemán,
y cuando contesté que no hablaba alemán, me respondió en inglés,
me preguntó que de dónde era, y luego pues me invitó a pasar a una
escuela de tejido de alfombras que administraba, para ver a las
muchachas tejiendo alfombras y tomar una taza de té.  Acepté la
propuesta, y luego de terminar mi visita al palacio caminé rumbo a
la ciudad, apreciando la vista de las montañas y del monte Ararat
mientras trataba de no lastimar demasiado mis rodillas, y haciendo
luego una desviación para visitar la escuela de alfombras.  Aunque
obviamente presentí que la invitación tenía más fines comerciales
que sociales, igual fui y vi el impresionante trabajo de unas cuatro
muchachas mientras tejían una alfombra que sería terminada en unos
dos años más, contando con el trabajo de las cuatro.  El
dueño/admiinistrador del lugar fue bastante persistente para que
comprara una alfombra, pero para su mala fortuna, pues conmigo &lt;i&gt;no
pegó&lt;/i&gt;, pues la verdad si con costos me permito lujos como
almorzar, mucho menos me iba a poner a comprar una alfombra.  Por
pura curiosidad pregunté el precio de la más grande y hermosa de
todas las que vi, y casi me voy de bruces cuando me dijo que valía
veinticinco mil dólares.  Convencido de que no iba a comprar nada,
finalmente el dueño se rindió y me ofreció mi taza de té, que
tomé en compañía de otros turcos, y de unos franceses que
curiosamente había visto en Kars, en mi tour por Ani.  Luego de
tomar mi té me fui a la ciudad, busqué qué comer por la noche, y
luego decidí que no había mucho más que ver en Doğubeyazıt, por lo
que decidí ir a la otogar la mañana siguiente y tomar un bus hacia
Van.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_4327.jpg"  alt="El monte Ararat a lo lejos." /&gt;&lt;/p&gt;
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      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/90500/Turkey/Captulo-5-Bir-ay-ltfen-The-Palace-of-Exile</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Turkey</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Sat, 29 Sep 2012 00:57:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 5: Bir çay, lütfen: Aquarium</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;A Trabzon llegué
muy temprano, luego de &lt;i&gt;descansar&lt;/i&gt; en la noche en el bus. 
Francamente esperaba no poder dormir un carajo, pero la verdad es que
después de luchar un poco por encontrar la posición ideal, pues
logré dormirme relativamente bien y pude descansar algo, lo
suficiente como para no tener que llegar de inmediato al hotel y
tener que desplomarme para compensar por el sueño perdido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el camino de
venida, conocí a Ella, una muchacha australiana que resultó ser la
única otra turista que se aventuraba conmigo más al este de
Capadocia (la gran mayoría de turismo extranjero de Turquía se
concentra en Istanbul y la costa mediterránea, y bueno, también en
Capadocia).  Con ella hablaba un poco en las paradas que se hacían
cada cierto tiempo para que la gente comiera y/o fuera al baño.  Por
cierto, tuvimos algunos minutos de estrés cuando nos bajamos del bus
para ir al baño, y al volver a la parada, no vimos a nuestro bus
donde se había quedado.  Afortunadamente un carajo turco que vio
nuestro desconcierto nos indicó que el bus se había movido a otro
lado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero bueno, ya en 
Trabzon, localizamos un minibus para ir al centro desde la &lt;i&gt;otogar&lt;/i&gt;,
y fuimos por un poco de desayuno mientras Ella trataba de localizar a
su host de CouchSurfing.  Yo, en parte por vagancia y en parte por
otras razones tontas, hasta el momento no había tratado de hacer
CouchSurfing en Turquía, pero al ver que Ella lo había hecho sin
mayores problemas, pues luego traté de empezar a buscar hosts, sin
mucho éxito hasta que volviera a Ankara.  Ella finalmente logró
ponerse de acuerdo con su anfitrión, y yo me fui a conseguir un
hotel.  Encontré uno decente a un precio no tan caro, y ese día la
verdad no hice gran cosa.  Aunque logré dormir algo en el bus, como
que igual estaba un poco cansado y no hice mucho en la tarde.  Ya
luego de que anocheciera, pues fui a buscar mi cena, y descubrí las
delicias de las &lt;i&gt;lokantas&lt;/i&gt;, que son restaurantes donde tienen
comida ya hecha que mantienen caliente en baños de María. 
Francamente la cena de esta noche fue una de las que más me gustó
en toda mi estadía en Turquía.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al día siguiente
me puse de acuerdo con Ella para ir a algunos puntos de interés de
la ciudad, como el museo Hagia Sophia, que es otra iglesia, sólo que
pues no tan imponente como su tocaya de Istanbul, y fuimos también a
la Atatürk Villa, que fue una casa que el pueblo de Trabzon le
regaló a Atatürk, y en la que Atatürk pasó sólo una noche, si
mal no recuerdo.  Por ahí también anduvimos cerca del puerto y
caminando sin mayor rumbo, conversando sobre bastantes temas.  Ella
había pasado unos 10 meses viviendo en Palestina, entonces hablamos
bastante sobre la situación de ellos y temas relacionados.  Ya más
entrada la tarde Ella se devolvió a la casa de su anfitrión y yo me
fui para mi hotel.  Luego salí a comer y según yo también iba a ir
por una birra, pero no contaba con que los bares estaban cerrados por
Ramadán.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para mi último día
en Trabzon, me fui con Ella y una pareja de alemanes, que también se
quedaban con el mismo anfitrión que Ella, al monasterio de Sümela,
un monasterio cerca de Trabzon que está como encajado en la montaña,
de una manera bastante impresionante.  Es curioso pensar que yo tenía
la idea de que Turquía era un país muy seco y con un montón de
desierto, pero el camino hasta este monasterio me hizo ver lo
equivocado que estaba, pues eran montañas completamente verdes, me
recordaron un poco a Costa Rica.  Fue una visita bastante
interesante, sólo por el hecho de ver que hayan podido construir
algo así de grande en semejante lugar, casi como encajado a la
fuerza en la montaña.  Si alguna vez termino hartándome de la
civilización final y definitivamente, me puedo imaginar viviendo en
lugar así.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego de la visita,
volvimos a Trabzon, donde yo volví a mi hotel por mi bulto, e
inmediatamente me dirigí a la &lt;i&gt;otogar&lt;/i&gt; con rumbo a Erzurum, mi
siguiente destino, siempre adentrándome un poco más en el este de
Turquía.  Allá llegué nuevamente bastante tarde, y como no sabía
si habían minibuses, pues tomé un taxi y me dirigí al hotel que
recomendaba mi confiable guía, que estaba bien por el precio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para el día
siguiente, me fui a tratar de conocer un poco la ciudad, y me
encontré con la sorpresa de que esta ciudad era sumamente
conservadora, y por lo tanto, pues TODOS los restaurantes y lugares
para comer estaban cerrados, así que de cierta manera hice un
semiayuno algo forzado por las circunstancias.  Tampoco fue que no
comí del todo, pues me fui a un supermercado y compré unas galletas
o algo así para comer, pero bueno, ciertamente pues no fue lo mismo
que ir a comer un poco más decentemente.  Ese día pasé un poco
angustiado, con sed, con hambre, pero ya en la noché salí por ahí
a cenar, y me llevé una de las sorpresas más agradables que me he
llevado en todo el viaje, una experiencia que realmente me conmovió
de una manera especial.  Como habían grandes salones de té y había
un montón de gente tomando té, pues me antojé y me senté y pedí
uno.  El problema es que realmente no conocía la mecánica de pago,
y cuando pregunté si se pagaba enseguida o luego, pues el tipo que
repartía el té no me entendió, y ahí medio se quedó tratando de
entender, yo no pude hacerme entender tampoco... hasta que los
vecinos de la mesa de a la par intervinieron y arreglaron el
problema.  Enseguida, me invitaron a sentarme a su mesa.  Dudé por
un segundo, pero terminé aceptando la invitación.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De primera entrada,
pues me hicieron las preguntas típicas, me preguntaron que de dónde
era, y bueno, de ahí empezaron a hacerme más preguntas
interesantes.  El que más hablaba inglés también era bastante
religioso, y pues ahí me preguntó, por ejemplo, que qué opinión
teníamos en Costa Rica del Islam.  Fue un intercambio bastante
interesante, con todo y una barrera de lenguaje más o menos
considerable.  Luego de estas preguntas, los muchachos estos me
preguntaron si querían ir con ellos a ver algunos de los puntos más
interesantes de la ciudad, a lo que respondí afirmativamente, con
algo de temor, debo admitir, pero la verdad recordé que no llevaba
conmigo nada realmente importante, sólo veinte liras y mi cámara
fotográfica.  Pagaron por el té, incluído el mío, y no me dejaron
pagar aunque ofrecí hacerlo varias veces, y luego me preguntaron si
quería dondurma, un helado típico turco, al que también me
invitaron.  Caminé con ellos por un buen rato, me mostraron algunos
lugares de la ciudad, algunos ya los conocía, otros no, pero lo que
realmente me llamaba la atención fue la interacción con ellos, no
tanto ver los edificios más bonitos de la ciudad.  Me resultaba
difícil de creer que estuvieran tan fascinados, se veían
auténticamente interesados en lo que tenía que decir y en conocerme
en general.  Se tomaban fotos conmigo, no sé, fue gracioso,
simpático, sorprendente y bastante interesante, todo al mismo
tiempo.  No obstante, lo mejor de toda la experencia lo dejaron para
el final, cuando me invitaron a comer a su casa.  Como era Ramadán,
lo más prudente para poder resistir las largas horas de ayuno era
hacer una comida antes de que salga el Sol, así que me invitaron a
&lt;i&gt;desayunar&lt;/i&gt; en su casa con ellos, lo cual obviamente acepté.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estos muchachos
eran estudiantes, y su casa era bastante humilde, pero dentro de su
humildad, me hicieron sentir casi que como un rey.  Al llegar, pues
seguimos conversando un rato sobre varias cosas, y en algún momento
uno de ellos se excusó para ir a orar un momento.  Luego llegó uno
de sus compañeros de cuarto, que era un tipo de Turkmenistán. 
Luego me dijeron que la comida ya estaba lista, y pues me senté a la
mesa con ellos.  El desayuno era el típico desayuno turco, que la
verdad hoy añoro con cierta nostalgia, y vaya que comí.  Cuando mi
taza de té se vaciaba, ellos sin preguntarme mucho la volvían a
llenar.  Comí primero con esa prudencia típica como de &lt;i&gt;buena
educación&lt;/i&gt;, pero ellos me dijeron que no había comido mucho, y
volvieron a llenar mi plato unas dos veces con más comida hasta que
finalmente se convencieron de que estaba lleno.  A parte de lo bien
que me sentó semejante festín luego de haberla pasado un poco mal
durante el día por la falta de comida, debo admitir que esta fue una
de las experiencias más gratificantes de todo mi viaje, ser testigo
de generosidad tan desinteresada y tan auténtica.  Pues sí, en
algún momento me hablaron bastante del Islam y todo, pero la
conversación nunca se sintió forzadamente proselitista.  Al
terminar de comer, pues ya eran casi las 4  am, y ellos se ofrecieron
a acompañarme a mi hotel.  Los dejé a medio camino, porque la
verdad me pareció que era abusar demasiado de su generosidad, y me
despedí de ellos sin encontrar la manera adecuada de agradecerles
todo lo que habían hecho por mí esa noche.  Lo único que lamento
de esta noche fue que como salí sólo con mi cámara y con un poco
de dinero, pues no tuve como apuntar los detalles de contacto de
estos muchachos, y aunque yo les di mi correo electrónico, a la
fecha no he recibido ningún correo de ellos.  De cualquier manera,
donde quiera que estén sigo completamente agradecido por todo lo que
hicieron por mí.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al día siguiente
me levanté un poco tarde y me dirigí a un lugar llamado &lt;i&gt;Citadel&lt;/i&gt;,
de donde pude sacar algunas cuantas fotos de toda la ciudad.  Luego,
sin más cosas muy turísticas que visitar, y convencido de que
difícilmente iba a superar la experiencia de la noche anterior, me
dirigí a la &lt;i&gt;otogar&lt;/i&gt; para tomar mi bus con destino a Kars.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;PD: Sí, estoy agrupando ciudades, pero si alguna vez espero ponerme al día, voy a tener que hacer trampa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_4167.jpg"  alt="Uno de mis amigos turcos de Erzurum.  ¡Muchísimas gracias!" /&gt;&lt;/p&gt;
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      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/90499/Turkey/Captulo-5-Bir-ay-ltfen-Aquarium</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Turkey</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Sat, 29 Sep 2012 00:50:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 5: Bir çay, lütfen: Breathe in the air</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Mi llegada a la
capital turca fue un poco confusa y atropellada.  Creo que después
de planear con lujo de detalles en la parte europea del viaje, sobre
todo en lo que respectaba a hospedaje, finalmente me cansé un poco
de tanta organización, y me fui bastante &lt;i&gt;a lo random&lt;/i&gt;, aunque
bueno, sí tenía a mano el número de un hostal en la ciudad.  Una
vez que llegué, luego de una agradable pero un poco enrededada
experiencia en mi primera vez haciendo uso del muy eficiente sistema
de buses turco, llamé al hostal para averiguar como llegar, y más o
menos me explicaron cómo hacer.  Fue necesaria una segunda llamada y
que fueran por mí a la esquina, pero finalmente llegué, casi que
justo a tiempo para echarme una birrita nada más e irme a dormir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ankara no era una
ciudad que fuera así como uno de mis destinos principales.  En
realidad acá la idea era hacer un poco más llevadero hasta el
destino principal, que era la región de Capadocia.  Pero ya que
estaba ahí, al día siguiente me fui después de desayunar a tratar
de explorar la ciudad de la manera más rápida posible.  Pude ir al
monumento/tumba de Atatürk, el omnipresente fundador de la Turquía
moderna, y una figura que sigue siendo incuestionablemente una parte
muy importante de la identidad del país.    Aunque es un poco
chocante de primera entrada ver el grado al que llega el culto de
personalidad de Atatürk, pues la verdad creo que resulta es su gran
mayoría benévolo, y supongo que ayuda de cierta manera a que la
gente se siente orgullosa de su país y su(s) fundador(es).  Luego de
esta visita, mi idea era ir a al Museo de Civilizaciones Anatólicas,
pero como suele sucederme, por tratar de ahorrar en taxis o
transporte público, terminé perdiéndome y perdí una cantidad
considerable de tiempo.  Finalmente me di por vencido y me fui en
taxi al museo, donde hice una visita bastante rápida, para luego ir
a explorar un poco la parte más antigua de Ankara, que llaman
&lt;i&gt;citadel&lt;/i&gt;, y tomar algunas fotografías de la vista de la
ciudad.  Apresurado, volví al hostal por mi bulto y me fui volado a
la &lt;i&gt;otogar&lt;/i&gt;, donde compré el primer boleto que pude hacia
Göreme, uno de los pueblos más turísticos de la región de
Capadocia.  Acá cabe destacar una anécdota bastante graciosa que me
sucedió cuando traté de comprar un SIM prepago turco, pues el que
tenía, que había comprado en Francia hacía un par de semanas, ya
se iba quedando sin fondos (cabe destacar también que en Turquía
estas estaciones de buses son como &lt;i&gt;malls&lt;/i&gt;, hay cafés internet,
restaurantes, tiendas, barberos... casi que de todo, y hay muchas
cosas abiertas aún en la madrugada).  Al llegar a donde el tipo que
vendía los SIMs, medio le pregunté en turco si hablaba inglés y su
respuesta fue negativa.   No obstante, no se dio por vencido y a
punta de señas, de papeles, y de escribir, me fue explicando las
opciones que tenía para comprar.  Yo ahí también me iba
comunicando entre señas, escribir, apuntar, y el mínimo turco que
conocía (al final aprendí un poquitito más, tampoco como que
digan, qué bruto, qué bárbaro, cómo habla turco, pero bueno), y
asombrosamente, fuimos capaces de concretar la transacción y
posteriores pasos de instalación para que todo quedara funcionando
perfectamente, incluso con llamadas internacionales.  Luego de esta
pequeña proeza, me monté en el bus, y fui llegando a Capadocia al
filo de la medianoche.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para esta estadía,
también medio decidí improvisar, pero por bruto, a la hora llegada,
no supe marcar bien el número del hotel/hostal donde pensaba
quedarme, y llegué a la medianoche a un pueblo relativamente
pequeño, en Ramadán, donde el fuerte turístico tampoco es
precisamente la vida nocturna.  Alguna gente en la parada de buses
ofreció ayudarme, pero sospeché un poco de sus motivos, y decidí
caminar un rato a ver si encontraba un lugar decente donde quedarme. 
Luego de dar una vuelta y no ver nada que me llamara la atención,
decidí entrar a una oficina de información turística, donde
rápidamente me consiguieron una habitación tipo hostal donde pagaba
unos 12 euros la noche.  Decidí tomarla como una solución rápida
para ir a descansar, y cualquier cosa al día siguiente me cambiaba,
sólo que no sabía que iba a tener un compañero de habitación que
iba a roncar toda la noche, y nunca pude encontrar los putas tapones
para los oídos que rebusqué entre mi bulto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como llegué tarde
y de feria me costó dormir, pues me levanté un poco tarde al otro
día.  Fui a desayunar y rápidamente uno de los encargados del lugar
me preguntó que qué planes tenía y que si me interesaban algunos
tours.  La verdad si me interesaba un tour, y sabía que la región
es famosa por ser un muy buen lugar para hacer vuelos en globo, sólo
que los precios me parecían prohibitivos para mi presupuesto. 
Cuando me ofrecieron un vuelo en globo, inicialmente dije que
simplemente estaba fuera de mi presupuesto, pero no contaba con que
los turcos son realmente buenos vendedores, y me hicieron una oferta
que consideré muy buen (según lo que había leído del precio
promedio de estos vuelos, en todo caso), y antes de que me diera
cuenta había aceptado y hasta había pagado el bendito viaje en
globo.  El resto del día no hice gran cosa, me fui a pasear un poco
por el centro del pueblo y luego básicamente esperé a que fuera la
hora de un tour pequeño que había pagado.  El tour estuvo bien para
conocer un poco el singular paisaje de la región, realmente es un
lugar con una geografía sumamente interesante.  El único problema
del tour es que el guía hablaba más que todo coreano, y el resto
del grupo eran puras coreanas, entonces las traducciones al inglés
para mí a veces como que se quedaban un poco cortas.  Al menos el
tour me sirvió para hacer un par de amigas coreanas con las hablé
un rato, y con las que también luego fui a cenar en la noche.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora bien, debo
aclarar que, por varias razones, mi llegada a este lugar me dejó en
un estado de ánimo algo... &lt;i&gt;depre&lt;/i&gt;.  Me reprimí un montón la
manera poco organizada en la que llegué, dejé mi toalla botada en
Ankara (por segunda vez, ¡perdón Eugenia!), de primera entrada no
me gustó muchísimo el lugar donde me estaba quedando, y bueno,
tenía algunas otras cosas en mi cabeza que me preocupaban.  De
repente sentí que el aspecto logístico del viaje me estaba quedando
muy grande y que si seguía así algo malo me iba a pasar o qué sé
yo.  Tampoco ayudó el hecho de que en la noche otra vez había un
cabrón que roncaba, y como tenía que levantarme muy temprano, tenía
miedo de usar los tapones y quedarme dormido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Afortunadamente el
día siguiente fue un completo cambio.  Ciertamente tuve que
levantarme muy muy temprano para ir al paseo en globo, pero vaya
que valió la pena.  Es algo super &lt;i&gt;turístico&lt;/i&gt;, me costó una
cantidad no despreciable de dinero, puede ser muy cliché, pero vaya
que valió la pena.  Pocas cosas que han alegrado de una manera
tan... simple, como ver ese montón de globos levantándose poco a
poco, ver los patrones, los colores, el contraste con las locas
figuras del lugar, los valles, las colinas, las &lt;i&gt;chimeneas&lt;/i&gt;...
apenas estaba amaneciendo, entonces la luz tenía un particular tono
que iba muy bien con las escalas de colores del terreno.  Uno se
sentía como si fuera una burbuja de jabón, vagando sin un destino
muy definido en el cielo, sobre ese lugar que parecía más una
maqueta de algún loco estudiante de arquitectura que un lugar real
sobre la faz de esta tierra.  Tomé un montón de fotos, y aunque
algunas me gustaron mucho, no creo haber captado con justicia la
&lt;i&gt;magia&lt;/i&gt; de ese corto paseo, que terminó con un brindis con
champán a las 7 de la mañana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero el día no
terminó ahí.  Volví al hostal y fui a dormir como por una hora y
resto, pues a eso de las 9:30 iba a tomar otro tour que tomaría todo
el día, y donde nos llevaron a conocer otros puntos bastante
interesantes de la región, como una ciudad subterránea bastante
grande e impresionante, y el llamado Valle Ilhara, donde hicimos un
poco de &lt;i&gt;hiking&lt;/i&gt;, que a mi juicio se quedó un poco corto, pero
bueno, era sólo un tramo de unos 3.5km.  Una de los últimos puntos
del tour era una especie de monasterio donde con otro par de carajos
que iban al tour nos fuimos a explorar y terminamos haciendo una
especie de &lt;i&gt;rock climbing&lt;/i&gt; algo imprudente, pero que valió la
pena por la aventura y por la muy buena vista que logramos desde
bastante arriba.  No podría decir que el tour tuvo el mismo impacto
que el vuelo en globo, pero tampoco estuvo mal y por dicha me olvidé
un poco de las estupideces que me habían preocupado el día
anterior.  En ese tour, también hice varios amigos, con los que
aproveché para ir por un par de cervecitas en la noche, y ya a la
hora de dormir, esta vez sí pude contrarrestar los ronquidos con mis
fiables tapones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para mi último día
en la zona, decidí irme al Göreme Open Air Museum, que bueno, como
lo dice su nombre, es un museo al aire libre, donde se pueden ver
muchas de las cosas interesantes de la región, sobre todo más
iglesias dentro de las formaciones rocosas, y bueno, algunas vistas
bastante interesantes sobre acantilados y valles cercanos.  Luego del
recorrido y una corta aventura para tomar algunas fotos, me devolví
al hostal para prepararme, pues me iba en un &lt;i&gt;night bus&lt;/i&gt; que
salía a eso de las 8:30 PM con rumbo a Trabzon, una ciudad hacia el
noreste que sería el punto de partida de mi tour por el este de
Turquía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_3930.jpg"  alt="Hay algo sencillamente... hermoso de ver este montón de globos así." /&gt;&lt;/p&gt;
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      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/89971/Turkey/Captulo-5-Bir-ay-ltfen-Breathe-in-the-air</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Turkey</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Wed, 12 Sep 2012 07:08:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 5: Bir çay, lütfen: Boulevard</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Ah, Istanbul...
Asia y Europa, el Este y el Oeste se mezclan en una misma ciudad. 
Personalmente, Istanbul fue... un ligero golpe de la realidad, una
vuelta de cierta manera al caos de las ciudades que no están
gobernadas por la rigidez y el orden europeos.  Fue también una
ciudad que -lamentablemente- sentí que no conocí nada bien, pero
bueno, traté de aprovechar mi tiempo de la mejor manera posible, y
hubo varias circunstancias que me dificultaron la tarea.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El problema comenzó
con el hecho de que a Istanbul llegué luego de no dormir muy bien en
el aeropuerto de Bucarest.  Ahí llegué como a las 11:30 PM y mi
vuelo salía a eso de las 7 y resto, entonces tuve que medio tratar
de dormir mientras cuidaba mis cosas, y los asientos como que estaban
maquiavélicamente diseñados para no permitir que la gente se
pudiera dormir cómodamente en ellos.  Por supuesto, llegué a la
ciudad muy cansado, y de feria me costó mucho encontrar mi hostal
para la ciudad (pasé perdido como dos horas y media), y bueno, la
verdad es que el primer día casi que me lo pasé descansando las
barbaridades de ese vuelo y de esa manera que tuve que improvisar
para salir de Europa, porque mi tiempo se estaba acabando.  Ya en la
noche, pues me dirigí a la plaza Sultanahmet y me impresionaron
muchísimo mis primeras experiencias en un país musulmán.  Debo
aclarar que todavía era Ramadán, entonces muchas familias
aprovechaba la noche para salir y hacer &lt;i&gt;picnics&lt;/i&gt; ya que podían
aprovechar la noche para comer, en fin, como que en el día la gente
trataba de mantener un perfil bajo, y en la noche la ciudad cobraba
vida de una manera bastante particular.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para el siguiente
día, esperaba a Leda, la amiga tica que nos alojó muy amablemente
en Holanda, y que  había decidido viajar por un buen tiempo por su
cuenta también.  Casualmente coincidí con ella en Istanbul,
entonces la esperé, pues llegaba en la tarde, y ya en la noche salí
un poco con ella y vi casi que las mismas cosas que había visto el
día anterior.  Luego nos fuimos a tomar algo y nos tocó compartir
una mesa con unos tipos turcos con los que hablamos un poco, y quienes nos dijeron que no aprendían español porque era un idioma muy complicado.  Irónico...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ya con Leda
establecida en la ciudad, al próximo día nos fuimos a conocer un
poco mejor muchas de los lugares más famosos de la ciudad.  Primero
fuimos a la llamada &lt;i&gt;Blue
Mosque&lt;/i&gt;,
donde Leda tuvo que ajustar un poco su atuendo para poder entrar. 
Ahí nos quedamos un rato viendo la impresionante arquitectura de la
mezquita, y además escuchamos un rato a un tipo que hablaba un poco
a los visitantes sobre el Islam.  A pesar de mis creencias religiosas
(o más bien falta de), pues resultó interesante ver lo que tenían
que decir al respecto, y de hecho una de las razones para visitar
Turquía (y posteriormente Egipto) era pues conocer un poco mejor la
cultura musulmana, que quizás a veces nos pintan de una manera un
poco extrema de nuestro lado del charco.  Posteriormente fuimos a la
famosa Hagia Sophia, donde lamentablemente la entrada era bastante
cara, y aunque es un monumento interesante, se supone que es un
museo, y a mi juicio podría haber un poco más de explicaciones o
qué sé yo, supongo que parte de la idea es que la gente alquile las
guías guiadas que ofrecen.  Luego de maravillarnos en este grandioso
edificio, nos fuimos a perder un rato en el famoso Gran Bazar, donde
de momento no caímos en ninguna tentación, aunque aún en mi caso,
que siempre llevo como consigna no comprar un carajo porque luego
tendré que cargarlo por largos meses, debo admitir que el bazar
tiene cierta magia consumista que me hizo querer comprar algunas de
las miles de cosas que se ofrecían en las tiendas por ahí.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego
de un merecido descanso nocturno, nuestros siguiente objetivo era el
Palacio Topkapı, un castillo bastante grande que fue por mucho
tiempo el centro del poder del imperio otomano, y donde se pueden ver
muchas cosas realmente sobresalientes (muchas de ellas, como siempre,
no pueden ser fotografiadas), desde impresionantes mosaicos, hasta
joyas reales, y por un precio extra, la sección denominada “harem”,
que a pesar de que creo que juega un poco con el morbo del público,
pues vale la pena para ver las habitaciones un poco más privadas del
palacio.  Luego de que nos separáramos por un rato para el almuerzo
(yo insistía en economía, Leda quería comer algo diferente), nos
reencontramos para tomar un paseo en bote por el Bósforo, y fue ahí
donde realmente me di una mejor idea de la magnitud de la ciudad.  El
problema es que como estaba hospedado en Sultanahmet, pues entonces
para ir a las atracciones turísticas no tenía que moverme
demasiado, y luego en la noche pues me había dado un poco de pereza
movilizarme.  Gracias a este tour vi que realmente Istanbul es una
metrópolis gigante, y me expliqué mejor de donde salía la cifra
esa de 14 millones de habitantes en la ciudad.  Gracias al tour este,
pudimos ver algunos otros edificios bastante bonitos, el único
problema es que nos sentamos del lado equivocado del bote, y la guía
del tour como que no se preocupaba mucho por su traducción al inglés
y le daba más importancia al turco.  Para remediar el hecho de que
no habíamos salido mucho de Sultanahmet, esa noche decidimos cambiar
de horizontes para la noche, e ir a tomarnos unas birras en las
cercanías de la plaza Taksim, que nos habían recomendado varias
fuentes como para ir a pasar la noche.  No buscábamos ir a pegarnos
una fiestototota ni &lt;i&gt;clubs&lt;/i&gt;
ni nada así, sólo nos sentamos a conversar de los más diversos
temas con algunas birras... y una música un poco depresiva.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para
el que sería mi último día en Istanbul, había quedado de reunirme
con Leda para ir a hacer algunas compras en el bazar.  Yo pasé por
una agencia de viajes y reservé un tiquete de bus para Ankara, pues
ese mismo día partiría hacia la capital turca, no tanto como
destino final sino como una parada intermedia antes de llegar a
Göreme, en el área de Capadoccia.  Por culpa de Leda me sentí algo
culpable y finalmente compré un pequeño souvenir que envié a mi
familia.  El único problema que tuvimos fue que nos costó un poco
descifrar que para enviar paquetes teníamos que ir hasta la oficina
de correos central, y al final tuve que correr bastante para lograr
llegar a tiempo hasta la &lt;i&gt;otogar
&lt;/i&gt;(estación
de buses) para tomar mi bus hasta Ankara.  Esa fue la última vez en
el viaje que tuve algún contacto en persona con alguien de Costa
Rica, me pregunto cuándo será la próxima vez que pase.  También
temo por la aberración que será de mi español, porque ahora, a
fuerza de interactuar con españoles y otros extranjeros, que nunca
suelen hablar de Ud., a veces hablo de tú, a veces de vos, y a veces
de Ud.  Pido de antemano disculpas a mis compatriotas si esto les da
una sorpresa la próxima vez que hablemos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_3785.jpg"  alt="Paseando por el Bósforo." /&gt;&lt;/p&gt;
</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/89969/Turkey/Captulo-5-Bir-ay-ltfen-Boulevard</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Turkey</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Wed, 12 Sep 2012 06:24:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 3: Verre de rouge à la campagne: Living-Room</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Lyon es la tercera
ciudad más grande de Francia, y dada su cercanía con la región de
Ardèche, quise aprovechar para ir a visitar por algunos días. 
Afortunadamente, Hélène me hizo el grandísimo favor de hablar con
su hermana, Colette, y su familia me recibió en su casa por unos
días para que pudiera conocer la ciudad.  Aunque me sentí bastante
a gusto en la campiña francesa, pues también fue de cierta manera
refrescante volver a una ciudad por unos días... por sólo unos
cuantos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para mi primer día,
me levanté un poco tarde y me dirigí al centro de la ciudad, donde
más o menos tenía una idea de los principales &lt;i&gt;must sees&lt;/i&gt;.	Fui
entonces a la &lt;i&gt;Place Bellecour&lt;/i&gt;, al &lt;i&gt;Vieux Lyon&lt;/i&gt;, y a la
colina de Fourvière, para ver los lugares más característicos de
la ciudad.  Afortunadamente, mientras iba en el funicular hacia
Fourvière, me topé a Jerome, el hijo de los Odasso, quien visitaba
la ciudad con su prometida y sus abuelos.  Su abuelo es un &lt;i&gt;lyonnais&lt;/i&gt;
de cepa, y entonces me uní a ellos para continuar la visita, que
resultó mucho más provechosa con un guía que había básicamente
vivido toda su vida en la ciudad.  Para la noche, Colette y su esposo
muy amablemente me llevaron a cenar a un &lt;i&gt;bouchon lyonnais&lt;/i&gt;, que
es uno de los restaurantes típicos de la ciudad.  Lyon es
considerada por muchos la verdadera capital gastronómica de Francia,
y esta visita a este restaurante la recordaré como una de las
mayores hartadas que me haya pegado en todo el viaje, aunque
lamentablemente el plato principal no fue tan bueno como yo esperaba,
pero bueno, la verdad igual disfruté la cena bastante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para mi segundo día
traté de conocer un poco los lugares que había descuidado en el
primero, y además me fui a hacer algunas compras que ocupaba hacer. 
También en la tarde quedé de acuerdo de ver a Noëlie, una sobrina
de Hélène, quién me mostró un parque bastante bonito que no había
conocido, y con la que conversé sobre bastantes temas mientras
improvisábamos un picnic.  Ya en la noche, nos reunimos con el resto
de la familia para ir por un helado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al día siguiente
tenía la oportunidad de ir a conocer un poco más, pero me di por
satisfecho con mi visita y me quedé en la casa de Colette hasta que
fue hora de volver a Ardèche, donde me esperaba un poco de trabajo
extra para los siguientes días para compensar estas pequeñas
vacaciones que tomé.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nota:  la secuencia
de los &lt;i&gt;posts &lt;/i&gt;se rompió un poco con este.  Para aclarar, esta
visita fue entre el 9 y 11 de julio, y luego regresé a la finca por
otro rato, pero como estamos con el propósito de recuperar tiempo
perdido, decidí hacer sólo un post para mi estadía en Ardèche. 
Disculpas por cualquier confusión que esto cause.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_3559.jpg"  alt="El mur peint des lyonnais, una obra con bastante carácter, hasta El Principito está ahí." /&gt;&lt;/p&gt;
</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/89840/France/Captulo-3-Verre-de-rouge-la-campagne-Living-Room</link>
      <category>Travel</category>
      <category>France</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Fri, 7 Sep 2012 19:36:00 GMT</pubDate>
      <slash:comments>0</slash:comments>
    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 3: Verre de rouge à la campagne: Bron-Y-Aur-Stomp</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Cuando le decía a
los franceses que iba a estar un mes en Ardèche, una región de
Francia donde no hay ni una &lt;i&gt;gare&lt;/i&gt; de tren, la gente se me
quedaba viendo un poco asombrados, como si pensaran de que no sabía
en lo que me estaba metiendo, como si fuera a un destierro
voluntario.  Quizás tenían razón, pero no me importaba mucho,
tenía objetivos claros para esta ocurrencia.  En Ardèche estuve
haciendo &lt;i&gt;wwoofing&lt;/i&gt;, que es una especie de voluntariado donde
uno trabaja en una finca/granja, aprende un poco sobre la vida de la
finca y la actividad particular de esa finca, y recibe alojamiento y
alimentación &lt;i&gt;gratuita&lt;/i&gt;.  Como llevaba algún tiempo estudiando
francés, decidí que esta era una muy buena oportunidad para mejorar
el idioma y conocer un poco detrás de su cultura, de cierta forma
ambos se complementan.  También, me pareció una buena forma para
conocer un poco mejor los trabajos donde no se está detrás de una
computadora todo el día, como para variar un poco, y ver la vida
desde un punto de vista diferente.  Otro factor que le agregaba un
poco de asombro a la gente era cuando les decía que iba a ir a
&lt;i&gt;trabajar&lt;/i&gt; a una granja de escargots, o sea, de caracoles, de
los que se comen los franceses, y bueno, alguna otra gente en otros
lados.  Aún en Francia eso de comer caracoles es visto con un poco
de... recelo, por cierta gente, y bueno, supongo que les resulta
difícil comprender por qué a alguien de Costa Rica se le ocurriría
ir a meterse voluntariamente a la región posiblemente más “aislada”
de Francia, a trabajar con unos animales que para muchos resultan
bastante repulsivos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para movilizarme
hasta allá tuve que tomar un tren desde Toulouse, pero como dije
anteriormente, Ardèche es una región que no tiene estaciones de
tren, entonces fui a dar a la ciudad más cercana, y ahí me
esperarían mis anfitriones, Hélène y Thierry, una pareja que hacía
unos diez años había decidido que había tenido suficiente de la
vida en la ciudad y se fueron a instalarse en la montaña, donde con
bastante esfuerzo sacaron adelante su granja de caracoles.  Para
empezar con el pie derecho, al llegar a la gare de Valence Ville,
pues busqué exhaustivamente y no los vi por ningún lado, di vueltas
por la ciudad, y me resigné a que habían venido y se habían ido
porque no me habían encontrado.  La confusión fue a causa de un
problema de nomenclatura, a esa estación yo llegué en un bus,
procediente de la estación TGV que estaba a unos 10 km. del centro
de la ciudad, y resulta que había una estación de buses y una de
trenes, y yo no estaba consciente de la diferencia.  Hubiera podido
solucionar el problema con una simple llamada de teléfono, pero en
mi SIM prepago sólo me quedaban 9 céntimos de euro y no me dejaron
ni siquiera decir “a&amp;quot; antes de desconectarme.  Eventualmente, con
un poco de suerte, Hélène me encontró en la sala de espera de la
estación, mientras yo trataba de buscar alguna red wifi disponible
para tratar de comunicarme.  Esta ligera confusión de una hora fue
bastante estresante, y me hizo ver la &lt;i&gt;necesidad&lt;/i&gt; de tener un
celular funcional, aunque esta no sería la última vez que tendría
problemas por no andar un teléfono que sirviera.  En fin, una vez
que me encontraron, Hélène y Thierry me llevaron hasta su casa.  El
escenario difícilmente podría ser más ideal para una &lt;i&gt;postcard&lt;/i&gt;:
la casa era construida en piedra, había un bosque a los 200 metros
de la casa, los vecinos también tenían sus respectivas
explotaciones agrícolas, habían unos que tenían un par de vacas,
otro tenía gallinas, y el otro tenía una burra en el patio. La
familia anfitriona la completaban 4 gatos, y 2 perras, Chipie y
Belle.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este &lt;i&gt;entry &lt;/i&gt;sería
increíblemente largo si intentara contar todo lo que hice en la casa
de los Odasso, y la verdad esa no es la idea (empezando porque quiero
tratar de ponerme al día con esta cosa eventualmente).  La idea es
relatar lo más sobresaliente, lo que vi y lo que aprendí en casi un
mes de estar con ellos.  Cuando los contacté, desde un principio yo
les aclaré que mi propósito principal era mejorar mi francés, que
ya llevaba estudiando un par de años en Costa Rica.  Quiero decir
que logré mis objetivos lingüísticos, no obstante, creo que me
quedé un poco corto con mis expectativas.  Creo que mi compresión
oral si mejoró significativamente, no obstante mi expresión se
quedó un poquito corta de lo que yo esperaba lograr.  De todas
maneras, creo que en las ocasiones que tuve para realmente hablar
largo y tendido, pues saqué la tarea adelante, y la gran mayoría de
la gente calificaba mi francés de “bueno” a “muy bueno”. 
Una vez alguien me dijo que si un francés dice que el francés de
uno es “impecable”, entonces uno realmente habla un muy buen
francés, pero de momento me deberé conformar con la segunda mejor
cosa, supongo.  Me consuelo pensando que bueno, &lt;i&gt;ça ira&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mi otro objetivo
con esta parte del viaje era pues conocer un poco del tipo de trabajo
que la verdad casi que nunca en la vida he hecho.  Generalmente mi
trabajo involucra más sentarme al frente de una computadora por
bastantes horas, en vez de estar bajo el sol haciendo cosas al aire
libre.  Debo decir que la experiencia en este sentido fue bastante
gratificante, y me hizo ver tanto las cosas buenas como las cosas
malas de este tipo de trabajo.  Definitivamente hay un sentimiento
sumamente positivo cuando uno hace algo con sus propias manos y lo ve
levantarse poco a poco, o cuando uno empieza a hacer una tarea algo
monótona pero un poco exigente físicamente, y el tiempo se va sin
que uno se de cuenta, sin mayores preocupaciones.  Por otro lado,
también me di cuenta de lo mucho que tienen que trabajar Hélène y
Thierry para sacar adelante su finca.  No voy a entrar en todos los
pormenores del proceso para llevar los caracoles desde el criadero
hasta una mesa, pero la verdad es que el trabajo es bastante agotador
y de cierta manera un poco esclavizante.  Ellos son sólo dos (cuando
no tienen &lt;i&gt;wwoofers&lt;/i&gt; como yo), y deben planear todo, alimentar
los caracoles, asegurarse de que su espacio esté libre de malas
yerbas, asegurarse de que no hayan muchos depredadores cerca,
recogerlos cuando están suficientemente grandes para ser comidos,
prepararlos, e ir a un laboratorio donde pasan hasta unos tres o
cuatro días cada vez que van, preparando los diferentes productos
que tienen a la venta.  A veces me han preguntado si a ellos “les
va bien”, y ciertamente pues no se están muriendo de hambre, pero
tampoco se están haciendo millonarios con su criadero.  En fin, pues
definitivamente fue una buena oportunidad de experimentar un tipo de
trabajo y de vida completamente diferente al que suelo llevar en
suelo tico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Otro de mis
propósitos durante mi estadía en Ardèche era descansar un poco,
luego de dos meses de un ritmo de viaje que fue pues... bastante
intenso.  Aunque ciertamente tenía que trabajar, y a veces el
trabajo era bastante agotador, pues siento que sí logré descansar. 
Básicamente no era como que necesitaba no hacer nada durante todo el
día, simplemente necesitaba descansar un rato de ese trajín de
viajar, de estar moviéndose cada tres o cuatro días, ocupaba tener
un &lt;i&gt;hogar&lt;/i&gt; por un rato, si lo puedo poner de esa manera. 
Además, pues la verdad aunque el trabajo era cansado a veces, pues
tenía bastante tiempo para descansar, y tengo muy gratos recuerdos
de los largos paseos que tomaba con Belle y con Chippie por el bosque
vecino, paseos que tenían el más fantasioso y bucólico encanto,
paseos que parecían tomados de un pasaje de algún libro de cuentos
de hadas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El último de mis
propósitos era conocer un poco más a fondo la cultura y la &lt;i&gt;façon
de vivre &lt;/i&gt;francesa.  Ciertamente las grandes ciudades de Francia
que visité me gustaron muchísimo, pero bueno, como parte de mi
aprendizaje de la lengua, quería ir un poco más allá y conocer la
Francia más &lt;i&gt;real&lt;/i&gt;, si es que tal cosa realmente existe. 
Quería conocer la vida en las montañas de Francia, alejada del
glamour de París y de la torre Eiffel.  Quería conocer un poco más
el estilo de vida de los franceses &lt;i&gt;comunes y corrientes&lt;/i&gt;. 
Quizás no dé a basto toda una vida para conocer un país realmente,
sobre todo si ese país no es el de uno, pero quiero creer que
gracias a esta estadía de unas cuatro semanas en las montañas de
Ardèche, pude comprender y experimentar muchísimas cosas de la vida
cotidiana francesa, y entre cosas que no esperaba y algunos cuantos
clichés que pude confirmar un poco, pues la pasé muy bien
aprendiendo un poco más lo que no se puede enseñar en un salón de
clase cuando se aprende una nueva lengua.  Hélène y Thierry me
hicieron sentir como alguien de su familia, como un hijo adoptivo por
unas semanas.  Pude ir a fiestas de su familia, y conocer a primos,
hermanos, hijos, y mucha gente de su familia, que también me
trataron como si fuera uno de ellos (incluso una hermana de Hélène
me recibió en su casa por unos días para que yo pudiera conocer
Lyon, pero sobre eso hablaré en otro post).  Pude conocer pequeños
pueblos cercanos a la finca, y pude ir a algunas actividades
interesantes, como los mercados a los que iban mis anfitriones para
vender sus productos, o incluso un festival de jazz en un pueblito
pues bastante perdido entre las montañas.  Comí y bebí muchísimas
cosas deliciosas, desde los quesos después de cada comida, pasando
por algunos vinos, hasta los mentados caracoles, que la verdad me
gustaron, aunque su contextura fuera algo... extraña.  Por último,
pues creo que pude conocer un poco mejor la personalidad y el
carácter francés, que debo admitir me desconcertaron un poco al
principio, pero que llegué a entender un poco mejor conforme pasaron
los días.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En fin, ciertamente
Francia es uno de los destinos en los que más me enfoqué en este
viaje (y bueno, según &lt;i&gt;el plan&lt;/i&gt;, posiblemente sea el país
donde vaya a estar más tiempo en total), y mi estadía en la casa de
los Odasso fue una excelente oportunidad para mejorar mi conocimiento
de la cultura francesa en casi todos sus aspectos.  Fue un
aprendizaje en muchos sentidos, y de eso se trata toda esta
experiencia.  Más allá de coleccionar fotos, o sellos en el
pasaporte, pues se trata de aprender todo eso que sólo se aprende en
otro lugar, lejos de casa, fuera de todo eso a lo que estamos
acostumbrados.  No voy a pretender tampoco que me acerco a cierta
sabiduría particular, pero creo que he acumulado una lección
valiosa o dos en el tiempo que llevo cargando una mochila de ciudad
en ciudad, de país en país.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En fin, un domingo
me despedí de los Odasso, y con mucha tristeza también de las
perras, y me dirigí (haciendo carpooling) hacia París, para salir
de Francia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_3585.jpg"  alt="Mis anfitriones, Hélène y Thierry, en un día de mercado, que viene ser como una feria del agricultor.  Merci beaucoup, à une prochaine!" /&gt;&lt;/p&gt;
</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/89839/France/Captulo-3-Verre-de-rouge-la-campagne-Bron-Y-Aur-Stomp</link>
      <category>Travel</category>
      <category>France</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Thu, 6 Sep 2012 19:10:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 2: L'Europe sur Place: Le Fleuve</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;&lt;i&gt;La ville rose&lt;/i&gt;
me recibió luego de otro tren de unas siete horas (los TGV estaban
muy caros).  Esta fue otra ciudad que en realidad no estaba en mi
plan, pero que fue posible gracias a una generosa oferta de Laure,
una amiga francesa que conocí en Portugal, y que me dijo que si
quería conocer su ciudad, que ella me recibía en su casa, así que
le hice un campito en el plan a Toulouse, tomé el tren en la Gare
d'Austerlitz, y me fui para allá.  Laure estaba esperándome muy
amablemente en la estación.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para ese mismo día,
Laure tenía en su agenda una fiesta con unos amigos suyos, porque un
pequeño grupo de ellos se iba a hacer un viaje bastante largo
también, pero en un bote.  Laure medio improvisó un disfraz de
pirata para mí, y nos fuimos a la fiesta.  Evidentemente no conocía
a nadie más que a Laure, entonces fue un poco difícil al principio
romper el hielo, sobre todo porque tenía que hablar en francés, y
bueno, estas ocasiones socialmente incómodas ya son suficientemente
difíciles en español, y la lengua extranjera dificulta un poco las
cosas.  No obstante, ya con un par de copitas de vino y de sangría,
pude conversar un poco más fácilmente, alguna gente se interesó un
poco en mi historia y por ahí estuve conversando con varios.  Lo
único malo fue que en mi afán de ser más sociable se me fue un
poquito la mano y luego de un cierto punto de la fiesta la verdad no
recuerdo mucho que digamos, desperté a las 7 A.M. porque Laure vino
a despertarme para que nos fuéramos, ella también se había quedado
dormida en un sillón por ahí.  Laure juraba acordarse de todo, pero
algunas preguntas revelaron que ella también tenía algunos
lagunazos en su noche... en fin, estuvo muy buena la fiesta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al día
siguiente, para recuperarnos de la fiesta, nos despertamos un poco
tarde y Laure me llevó, con un amigo suyo, a conocer un poco más la
ciudad.  Pasamos por calles, mercados, iglesias, y todo tipo de
lugares, siempre con el estilo característico de la ciudad, que
recibe su nombre de &lt;i&gt;ville rose&lt;/i&gt;
por el color de los ladrillos de casi todos sus edificios.  Luego nos
reunimos con otros amigos de Laure y nos quedamos viendo el
anochecher en las orillas de la Garonne.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al día
siguiente Laure sí tenía que ir a trabajar, entonces yo me fui a
turistear solo.  Laure fue muy amable y me dejó su tarjeta para
poder alquilar bicicletas, y entonces anduve turisteando y
perdíendome en bici.  A mí siempre me ha gustado mucho andar en
bici, el problema es que si uno no conoce la ciudad se pierde más en
bici que a pie, y también suele hacer caballadas porque no está al
tanto de donde hay vías y donde no, pero bueno, mitad a pie, mitad
en bici, mitad perdido, mitad más perdido todavía, pude conocer un
poco mejor Toulouse, otra ciudad con parques muy hermosos.  Ya en la
noche, luego de que Laure volviera del trabajo, fuimos por una cena a
un restaurante, donde probé &lt;i&gt;confit
de canard&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;tarte
tatin&lt;/i&gt;.  Magnifique!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para
mi último día, me fui a un pueblo pequeño cerca de Toulouse, que
se llama Albi, donde hay una catedral bastante bonita, con jardines
impecables, y hay muy buenas vistas con puentes sobre la Garonne, en
fin, un pueblito con un encanto bastante francés, donde estuve
paseándome hasta ya bastante tarde, pero no quería atrasarme mucho,
pues Laure me dijo que para despedirme iba a cocinar.  Laure no sólo
“cocino” sino que preparó toda una cena, donde probé &lt;i&gt;foie
gras&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;magret de
canard&lt;/i&gt;, y para terminar, un
riquísimo postre que Laure inventó y que todavía no ha bautizado. 
Esa fue la cereza en el pastel de esta excelente visita.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ese mismo día me
despedí de Laure y le agradecí muchísimo su generosidad.  Al día
siguiente tenía que tomar un tren muy muy temprano, que me llevaría
a un lugar donde “descansaría” un poco del viaje, la región
francesa de Ardèche.  Por la nota alta gastronómica, y por la
generosidad de Laure, esta visita no planeada resultó ser una de las
que más disfruté en mis días europeos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_3458.jpg"  alt="Bon appetit! Merci, Laure!" /&gt;&lt;/p&gt;
</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/89823/France/Captulo-2-LEurope-sur-Place-Le-Fleuve</link>
      <category>Travel</category>
      <category>France</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Wed, 5 Sep 2012 19:55:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 2: L'Europe sur Place: Riders on the Storm</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Cuando Ledezma me
dijo que le gustaría tomarse una foto al frente de la torre Eiffel,
supe que tenía la excusa perfecta para volver a París, la capital
que me fascinó con sus clichés la primera vez que la visité.  Por
un momento pensé que todo había sido un espejismo, que fue pura
suerte que todo me había gustado tanto, y esta nueva visita era una
nueva oportunidad para probar si realmente el encanto parisino estaba
ahí realmente, por lo menos para mí.  Llegamos a media tarde, y
procedimos a dejar nuestras maletas en la &lt;i&gt;gare&lt;/i&gt; para ir a
conocer un poco.  Yo, como ya era todo un conocedor de la ciudad,
hice de guía.  Al principio fuimos a &lt;i&gt;Invalides&lt;/i&gt; y la lluvia
nos sorprendió por unos minutos, pero luego escampó, y nos fuimos a
la bendita torre Eiffel, donde Ledezma se tomo la &lt;i&gt;foto de rigor&lt;/i&gt;
de todo viaje a Europa.  Posteriormente hicimos un recorrido por
varios de los lugares más característicos de París, como el &lt;i&gt;Arc
de Triomphe&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Champs-Elysées&lt;/i&gt;.  Tratamos de aprovechar
bastante el tiempo, pues sólo teníamos un par de días en París. 
Luego volvimos por nuestro equipaje y nos dirigimos a la casa del
señor Fabían Güendel, que nuevamente me abría gentilmente las
puertas de su morada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Era 21 de junio
(sí, hace casi dos meses, lo sé), y era la Fête de la Musique, una
fiesta creada en Francia, y en París las calles se llenan de gente y
de conciertos casi que en toda la esquina.  Por desgracia, Fabián no
pudo acompañarnos esa noche, pero quedamos de encontrarnos con
varios amigos suyos que yo había conocido la primera vez que estuve
por ahí, así que tomamos el metro y nos fuimos para Abbesses, donde
había una cantidad increíble de gente, y donde me di cuenta de lo
difícil que iba a ser encontrar a los compitas.  De todas maneras,
en el ambiente me sentía bastante a gusto, y anduvimos buscando la
dirección que nos dieron un buen rato, hasta que me dejé de varas y
pregunté, y tuvimos la suerte de encontrarlos, pues como ellos nos
dijeron, a veces pasa que uno queda de verse con varia gente y en
medio del tumulto nunca los ve.  Ya en el lugar nos pusimos a hablar
un poco con ellos, y a oír la música de un grupo tipo “big band”
que estuvo bastante bien.  A eso de las 2:30 AM decidimos que era
hora de irnos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No obstante, no
contábamos con que el metro ya estaba cerrado, aunque yo juraba
haber visto que iba a funcionar toda la noche.  Empezamos a caminar
al sur, pero nuestra casa estaba a una hora y media caminando, según
los estimados de nuestros compadres locales.  Tratamos sin éxito de
buscar una estación de bicis para alquilar, hasta que al fin
encontramos una, donde me pasó un incidente bastante gracioso.  Como
nosotros no estamos suscritos, una de nuestras amigas francesas nos
hizo el favor de hacer una tarjeta de un día.  El &lt;i&gt;catch&lt;/i&gt; es
que si por alguna razón uno no devuelve bien la bicicleta, a la
persona que hizo el depósito le cobran €150.  Entonces bueno, yo
me puse a utilizar la máquina para sacar una bici alquilada, y justo
en el momento que apreté el número de bici que quería, hoy un
sonido metálico de alguien que había sacado una bici.  Como no
estaba completamente al tanto de cómo funcionaban las máquinas, no
supe si efectivamente esa era mi bicicleta o no, y en dos segundos
tuve que pensar qué hacer al respecto.  Decidí no correrme el
riesgo y salí corriendo detrás del tipo, con el que tuve una
discusión al respecto, me preguntó que de dónde era cuando noto
que mi acento no era exactamente francés, trató de explicarse en
español, yo seguía de necio... y bueno, luego nos dimos cuenta de
que realmente no era mi bici después de todo.  Yo le extendí mis
más profundas disculpas, yo nada más no quería que a mi amable
amiga francesa luego le cobraran un montón de dinero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego la aventura
continuó, pues teníamos que llegar hasta nuestro vecindario, y como
dije, estábamos bastante largo.  Afortunadamente teníamos un guía
local, pero hasta él se perdió, y terminamos haciendo una ruta
panorámica que incluyó Notre Dame -que Ledezma no había visto- y
otras avenidas pintorescas de París.  Podría parecer tonto, pero
sinceramente esta cleteada, a las 3:30 de la madrugada, sin mucha
idea de para dónde íbamos, con poca atención a las normas viales,
y rodeados por un montón de edificios bonitos, fue para mí, y creo
que para Ledezma también uno de las partes más memorables del viaje
en Europa, se sintió como una travesura que uno hacía de chamaco.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como llegamos
tarde, pues no nos despertamos muy temprano que digamos.  Ledezma se
dirigió al Louvre, mientras que yo me dirigí al Cementerio del &lt;i&gt;Père
Lachaise&lt;/i&gt;, que es una &lt;i&gt;atracción&lt;/i&gt; gratuita, y que tenía
ganas de visitar de todos modos para presentar mis respetos al &lt;i&gt;Lizard
King&lt;/i&gt;, o sea, Jim Morrison.  Ciertamente el cementerio es un lugar
bastante particular, y hay muchísimas celebridades enterradas ahí,
pero lo más interesante es ver todo los estilos distintos de tumbas,
esculturas y demás que hay ahí, es como un parque muy grande, y un
poquito más... lúgubre.  En la noche nos fuimos a comer con Fabián,
y como le dijimos que queríamos comer algo “francés”, nos
fuimos a comer una “raclette”, que es como un plato de tipo
“hágalo Ud. mismo”, con queso, papas, y jamón/carne.  El
concepto estaba bastante básico, pero la verdad creo que todos
comimos con muchísimo gusto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al día siguiente,
me tocó una nueva despedida, pues era el final de la estadía de
Ledezma en Europa, y el tenía que tomar un TGV hasta Frankfurt,
mientras a mí me esperaba un tren un poco más lento que me llevaría
a Toulouse.  Luego de eso, no vi a un tico en poco más de un mes,
pero bueno, fue un placer viajar con Ledezma también, aunque el
aseguró que para él había estado bueno, y que no sabía cómo iba
a hacer yo con tantos meses por delante.  Para ser sincero, yo sigo
sin saberlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_3356.jpg"  alt="James Douglas Morrison: The Lizard King." /&gt;&lt;/p&gt;
</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/89537/France/Captulo-2-LEurope-sur-Place-Riders-on-the-Storm</link>
      <category>Travel</category>
      <category>France</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Wed, 22 Aug 2012 06:33:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 2: L'Europe sur Place: Salud (Dinero y Amor)</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Nuestra estadía en Bélgica fue una
decisión que en un inicio lamenté un poco.  Las circunstancias eran
las siguientes: teníamos que ir de Amsterdam a París, entonces me
pareció una muy buena idea hacer una parada en una ciudad de
Bélgica, y me hablaron muy bien de Brujas, una encantadora ciudad
apenas para tomar fotos para &lt;i&gt;postcards&lt;/i&gt;.
 Lo único malo es que esta idea nos salió un tanto cara porque el
sitio de trenes belgas no nos dejó comprar los tiquetes con
antelación, y tuvimos que llegar a la estación a comprarlos para el
día siguiente, lo que nunca es buena idea si uno quiere que le salga
barato.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De
todas maneras, pues ya estábamos ahí y nos dirigimos al alojamiento
de turno, un hostel/bar que estaba bastante decente, aunque nos costó
un poco encontrarlo.  Una vez instalados, pues dejamos nuestas cosas
y nos fuimos a explorar las principales vistas de la ciudad, pues la
verdad no teníamos como muchísimo tiempo que digamos.  Compramos
algunas chucherías para comer rápidamente en el mercado de al lado,
y nos fuimos a ver las principales plazas, iglesias y parques de
Brujas.  El paseo me hizo desistir un poco de la idea que había sido
un error venir, la ciudad es realmente bonita, aunque bueno, es un
poco &lt;i&gt;demasiado turística&lt;/i&gt;,
y sí, yo sé que somos turistas también.  Luego de hacer un tour lo
más extensivo posible con el tiempo que teníamos, nos fuimos de
vuelta al hostal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando llegamos por
primera vez al hostal, nos habían hablado de una degustación de
cerveza que se oía prometedora, aún cuando por un momento pensé en
la mala experiencia del “Pub Crawl” de Lisboa.    Una vez que me
aseguré que la idea era diferente, pues nos apuntamos para la
degustación, y un tipo con una historia interesante empezó a
hablarnos de las bondades de las cervezas belgas, que realmente
estaban muy buenas.  Y luego... algo pasó que le dio sentido a toda
la visita.  Ahí estaba ella, vestida para seducir, y vaya que me
sedujo con la primera mirada.  Luego ella se acercó un poco, y
estaba a la par mía.  Parecía inmóvil, pero para el ojo experto,
ella coqueteaba, con su silencio sólo aumentaba mi curiosidad. 
Jamás me lo hubiera esperado, la manera en como me conquistó, fue
amor a primera vista, o al primer trago, más bien, porque en ese
momento descubrí mi nueva cerveza favorita: Delirium Tremens. 
Posiblemente algunos la hayan probado, pero si no lo han hecho y
alguna vez tienen la opotunidad de probarla, háganlo con toda
confianza, y casi podría asegurarlos que se enamorarán también. 
Luego vinieron otras, pero mi corazón le fue fiel a esa seductora
rubia, que con otros dos besos profundos me mandó a la cama feliz y
contento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo más
sorprendente de todo fue que al día siguiente no sentí una gran
resaca, podría jurar que hasta me sentí mejor que el día anterior,
bueno, exceptuando el hecho de que tuve algunos problemas encontrando
mis anteojos.  Superadas estas vicisitudes, nos encaminamos a la
estación para dirigirnos a París.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_3336.jpg"  alt="Cinco seductoras cervezas.  Podría acostumbrarme a tomar cervezas así siempre..." /&gt;&lt;/p&gt;
</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/89506/Belgium/Captulo-2-LEurope-sur-Place-Salud-Dinero-y-Amor</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Belgium</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Mon, 20 Aug 2012 14:12:00 GMT</pubDate>
      <slash:comments>0</slash:comments>
    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 2: L'Europe sur Place: Purple Haze</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;La mítica ciudad
de Amsterdam fue nuestro siguiente destino.  Bueno, no exactamente,
sino que nos aprovechamos de la bondad de mi buena amiga Leda
Peralta, quien está &lt;i&gt;estudiando&lt;/i&gt; en tierras neerlandesas, para
tener una base de operaciones de la cual nos podíamos movilizar a
diferentes ciudades.  Fue lamentable, como siempre, no tener más
tiempo, pero bueno, con tres días pudimos conocer un par de
ciudades, entonces creo que tampoco podemos quejarnos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para el primer día
Leda nos esperaba ya en Amsterdam, exactamente en el andén del tren.
 Fuimos a dejar nuestros bultos a los lockers de la estación y nos
lanzamos a descubrir los secretos de la capital holandesa, que estaba
allí, con sus edificios un poco viejos, sus bicicletas, con un
montón de turistas, con un aire de libertad, y un particular aroma
en el aire, sobre todo cerca de ciertos pequeños establecimientos.
Recorrimos las calles llenas de canales y de de otro montón de
turistas, y de primera entrada nos fuimos al museo de Van Gogh, que
lamentablemente tuvimos que recorrer con demasiada prisa.  Caminamos
más por la ciudad y nos metimos a un bar a echarnos la mejenga de
turno de la Euro.  Nos dimos también a la tarea de probar la comida
“típica”, papas fritas con una salsa tradicional,  y una especie
de croquetas que la verdad no deslumbraron nuestros paladares.  Se
hizo un poco tarde y teníamos que trasladarnos a la casa de Leda,
que estaba ligeramente lejos, entonces volvimos a la estación por
nuestros bultos y nos fuimos a Wageningen, que es donde vive Leda.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al otro día
volvimos por más a Amsterdam.  Esta vez nos fuimos al museo de la
casa de Anna Frank, una experiencia interesante aún cuando yo
francamente no he leído el libro.  Al final había una sección que
presentaba algunas situaciones de intolerancia, dilemas podríamos
decir quizás, que me pareció bastante bien lograda, y que me puso a
pensar bastante también.  Para contrarrestar la sobredosis de
actividad mental, nos fuimos a tomar un turístico paseo en bote por
los canales de la ciudad, lo que nos permitió apreciar la ciudad
desde uno de sus puntos de vista más importantes.  Luego nos paseamos un rato por el &lt;i&gt;Red Light District&lt;/i&gt;, donde están las famosas damas de la noche en las ventanas, y donde hay todo tipo de establecimientos con productos bastante... interesante.  Como a cualquier hombre, me gusta la vista de una hermosa dama, pero debo reconocer que ver a las tipas ahí en las ventanas me hizo sentir algo... incómodo, y al entrar en un &lt;i&gt;sex shop&lt;/i&gt; quedé algo escandalizada con la variedad de productos que quizás no se le hubiera ocurrido a mi poco creativa cabeza. Después,
tratamos de echarnos la mejenga de Holanda, decisiva si quería
clasificar a la segunda fase de la Euro, y sólo encontramos un bar
de mala muerte donde a duras penas veíamos la mejenga de pie.  De
todos modos, Holanda se jaló un papelón y perdió, y todo el mundo
se fue malhumorado para sus casas.  Por cierto, en el tren nos oyeron
hablando español, creyeron que era portugués (la mejenga era contra
Portugal), y casi se nos arma una bronca en el tren.  Bueno, no
realmente, pero si nos enjacharon un poco, pero todo volvió a la
normalidad cuando explicamos que era español.  Esa noche Leda nos
deleitó con buena cocina, y nos reímos un rato viendo estupideces
en YouTube.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para nuestro último
día de turistas en Holanda cambiamos de ciudad y nos fuimos a La
Haya, donde queríamos ir a un parque similar al Wunderland, que se
llama Madurodam.  Estuvo muy entretenido ver las réplicas de lugares
y demás cosas en miniatura, y me pareció gracioso la descarada
propaganda holandesa en casi todas las cosas del lugar, pero bueno,
quizás nos hace falta un poco de eso en Costa Rica.  También habían
varios niños en el lugar que impedían que nosotros nos
diviertiéramos con los juegos, los muy cabrones.  Luego completar el
recorrido nos devolvimos al centro de La Haya, una ciudad que
realmente se veía muy muy calmada, y en la que vimos parques y
plazas bastante bonitas.  Queríamos ver si nos daba tiempo de ir al
museo de Escher, el artista gráfico conocido por sus intrigantes
dibujos con infinidades, construcciones imposibles y ese tipo de
cosas, pero se nos hizo un poco tarde y cuando llegamos ya estaba
cerrado.  Un poco decepcionados, pues tomamos el tren de vuelva a
Wageningen.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esa fue nuestra
estadía en Holanda, donde la pasamos muy bien gracias a Leda,
nuestra guía, anfitriona y chef.  Para su mala suerte, este último
día Leda se empezó a sentir un poco mal, entonces nosotros nos
fuimos a cenar por ahí en Wageningen mientras ella se quedó en la
casa empijamada.  Muy temprano al día siguiente tomamos los bultos
una vez más rumbo al siguiente destino, Bélgica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_3182.jpg"  alt="Un montón de metiches en nuestra foto completamente original." /&gt;&lt;/p&gt;
</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/89501/Netherlands/Captulo-2-LEurope-sur-Place-Purple-Haze</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Netherlands</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Mon, 20 Aug 2012 04:08:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 2: L'Europe sur Place: Outside the Wall</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Ah, Berlín... &lt;i&gt;die
Hauptstadt von Deutschland&lt;/i&gt;, e irónicamente quizás una de las
ciudades menos &lt;i&gt;alemanas&lt;/i&gt; del país, al menos según lo que oí, y creo que también según lo que vi también. A Berlín llegamos procedentes de Hamburgo, y rápidamente nos dimos
a la tarea de llegar al hostal para esta ciudad.  Lamentablemente, yo
cometí un error de apreciación a la hora de reservar, y terminé
reservando en un hostal que estaba bastante lejos del centro, y que
realmente no resultó ser un hostal, pero la verdad estuvo bien,
teníamos una habitación privada por un muy buen precio, y teníamos
cocina, por lo tanto, decidí economizar un poco con una de mis
recetas estelares: pasta con pesto, con pesto ya listo.  Ese día
veníamos un poco cansados y llegamos un poco tarde, entonces decidimos simplemente quedarnos
birreando en el &lt;i&gt;hostal&lt;/i&gt; con unas birras
que compramos en el súper, mientras Ledezma y yo teníamos largas conversaciones
sobre cómo arreglar el mundo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para el día
siguiente, decidimos volver a hacer uno de los Walking Free Tours,
por las razones ya mencionadas &lt;i&gt;(buen bang for the buck)&lt;/i&gt;, y
aprendimos bastante de la larga historia de la capital alemana.  
También, por pura suerte, nos volvimos a topar con nuestras amigas
uruguayas de Hamburgo, y bueno, luego del tour pues nuevamente nos
fuimos a caminar con ellas para conocer algunos otros rincones de
Berlín que no fueron cubiertos en el tour, como la parte más larga
del muro que todavía está en pie, y que hoy tiene graffitis muy
interesantes.  Posteriormente nos despedimos de nuestras amigas y nos
devolvimos al hostal para cenar.  En una de las muestras más
extremas de confianza que he visto en el viaje, el dueño del hostal
nos dejó todo el lugar para nosotros solos, pues dijo que se iba a
navegar y que nadie más llegaba el fin de semana.  Ledezma y yo nos
sentimos parte de un extraño experimento social.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En Berlín también tenía
planeado encontrarme con mi buen amigo Paolo, que emigró
recientemente a Alemania para hacer un proyecto de doctorado en
tierras teutonas.  Ya en la noche nos pusimos de acuerdo con él y
nos vimos, y nos lanzamos a conocer un poco la vida nocturna de
Berlín.  Es curioso, francamente no hicimos gran cosa mas que
caminar por acá y por allá, pero realmente me gustó lo que vi, los
S-Bahn que llegaban a la parada venían cargados con todo tipo de
gente lista para pegarse la fiesta, incluso había un carajo que
traía un &lt;i&gt;boombox&lt;/i&gt; en un coche, y que por lo tanto llevaba la
fiesta con él.  Es realmente difícil de describir la energía que
sentí esa noche en la ciudad, y de nuevo, sólo caminamos por aquí
y por allá, no nos metimos a ningún bar ni nada, pero el paisaje en
las calles era simplemente fascinante, tipas góticas, carajos punks,
gente común y corriente, todos llegaban y se perdían por ahí,
caminaban entre los bares, compraban birras en los mercados y se iban
caminando con ellas... creo que suena como a La California o algún
barrio de moda para tomar en tiquicia, y sí, tiene algo de eso, pero
no sé, la gente venía como tan animada, como si fuera un festival o
algo así, y simplemente era viernes en la noche.  Ese espirítu de
la ciudad, que resulta difícil de describir acá o en cualquier lado
sin haberlo sentido, y la interesante mezcla de ciudad moderna con
parques y edificios un poco más viejos, hizo que Berlín se ganara
un lugar entre las tres ciudades que más me gustaron de Europa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para el día
siguiente nos preguntamos si ir a un campo de concentración o ir a
Potsdam, una ciudad cercana a Berlín donde están los palacios de la
vieja realeza alemana y otros puntos de interés turístico. Al final optamos por la segunda opción, y
nos reunimos con Paolo, compramos algunas cosas para hacer un picnic
y nos fuimos a Potsdam.  Me parece que fue una decisión acertada,
realmente quedé impresionado con los castillos y bellos parques de
Potsdam, hicimos un picnic en un parque muy bonito, nos paseamos por horas entre jardines, edificios históricos
y agradables bosques, aunque tuvimos que buscar refugio en un
momento por un aguacero fugaz que se vino.  Luego regresamos a
Berlín, donde fuimos a más parques cerca del castillo de
Charlottensburg.  Lamentablemente se hacía tarde y al día siguiente
teníamos que tomar un tren muy temprano, entonces decidimos ir a
cenar a un bar que se veía bastante alemán, donde comimos, nos
tomamos una birrita, y nos echamos una mejenga de la Euro.  El resto
de la noche transcurrió sin contratiempos, bueno, si no contamos el
hecho de que me caí de la cama, algo que no me pasaba desde que era
un niño.  Tuvimos que levantarnos muy temprano para tomar el tren
hacia el siguiente destino: Holanda.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_3115.jpg"  alt="El famoso (¿o infame?) Muro de Berlín, en la parte más extensa que queda en pie." /&gt;&lt;/p&gt;
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      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/89499/Germany/Captulo-2-LEurope-sur-Place-Outside-the-Wall</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Germany</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Mon, 20 Aug 2012 03:32:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 2: L'Europe sur Place: Man next door</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Luego de una ruta
no muy ortodoxa, el siguiente destino en el viaje fue el regreso a la
lógica lineal del camino.  A Hamburgo llegamos procedentes de
Copenhague, en un tren que nos preocupó bastante, pues debíamos
hacer un cambio ya dentro de territorio alemán que nos dejaba una
ventana de 6 minutos, por lo que el margen de error era muy poco. 
Afortunadamente, a pesar de los nervios iniciales, pudimos hacer el
cambio sin mayor problema, aunque la ventana resultó ser como de 3
minutos.  A nuestro hostel en Hamburgo llegamos ya muy tarde, y pues
nos fuimos directamente a dormir, no sin antes darnos cuenta de que
el baño del cuarto contaba con una disposición espacial quizás
&lt;i&gt;demasiado&lt;/i&gt; optimizada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para el día
siguiente decidimos ir al Hamburg Miniature Wunderland, una de las
atracciones más perseguidas por Ledezma, y donde yo también la pasé
muy bien, fue realmente sorprendente ver el nivel de detalle de las
maquetas del lugar, por todo lado habían pequeñas sorpresas.  El
aeropuerto con un tablero real de llegadas y salidas fue
sencillamente impresionante, y para terminar de hacerla, dentro del
lugar &lt;i&gt;se hacía de noche&lt;/i&gt; cada cierto tiempo, lo que le daba
otra cara completamente diferente a las maquetas.  Ledezma salió aún
más cargado de mercancía de ahí, pero con sus ya famosas
habilidades para acomodar carga, logró llevarla sin mayor problema
por el resto del viaje.  Luego, nos reunimos con el célebre Jorge
Elizondo, antiguo colega de trabajo de ambos que emigró a Hamburgo
gracias a una interesante oportunidad laboral.  &lt;i&gt;George&lt;/i&gt; nos
mostró un poco del Reeperbahn, el &lt;i&gt;red light district&lt;/i&gt; de
Hamburgo, donde vimos cosas a la vez chocantes e interesantes, y
posteriormente nos echamos unas cervecitas en un concierto de un par
de grupos &lt;i&gt;indie&lt;/i&gt;, donde el primero resultó ser un poco muy
&lt;i&gt;indie&lt;/i&gt;, sobre todo para el exigente gusto de Ledezma.  El
segundo me recordó lejanamente a Sigur Ros, y estuvo bien.  Esa
noche tuvimos algunos problemas para regresar al hostal, dado que
terminamos la reunión un poco tarde, y tuvimos la dicha de compartir
con un interesante personaje de la noche, un tipo alemán que en su
embriaguez resultaba molestamente amistoso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al día siguiente
nos levantamos un poco tarde debido a nuestra salida del día
anterior, y nos dirigimos a un planetario que estaba en un parque de
la ciudad.  Lamentablemente, el único show estaba en alemán, y
aunque decidimos no amedrentarnos por el idioma e intentar entender
algo, los cómodos asientos y el cielo estrellado tuvieron un efecto
algo anestésico y terminamos dormidos una buena parte del show.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Para nuestro último
día completo en la ciudad, decidimos tomar un “Free Walking Tour”,
que son tours que funcionan a base de propinas, y que ya conocía de
Barcelona.  Es una manera interesante y relativamente económica de
conocer un poco mejor las ciudades, y topamos también con suerte de
tomar un tour en español, para variar un poco del inglés por
defecto (como ya lo he dicho en otras ocasiones).  El tour estuvo
bien, y de paso conocimos a unas muchachas uruguayas con las que
pasamos caminando el resto de la tarde, hablando un poco sobre
nuestras experiencias como turistas latinoamericanos en Europa, más
que todo.  Esa noche jugaba la selección de Alemania contra Holanda
en la Eurocopa, pero de manera un poco desafortunada quizás, esa
noche también había reservado boletos para una ópera en el teatro
de ópera local.  La ópera estuvo bien, aunque la obra de turno
resultó un poco pesada, y la introducción fue difícil de superar
sin cabecear un poco.  Luego de la ópera, quisimos contactar a
nuestras amigas uruguayas para ir por algo de tomar, pero la
logística resultó imposible por problemas telefónicos, y tuvimos que contentarnos con echarnos
el resto de la mejenga en una de las pantallas gigantes en la ciudad.
 Afortunadamente para nosotros, y para ellos, los alemanes ganaron y
las calles se llenaron de gente festejando... aunque bueno,
francamente creo que en Costa Rica la fiesta hubiera sido mucho más
fuerte, pero bueno, no estamos acostumbrados a victorias de ese tipo,
francamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y eso fue todo en Hamburgo, pues nos tocó partir con rumbo a Berlín la mañana siguiente, luego de unos ligeros
malestares con nuestros compañeros de cuarto en el hostal.  Hamburgo
nos dejó una muy buena impresión, de una ciudad “muy alemana”,
y afortunadamente su famoso mal clima nos fue favorable durante
nuestra estadía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_3037.jpg"  alt="Fotografía alternativa de una fotógrafa alternativa de un trío alternativo." /&gt;&lt;/p&gt;
</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/89478/Germany/Captulo-2-LEurope-sur-Place-Man-next-door</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Germany</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Sun, 19 Aug 2012 04:48:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 2: L'Europe sur Place: Celebration Day</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;El siguiente
destino del viaje era un país escandinavo, para conocer un poco los
países más nórdicos de Europa, aprovechar para visitar a nuestra
amiga Eugenia, y para que Ledezma cumpliera su peregrinaje hacia la
Meca de su culto personal: la fábrica de Lego y sus oficinas
centrales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lamentablemente el
camino hasta allá no estuvo exento de problemas, y me llevé el
tercer gran colerón con las aerolíneas en lo que va del viaje,
aunque al menos este fue el menos caro de todos los problemas.  Por
razones que desconozco, el vuelo se atrasó... 5 horas, y por lo
tanto, perdimos el tiquete de tren que diligentemente habíamos
comprado para ahorrarnos algunos euros y no perder mucho tiempo.  Lo
único rescatable en este caso fue que al menos nos dieron unos
cupones para poder comprar comida en el aeropuerto de Praga.  Pero bueno, una vez
aceptada nuestra suerte, llegamos a Copenhague, y de ahí  tomamos un
tren hasta Odense, que es donde vive Eugenia.  Al llegar a Odense
ella nos estaba esperando en el andén, y nos fuimos a su casa
para poder cenar y descansar un poco del viaje.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al día siguiente
Ledezma debía partir para su LEGO® tour, así que yo me fui con él
a medio conocer el pueblo un rato, y luego regresamos por sus cosas. 
Él se fue y yo decidí tomar una siesta antes de continuar mi paseo
por el apacible pueblo de Odense... una siesta que se prolongo como
hasta las 6 de la tarde, cuando ya me dio mucha pereza salir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fue hasta el día
siguiente que me sentí suficientemente repuesto como para salir a
&lt;i&gt;turistear&lt;/i&gt;, y me fui para el zoológico local, que tenían
bastantes animales interesantes, como camellos, tortugas gigantes,
pinguinos... casi de todo.  Recuerdo que estando ahí me llegó un
mensaje de Ledezma, que de primera entrada se lamentaba por que no
podía comprar nada en la tienda de empleados, a pesar de los
descuentos &lt;i&gt;ridículos&lt;/i&gt; de la tienda.  Tres minutos después
recibí un nuevo mensaje, esta vez todo en caps, luego de que Ledezma
se diera cuenta de que le ofrecían envío gratis por DHL hasta Costa
Rica de una cantidad determinada de cajas.  Luego de mi visita al
zoológico, regresé a la parte más céntrica de Odense para caminar
un rato con Eugenia y su amiga venezolana, Cristina.  Posteriormente
fuimos a un bar barato, donde los amigos de Eugenia trataron de
quebrarme con un bombardeo de shots, que por dicha pude resistir. 
Eugenia y yo nos retiramos antes de que continuara la bebida,
teníamos planeado levantarnos relativamente temprano al día
siguiente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuestra misión al
día siguiente era reunirnos con Ledezma en Legoland.  Tuvimos que
levantarnos temprano y tomar un tren y un bus para llegar hasta ahí,
y topamos con pésima suerte porque al menos en la mañana hizo un
clima espantoso, y nos mojamos.  Afortunadamente el clima mejoró un
poco luego y pudimos disfrutar del parque, pero a mí esa mojada me
costó el primer resfrío del viaje, y pasé todo el fin de semana
hecho una verdadera porquería.  Creo que lo mejor del parque son los
modelos en Lego que tienen de varios edificios daneses, y en general
del mundo, realmente impresionante esta parte del parque.  También
hay un par de montañas rusas interesantes, y un extraño instrumento
de tortura al que le llaman juego, un brazo robótico programable
donde Eugenia casi que me licuó el cerebro con unos extraños
movimientos, a pesar de que yo le advertí que no soy el mejor
compañero para estos juegos.  Al final de la jornada pues nos
reunimos con Ledezma, quien aún cuando envió la mayor parte de sus
cosas por DHL, igual venía con su bulto notablemente más cargado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El fin de semana ya
teníamos planeado que nos iríamos para Copenhague, la capital
danesa.  Nos fuimos bastante temprano con Eugenia y Cristina, y allá
en Copenhague nos recibió un tico amigo de Eugenia, José, que nos
trató como si fuéramos compas de toda la vida, otra muestra más de
generosidad  y hospitalidad que me ha tocado ver en este viaje.  Jose
nos mostró un poco la ciudad antes de tener que retirarse para un
compromiso previo que tenía, pues había quedado de ver el partido
de Dinamarca – Holanda con unos conocidos.  Nosotros hicimos lo
propio y nos fuimos a buscar un lugar para ver la mejenga, y nos
encontramos una interesante exposición de esculturas de arena
también.  El partido nos lo echamos en una pantalla que pusieron al
aire libre, en medio de la tensión de todos los daneses, que ganaron
pero que pasaron echando agua del bote toda la mejenga.  Luego la
gente se tiró a la calle a festejar, pero lamentablemente ya para
ese entonces realmente me aquejaba el resfrío y me sentía hecho una
porquería, y no me pude sumar a las celebraciones danesas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para el domingo,
día final de nuestra estadía en Copenhague y en Dinamarca, nos
tiramos a la calle en cletas, bajo la guía de Jose, que nos explicó
un poco las reglas para no hacer tantas caballadas en las calles. 
Anduvimos casi que por todo Copenhague, pudimos ver el estadio de
fútbol, la famosa sirenita (una de las atracciones turísticas más
&lt;i&gt;underwhelming&lt;/i&gt; que he visto hasta el momento, en realidad), y
otros puntos de interés, para terminar la tarde, antes de ir a tomar
nuestro tren, en Cristiania, un lugar bastante extraño de definir...
es una pequeño barrio donde muchas cosas son &lt;i&gt;permitidas&lt;/i&gt;, y
donde hay 3 reglas: disfrutar, no correr, y no tomar fotos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero bueno, luego
de echarnos una birrita rápidamente en Cristiana, corrimos a dejar
nuestras bicicletas y de ahí nos fuimos a la estación.  Dinamarca
también me dejó una muy buena impresión en casi todos los
aspectos, excepto en el económico, porque vaya que todo nos salía
muy caro allá, aún si lo ponemos en perspectiva europea.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_2845.jpg"  alt="Nuestra anfitriona y Ledezma, con una cara de incredulidad." /&gt;&lt;/p&gt;
</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/89468/Denmark/Captulo-2-LEurope-sur-Place-Celebration-Day</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Denmark</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Sat, 18 Aug 2012 07:24:00 GMT</pubDate>
      <slash:comments>0</slash:comments>
    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 2: L'Europe sur Place: With a Little Help from my Friends</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;A Praga llegué con
el trasero un poco cuadrado, luego de tomar un tren que duró unas 7
horas de Budapest hasta Praga.  La verdad no se pasó tan mal,
aproveché para dormir y hacer mi forro de checo, como lo hice en
Hungría con el húngaro, lamentablemente luego se me perdió y luego
no lo volví a encontrar.  Pero bueno, en realidad lo que más me
preocupaba era la logística para poder encontrarme con mi siguiente
compañero de viaje, el famoso Luis Ledezma, que aprovechó un
&lt;i&gt;compromiso&lt;/i&gt; suyo para venirse a viajar un rato por Europa
también.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El problema
logístico no era para menos, Ledezma tenía tan sólo algunas horas
para -según yo- conseguir un SIM prepago y mandarme un mensaje
diciéndome cómo nos íbamos a ver.  Por lo menos ya teníamos un
hotel reservado, pero yo por guebón ni me tomé la molestia de ver
cómo llegar al mentado hotel.  Eso me mantuvo preocupado buena parte
del viaje en tren, hasta que finalmente Ledezma se logró comunicar
conmigo de una manera algo ingeniosa.  Al llegar a la estación, y
luego de perderme un poco, encontré el hotel y ahí estaba
esperándome el famoso Ledezma.  Como los dos estábamos algo
cansados del viaje, y como de por sí ya era tarde, pues decidimos no
hacer gran cosa, nos acomodamos y luego salimos a caminar por las
calles de Praga, una ciudad que me resultó bonita y donde nos
perdimos bastante, pero bueno, como ya me ha quedado más que claro,
eso es tan sólo una parte más de la experiencia.  En varias
ocasiones algunos tipos empezaron a hablar con nosotros para
promocionar alguno de los muchos &lt;i&gt;clubes para caballeros&lt;/i&gt; de la
ciudad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al día siguiente,
decidimos ir a un pueblo que está relativamente cerca de Praga que
se llama Kutná Horá.  El objetivo ahí era ir a una particular
capilla que está toda decorada con los restos de un montón de
pobres desgraciados que murieron en alguna guerra hace mucho tiempo. 
Llegamos al lugar y duramos un poco llegando a nuestro objetivo, pues
nos perdimos una vez más (por la falta de fe de Ledezma en la
señalización vial local)  La capilla esta es uno de los lugares
más... &lt;i&gt;tenebrosos &lt;/i&gt;en los que he estado en el viaje, me
atrevería a decir que hay un olor bastante característico en el
lugar.  Además de visitar esta capilla, aprovechamos para visitar
una iglesia bastante grande en honor a Santa Bárbara.  Ya de vuelta
a Praga, pues aprovechamos para caminar un poco más por la ciudad, y
a la hora de comer tuve un gracioso incidente por subestimar el
picante en los platos europeos.  Para complicar aún más las cosas,
justamente en Praga fue la primera ciudad donde fui víctima de
algunas molestias estomacales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al otro día,
el objetivo fue visitar el área del castillo de Praga, que es
posiblemente la principal atracción turística en Praga.  Optamos
por comprar el tiquete de visita corta, y visitamos cinco puntos de
una manera relativamente rápida.  De pura casualidad, nos topamos un
museo de juguetes, donde obviamente Ledezma &lt;i&gt;tenía que&lt;/i&gt; ir.  De
todas formas estuvo entretenida la visita, y habían juguetes de
veras bastante significativos, como la primera Barbie, por ejemplo. 
Luego, yo quise ir al museo de Kafka, que quedaba cerca del área. 
Este museo también estuvo interesante, aunque bueno, luego me quedé
pensando qué pensaría Kafka de la manera en la que se presentan las
cosas.  Ya para terminar  nos dirigimos a cenar a un pequeño
restaurant/cervecería donde tenían sus propias birritas, y donde
obviamente procedimos a hacer una buena degustación con una
agradable cena.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A pesar de que
sentí que conocí Praga &lt;i&gt;muy por encima&lt;/i&gt;, en contraste con Budapest, por ejemplo, pues definitivamente
fue una ciudad bastante llamativa, donde la verdad no tomé
suficiente cerveza, ahora que lo pienso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_2592.jpg"  alt="La Iglesia "Týn", uno de los edificios más característicos de Praga. " /&gt;&lt;/p&gt;
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      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/89467/Czech-Republic/Captulo-2-LEurope-sur-Place-With-a-Little-Help-from-my-Friends</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Czech Republic</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Sat, 18 Aug 2012 06:09:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 2: L'Europe sur Place: À l'envers de l'endroit</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Debo confesar que
esta ciudad no estaba en los planes originales que tracé cuando
trataba de resolver en Costa Rica el &lt;i&gt;travelling Juancho problem&lt;/i&gt;,
pero vaya que me llevé una muy agradable sorpresa con esta decisión.  La ciudad en cuestión no es otra que Budapest, la capital de Hungría.  Era
una decisión obvia, las condiciones iniciales suponían que debía
trasladarme de Bucarest a Praga, donde me encontraría con un
invitado especial en el viaje, y por lo tanto resultó natural que
decidiera quedarme unos pocos días en Budapest, y así ampliar un
poco la experiencia de Europa del Este, que lamentablemente ha
quedado en una especie de segundo plano en este viaje.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A Budapest llegué
en un tren, proveniente de Cluj-Napoca, al noroeste de
Rumania.  Sería la primera vez que tomara un tren de un trayecto tan
largo, pero la verdad cayó bien el viaje para descansar un poco,
pues la noche anterior había resultado un poco corta con la salida
en la que terminé con una gente que conocí en el hostel de turno. 
Además, me dio tiempo de investigar un poco sobre la ciudad, y más
importante aún, sobre el lenguaje.  El húngaro (Magyar) es uno de
los idiomas más singulares que se hablan en Europa, y es uno de los
pocos que no son de los llamados &lt;i&gt;indo-europeos&lt;/i&gt;.  Además,
cuenta con otras características linguísticas que lo hacen un
idioma muy diferente a lo que estamos acostumbrados del otro lado del
charco.  Aún así, y aunque
difícilmente pueda decir que aprendí o aprecié mucho el idioma en
tan sólo tres días, por alguna razón me gustó o me llamó la
atención de manera particular.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero bueno, una vez
salí de Keleti, la estación de tren, tenía hora y media para
conseguir florints, la moneda local, comprarme un desodorante porque
quebré muy torpemente el que tenía (que era de vidrio), volver a la
estación, dejar mi bulto guardado en uno de los lockers de la
estación, comprar un pase de 72 horas de transporte público, y
llegar hasta el Óperaház, el teatro de ópera local, donde vería
una presentación de Madama Butterfly, una de las más conocidas
tragedias, que a pesar de ser tan popular nunca había visto en suelo
tico.  Es difícil expresar realmente por qué, pero lo cierto es que
mientras caminaba en Budapest sentí una extraña calma, una alegría
Mi vestimenta &lt;i&gt;formal&lt;/i&gt; muy posiblemente chocaba un poco con la
gran mayoría del público que vestía elegante y sobriamente, más
espero que puedan comprender que dadas mis circunstancias, mi atuendo elegido para la noche eran los trapitos de dominguear.  La
función estuvo bien, aunque lamentablemente no recordé repasar el
libreto, y los subtítulos en húngaro causaron un efecto de doble
distracción: no sólo inconscientemente siempre los veía para ir
entendiendo -según yo- lo que iba pasando, sino que posteriormente
me quedaba medio ido pensando en qué putas significaba eso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego de la
función, debía ir por mi bulto nuevamente y trasladarme a otra
estación de metro, Széll Kálmán tér, donde me iba a esperar la
persona encargada de mi &lt;i&gt;hospedaje&lt;/i&gt; en esta ciudad.  Al decirlo
así suena como que tenía a alguien con uno de esos cartelitos
esperándome, pero en realidad era un poco diferente.  Para Budapest
decidí utilizar CouchSurfing, que es un sitio/comunidad en Internet
donde uno puede ofrecer su casa para hospedar gente, y a la vez
buscar gente para hospedarse, todo de manera gratuita, y la idea es
poder compartir con la gente de diferentes culturas, ya sea
quedándose en la casa de alguien o recibiendo gente en la de uno. 
Sería muy hipócrita si dijera que la parte económica no le pasa a
uno por la cabeza al buscar alternativas como esta, mas la mejor
parte fue definitivamente que logré aprender un montón más sobre
la cultura y costumbres de Hungría gracias a Mili, la muchacha que
me recibió en su casa luego de algunos días de intercambio de
mensajes por Internet y de ponernos de acuerdo en algunos detalles. 
Mili me dedicó buena parte de su tiempo aún cuando tenía bastante
trabajo en esas fechas, pacientemente me ayudó a aprender las pocas
frases de húngaro que logré pronunciar relativamente bien, e
incluso me recibió con una birrita el día que llegué a su casa. 
Creo que no se le puede pedir más a la vida... ah bueno, sí, Mili
habla un español excelente, entonces hasta pude descansar un poco
del modo turista (inglés por defecto).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero bueno, al día
siguiente me dediqué a turistear como siempre, luego de que Mili me
mostrara el mercado principal de Budapest antes de irse para su
trabajo.  Caminé comiéndome un kilo de cerezas sin mucho rumbo por
un buen rato, entre parques y avenidas, y luego me dirigí a la
colina del castillo de Buda, donde se pueden apreciar vistas muy
bonitas de la ciudad, sus edificios más importantes, y el río
Danubio.  Vi los edificios, otra de esas impresionantes iglesias
europeas, y hasta disfruté del concierto de una orquesta que llegó
a tocar en un parquecito en la colina.  Luego me dirigí al
Parlamento, donde según yo iba a conseguir boletos para un tour como
con sólo una hora de anticipación.   Luego me di cuenta de había
que llegar super temprano para esos tours (de hecho no pude hacerlo
en mi estadía), pero igual seguí viendo la ciudad, la basílica de
St. Stephen, la sinagoga más grande de Europa, y bueno, otras plazas
y estaciones, donde a veces terminaba porque me perdía.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para el día
siguiente me propuse ir a uno de los “baños” de la ciudad, que
son bastante tradicionales.  Pensé en ir a Széchenyi , entonces ya
con más confianza me dirigí al lugar, pero me di cuenta de que me
había quedado sin florints.  Caminé tanto rato buscando donde
cambiar euros que para cuando cambié tuve que tomar el metro de
vuelta otra vez.  Al llegar al lugar ya con dinero, pues sentí que
no me atendieron nada bien,  entonces decidí irme a otro lugar,
donde me atendieron mejor, a pesar de haber leído antes que el
personal no hablaba mucho inglés.  En fin, ese día se me fue metido
en aguas termales bajo un domo de estilo turco, donde incluso creo
que viajé en el tiempo, porque no sé como se me hicieron tan
rápidas las cinco horas que pasé ahí metido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En las noches,
cuando Mili había salido de su trabajo, íbamos por comida y/o unas
birritas, y conversábamos de temas diversos: economía, videojuegos,
música, cultura tica y cultura húngara, un poco de trabajo, viajes,
idiomas, mascotas, etc.  De cierta manera me gustó esta manera de
&lt;i&gt;turistear&lt;/i&gt; (aunque Mili insistía en que yo no soy un turista
en todo el sentido de la palabra), por el día conocía la ciudad &lt;i&gt;por
fuera&lt;/i&gt; y por la noche conocía, al menos un poco, la ciudad &lt;i&gt;por
dentro&lt;/i&gt;, un cambio agradable en comparación a una estadía usual
en un hostal, donde , por más que uno conozca gente divertida e
interesante, no suelen haber muchos locales hospedados.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ciertamente fue un
poco difícil despedirme de la ciudad, como casi siempre en este
viaje, pero en Budapest también tenía que despedirme de &lt;i&gt;alguien&lt;/i&gt;.
 Ya me lo había dicho ella misma: “esto es lo difícil del
CouchSurfing, llegan los surferos por dos o tres días y te
acostumbras, ellos se acostumbran a ti, y luego se van y uno los
extraña por un tiempo”.  Me despedí de Mili y de Budapest al filo
de la navaja, un poco presionado porque tenía muy poco tiempo para
llegar a la estación de tren.  Mientras me alejaba de la ciudad
hacia Praga, me quedé pensando en cómo realmente Budapest fue algo
que más o menos improvisé, en lo mucho que me gustó la ciudad, y
lo interesante que resultó conocer la ciudad y el país un poco más
allá de los lugares que todo el mundo visita y las fotos que todo el
mundo toma.  Son experiencias como esa las que han resultado más
satisfactorias en mi viaje, llevarse la sorpresa de que a pesar de
las barreras culturales, de diferencias de lenguaje, de tantas cosas
que parecieran separarnos, pues uno puede sentarse con perfectos
extraños del otro lado del mundo y tener una conversación y ver que en
el fondo somos todos humanos y, por difícil que parezca a veces,
somos bastante similares.  Köszönöm szépen, Mili!  Szerettem Budapestet.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_2529.jpg"  alt="A Magyar Országház." /&gt;&lt;/p&gt;
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      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/89221/Hungary/Captulo-2-LEurope-sur-Place-lenvers-de-lendroit</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Hungary</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Sat, 4 Aug 2012 07:35:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 2: L'Europe sur Place: Le vent nous portera</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Transilvania no es
realmente una ciudad, es más bien una región de Rumania (que dicho
sea de paso ha tenido una historia algo tumultuosa, ha cambiado de
manos varias veces) que es normalmente asociada con cosas oscuras,
con vampiros y brujas.  Es también una región que quedaba
convenientemente ubicada para mis propósitos de hacer una ruta
turística hasta Praga, próximo lugar donde &lt;i&gt;tenía &lt;/i&gt;que estar.
 Esta fue la primera vez que estuve realmente solo en el viaje, y
debo decir que aunque al principio estuve algo preocupado, pues la
verdad la experiencia fue bastante buena, aunque sólo fuera por un
par de días que estuve viajando sin mayor compañía.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La primera ciudad a
la que me dirigí se llama Sibiu, y está a unas 5 horas en bus de
Bucarest, de donde salí bien temprano, como a las 7 y 45 de la
mañana.  Luego de un viaje en el que pasé dormido el 75% del
tiempo, llegué a la encantadora y pequeña ciudad, que tenía un
aire particular, y donde vi por primera vez los que denominé los
techos “Big Brother”, techos que tenían ventanas que parecen
ojos, que podrían a sudar a los más paranoicos.  Luego de llegar,
me movilicé al hostel de turno, un pequeño lugar con unas 16 camas
y con una de las soluciones de baño más... originales que he visto
en el viaje hasta ahora.  Luego aproveché para ir a comer comida
típica rumana a un restaurante cerca del pueblo, y posteriormente
hice uso de mi encanto natural y mi extrovertida personalidad para
hacer unos amigos en el hostal, con los que pasé el resto del día. 
Terminamos en un concierto/show de un grupo de músicos/cómicos
bastante interesantes, y luego cenamos una pizza en uno de los pocos
restaurantes que quedaba abierto.  Uno de los tipos que conocí tenía
2 años y 7 meses de estar viajando, y le quedaba sólo una semana de
viaje.  Él decía que iba a ser difícil, pero que ya iba siendo
tiempo de volver a la vida real.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al día siguiente
me movilicé de nuevo, esta vez a la Ciudad de Cluj-Napoca, para irme
acercando más a Hungría.  En esta ciudad tuve algunos problemas
para llegar al hostel, pero una vez que llegué me llevé la
agradable sorpresa de que el personal era realmente excelente, y los
encargados rápidamente se hacían compas de todos los huéspedes. 
Ese día según yo iba a caminar por todo lado para tomar fotos aquí
y allá, pero en cambio terminé saliendo con un grupo de gente del
hostel, entre ellos la dueña y su novio, un estadounidense que
trabajaba como &lt;i&gt;hostel consultant&lt;/i&gt;, uno de los trabajos más
singulares que haya visto en la vida.  Primero fuimos a un
restaurante donde por fin puede probar el Papanasi, un postre típico
rumano que son como donas fritas con natilla y jalea de mora, no muy
&lt;i&gt;light&lt;/i&gt; que digamos, pero bastante bastante bueno.  Luego,
salimos a echarnos unas birritas, y anduvimos por varios lados, poco
a poco el grupo se fue desgranando, hasta que quedamos sólo el
&lt;i&gt;hostel consultant&lt;/i&gt;, un holandés y yo, tomando la última birra
en un bar de jazz cerca de las 4 am de la mañana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No pude dormir
mucho porque tenía que tomar mi tren hacia Hungría a eso de las 10 de la
mañana, pero bueno, rápidamente tomé mis cosas al día siguiente,
y me marché a la estación de tren, con muy buenos recuerdos de esta
primera experiencia viajando solo, y con el deseo de que sean ratos
como este más la regla que la excepción cuando llegue el momento en
el que tenga que viajar solo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_2438.jpg"  alt="BIG BROTHER IS WATCHING YOU" /&gt;&lt;/p&gt;
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      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/88688/Romania/Captulo-2-LEurope-sur-Place-Le-vent-nous-portera</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Romania</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Fri, 3 Aug 2012 19:48:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 1: L'Europe à emporter: Back in the USSR</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Bucarest fue una bocanada de aire
fresco que venía esperando como desde Roma, porque era la ciudad
donde nos esperaba la casa de un amigo, que tanta falta nos hacía
después de dormir no muy bien en los hostales.  Esta vez el amigo
era más amigo de mi hermana que mio, pero de todas formas me recibió
como si fuéramos amigos de toda la vida.  Max, nuestro anfitrión,
fue de esas muchas personas que me he topado en mi viaje que ha sido
sumamente generoso y amable conmigo.  Max también fue por nosotros
al aeropuerto de Bucarest, y nos acompaño luego en nuestra primera
cena en suelo rumano, donde aprendimos un poco sobre la extraña
forma de “armar” los platos en Rumania, y donde recordamos lo
buenas que son las leyes antifumado para los que no solemos pasar con
un cigarro en la mano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para mi hermana ese fue el fin de las
vacaciones, ya que al día siguiente tenía que trabajar.  Yo por mi
parte me dediqué ese día, y prácticamente hasta el jueves, a no
hacer absolutamente nada.  Estaba realmente agotado de ese primer mes
de viaje tan ajetreado, y traté de reponer sueño y reposo perdido. 
El clima de Bucarest también se alió con mis &lt;i&gt;ganas de descansar&lt;/i&gt;,
creo que llovió todos los días que estuve en la ciudad.  En buena
parte, empecé a planear la siguiente parte del viaje, y para tratar
de ser útil, me propuse ser el chef de turno para Max y mi hermana,
y aunque no soy una estrella de la cocina, pues saqué adelante la
tarea durante esos días.  Quizás lo único que merece un par de
líneas acá sobre estos días es que esta fue la primera vez que me
encontré en la situación de salir a la calle solo en un país donde
no conocía para nada el idioma.  Es curioso, realmente me costó
salir la primera vez, tenía bastante temor de que alguien me dijera
algo, de no poder responder, de no entender de lo que me estaban
diciendo.  Me tomó un gran rato de preparación salir de la casa, y
eso que sólo era para ir al súper a comprar los víveres para hacer
la cena.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para el jueves decidí que aunque el
reposo estaba bien, pues también tenía que conocer la ciudad un
poco, entonces fui al centro para conocer un poco más.  Bucarest es
una ciudad que todavía deja ver claramente las marcas que le dejaron
el comunismo y la dictadura, y hay un montón de llamados “commie
blocks” en la ciudad, que eran los apartamentos que construyó el
gobierno en la época comunista, todos iguales para todo el mundo. 
Aún así, la ciudad va cambiando poco a poco su fachada, y hay
barrios que tienen todo el encanto de esas calles “a la antigua”
de muchas otras ciudades europeas.  La vista más impresionante de la
ciudad es sin duda el Parlamento, que es un edificio gigante
construido con muchísimo lujo y ostentantación.  Pude visitar el
Parlamento el viernes, en un tour en el que, según la guía, uno
sólo ve el 5% del edificio.  A pesar de ser un edificio sumamente
hermoso, resulta ser un dilema algo extraño.  Por un lado es una de
las atracciones turísticas de la ciudad, pero por otro lado, el
gobierno rumano no termina de ver qué hacer con el grandísimo
complejo, que de feria es carísimo de mantener.  Como bien lo dijo
una de las mujeres con las que hice el tour, es al mismo tiempo
impresionante y decepcionante (traducción algo liberal del inglés).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Llegado el sábado, Max muy amablemente
se ofreció a llevar al turista, o sea, a mí, a varios de los puntos
más turísticos de Rumania, en este caso el castillo Peles, el
castillo Bran, y la ciudad de Brasov.  El castillo Peles fue sin duda
el más impresionante, un castillo muy lujoso, pero que tenía un
aire &lt;i&gt;fin de siècle &lt;/i&gt;bastante
diferente a todos los otros que había visto hasta el momento.  El
castillo Bran es el llamado castillo de Drácula, y por esto es
quizás es la atracción turística más visitada en Rumania.  El
castillo en sí pues es interesante, aunque es un castillo mucho más
viejo que Peles, y por lo tanto, pues más &lt;i&gt;primitivo&lt;/i&gt;,
y bueno, todo el asunto de Drácula se ve muy por encima en la
visita.  Luego, hicimos una rápida visita a la ciudad de Brasov, que
me hubiera gustado conocer un poco más, antes de dirigirnos de
vuelta a Bucarest.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y
bueno, al día siguiente me empecé a preparar para dejar mi &lt;i&gt;casa&lt;/i&gt;
en Bucarest.  Esa sería la despedida para mí y para mi hermana, que
debía quedarse en Bucarest por razones laborales.  Yo por mi parte,
decidí hacer una ruta “turística” hasta Praga, pasando por un
par de ciudades del norte de Rumania, y posteriormente, por Budapest,
Hungría.  Este fue el final del primer capítulo de este viaje, cuyo
nombre refleja el ritmo con el que nos movimos, pero sobre todo, el
hecho de que nos movimos sobre todo en aviones (ok, no soy muy bueno
poniendo títulos).  Y sobre mi hermana, bueno, a pesar de que
tuvimos diferencias en la organización del viaje (la hice
básicamente toda yo), logramos salir sin mayores sobresaltos a estar
un mes juntos, con el estrés agregado de estar viajando y lidiando
con las aerolíneas y compañeros ebrios de hostales.  Supongo que
esta es otra muestra de esa extraña relación que tenemos, juntos
pero no revueltos nos las ingeniamos para ser unos hermanos casi
funcionales.  Muy posiblemente esto marcará un antes y un después
en nuestras vidas y en la forma en la que nos agarr... llevamos, pero
eso sólo lo sabré posteriormente.  En fin, a pesar de mis reservas
y quejas iniciales, fue un placer viajar con mi hermana... el 97% del
tiempo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;PD: ok, sé que voy súper atrasado pero voy a hacer un esfuerzo por tratar de recuperar tiempo.  Por aquello, en este momento me encuentro haciendo la valija para salir de mi retiro en la campiña francesa, con miras a salir de Europa hacia Turquía.  Hasta pronto... espero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_2359.jpg"  alt="Mi hermana y yo, cerca del castillo Peleş.  Hasta luego, Adriana." /&gt;&lt;/p&gt;
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      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/88947/Romania/Captulo-1-LEurope-emporter-Back-in-the-USSR</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Romania</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Sun, 22 Jul 2012 07:50:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 1: L'Europe à emporter: Inmigrant Song</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Nuestro viaje a la
cuna de la civilización occidental fue otro de esos destinos que más
o menos improvisé, pero que al final valieron la pena a pesar de
ciertas dificultades.  La primera dificultad no pasó exactamente en
Grecia, sino en Italia, donde, como relaté en la entrada anterior,
lamentablemente EasyJet me dejó sin avión (sí, mucho culpa mía,
pero bueno, ¿cada cuánto los aviones salen 10 minutes antes de la
hora?).  Eso causó que básicamente perdiéramos un día de tiempo
que hubiéramos aprovechado bastante en Grecia, donde mi plan era
pasar un par de días en Atenas y aprovechar nuestro tercer día para
ir a hacer un tour por algunas islas, o para ir a alguna otra ciudad
de Grecia.  Lamentablemente, nuestro tiempo se redujo
significativamente, y no tuvimos oportunidad de salir de Atenas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para empeorar
todavía un poco más las cosas, en nuestro primer día en Grecia
hizo un clima horrible, llovía bastante, y no se prestaba realmente
para nuestro plan inicial de ir a las ruinas de la Acrópolis.  Pero
bueno, como había que aprovechar el tiempo, pues nos dirigimos al
Museo de la Acrópolis, que afortunadamente si era bajo techo, y
donde de feria nos encontramos la sorpresa que era el día de los
museos o algo así, y entonces no nos cobraron la entrada, entonces
bueno, al menos por ahí nos salvamos un poco.  Después, bueno, nos
dimos a la siempre noble tarea de caminar sin rumbo entre las calles
de Atenas, donde pues vimos calles bonitas, edificios viejos, y como
siempre luego nos entretuvimos encontrando la manera de volver cerca
del hostal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al día siguiente,
pues independientemente del clima teníamos que dirigirnos sí o sí
a la Acrópolis, y bueno, afortunadamente Zeus fue benovelente y nos
bendijo con un buen clima, luego de que nos asustara con un poco de
lluvia eso sí.  Las ruinas son realmente impresionantes, hubiera
sido bonito ir y ver las columnas y eso más de cerca, pero bueno,
supongo que no se van a arriesgar con un monumento tan viejo y con un
estado ya de por sí bastante deteriorado.  Además del Partenón,
pues hay varios otros edificios y puntos interesantes, como el Teatro
de Dionisio, la Agora Romana, y otros.  Por ahí luego nos fuimos a
encontrar un buen chante para comer, y por ahí cerca del &lt;i&gt;flea
market &lt;/i&gt; de Atenas nos encontramos un lugar donde nos dieron buena
comida y había un trío tocando música típica griega.  Yo
aproveché también para pedir ouzo, un licor tradicional griego, y
bueno, en semejante ambiente me sentí como los dioses se han de
sentir en el Olimpo.  Para rematar ese día, nos fuimos de fiesta con
Reinah, una neozelandesa que conocimos en nuestro hostal, y que
también tenía una misión similar a la mía, o sea, viajar por
bastante tiempo, y que me dio algunos consejos e ideas, y con la que
terminamos la fiesta como hasta las 5 AM del día siguiente.  Algunos
latinos se nos habían unido antes, pero lamentablemente todos
aflojaron y se fueron antes a dormir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ya para terminar
nuestro tiempo en Grecia, pues nos fuimos a ver algunas ruinas
&lt;i&gt;menores&lt;/i&gt; que no habíamos visto el día anterior, y luego nos
fuimos al aeropuerto con tiempo de sobra, luego de aprender nuestra
lección en Roma.  Hubo un susto menor cuando nos pidieron nuestras
visas rumanas, y yo tuve un ligero flashback a mi episodio del Juan
Santamaría, afortunadamente, pues esta vez nos tuvieron más
paciencia, yo expliqué mi situación, y nos dejaron abordar sin
mayor problema al siguiente destino, Bucarest.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_2180.jpg"  alt="Nunca logré encontrar el Santuario de Atena, esto fue lo más cercano :(" /&gt;&lt;/p&gt;
</description>
      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/88687/Greece/Captulo-1-LEurope-emporter-Inmigrant-Song</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Greece</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Sun, 8 Jul 2012 19:26:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Capítulo 1: L'Europe à emporter: Paseando Por Roma</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Roma... la Ciudad
Eterna fue un conjunto de sentimientos encontrados, y un destino
donde desafortunadamente algunos factores externos afectaron
negativamente nuestra percepción de una de las ciudades con una
historia más rica en toda Europa.  Aún así, pues definitivamente
es uno de esos lugares de visita obligatoria&lt;i&gt; &lt;/i&gt;que no
decepciona, y en el que también corrimos con la suerte de encontrar
varias sorpresas muy agradables.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A Roma llegamos
bastante tarde, con la idea de aprovechar bastante el día en Venecia
(que como conté en la entrada anterior, pues fue un día algo
accidentado).  Al llegar a la estación Termini nos perdimos un toque
buscando nuestro hostal de turno, pero rápidamente lo encontramos
tras preguntar un poco.  Sobre el mentado hostal, pues yo ya había
leído que era un hostal para gente que &lt;i&gt;venía a pegarse la
fiesta&lt;/i&gt;, pero como de todas maneras los reviews no eran tan malos
y era de los mejores que vi en Roma, pues pensé que lo de la fiesta
tal vez no iba a ser tanto problema o al rato no iba a caer mal.  Al
llegar, nos dimos cuenta de que el establecimiento este era más un
bar que un hostal, y no había área común que no fuera el bar.  De
momento no le di mayor importancia, y como llegamos tan tarde,
básicamente nos fuimos a dormir de inmediato.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al día siguiente
improvisamos nuestro itinerario y compramos un “Roma Pass” que
nos daba transporte público ilimitado por tres días y entrada
gratis a dos atracciones turísticas.  Decidimos empezar con el Museo
Capitolini, donde, además de contar con importantes obras entre sus
exposiciones regulares, nos encontramos una exposición sumamente
interesante de “los archivos secretos del Vaticano”.  No vimos
ningún secreto de estado ni cuando se va a acabar el mundo ni nada
por el estilo, pero habían objetos muy interesantes, como una carta
de una emperatriz china escrita al papa en un lienzo de seda, cosas
relacionadas a los juicios de Galileo, en fin, creo que es la mejor
exposición que me he topado en un museo hasta el momento.  Luego del
museo turisteamos por ahí y caminamos entre varios puntos de interés
de la capital italiana, como la Fontana Trevi, Piazza di Popolo, las
“Escaleras Españolas” y otros por ahí.  Ya de vuelta en el
hostal, nos dimos cuenta de uno de los primeros problemas que tuvimos
ahí, el wi-fi era bastante flojito y servía más o menos cuando le
daba la gana, o simplemente estaba demasiado saturado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al día siguiente
fuimos al complejo de ruinas romanas que incluye el Coliseo, el Foro
Romano y las ruinas del palacio Palatino.  Es una lástima que las
ruinas no se conservan en un mejor estado, pero el Coliseo es
realmente impresionante aún en su estado actual, un estadio con
capacidad para cincuenta mil personas es aún hoy en día un proyecto
arquitectónico grande y complejo.  Recuerdo que ese día hacía un
clima sumamente agradable para visitar ruinas al aire libre y
sentirse un poco sumergido en la historia de una colina que fuera
básicamente el centro del mundo.  Desafortunadamente nuestras noches
no eran tan rejaladas, porque en nuestro cuarto del hostal tres de
nuestros compañeros eran unos canadienses que llegaban bastante
tarde, bastante ebrios, y hacían bastante bulla cuando finalmente se
iban a dormir.  Curiosamente nuestro otro compañero era un fotógrafo
&lt;i&gt;freelancer&lt;/i&gt; que se levantaba a las 4:30 AM para ir a tomar
fotografías a las principales atracciones turísticas de Roma, pero
sin los turistas, y creo que tampoco apreciaba mucho el
comportamiento de nuestros otros compañeros.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El martes decidimos
concentrarnos en dar vueltas por la ciudad, y terminamos en el sector
de Travestere, que me pareció agradable porque no había tanta gente
como en el resto de la ciudad, además de que se veía, por decirlo
así, más antiguo, más calmado, con calles irregulares que parecían
ser de hacía algunos siglos.  Nos topamos con una interesante
exposición de fotografías que nos llamó bastante la atención.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El miércoles lo
dejamos para ir a conocer los puntos de interés del Vaticano.  Al
llegar pudimos ver al Papa como un punto blanco en la distancia,
mientras daba una audiencia que según tengo entendido da todos los
miércoles.  Ahí estaba finalmente la famosa plaza de San Pedro y la
Basílica del mismo nombre que en tantas películas ha visto uno. 
Esperamos un momento a que terminara la audiencia del papa y nos
dirigimos al Museo Vaticano, una de las colecciones de arte más
impresionantes del mundo, y una que incluye una de las obras de arte
más reconocibles del mundo: la bóveda de la Capilla Sistina, la
famosa pintura de la creación y Adán y eso.  Es innegable el valor
artístico y la belleza de ésta y mucha otras obras que están en
este museo, no obstante, esta visita me dejó reflexionando sobre
algunas cosas.  Es el museo más caro al que he entrado en Europa, y
fue posiblemente el más concurrido también de todos, o al menos en
el que más me atacó la claustrofobia.  Toda la visita se sintió
como una carrera de todos los turistas, incluidos nosotros, hasta
cierto punto, para ver la bendita bóveda de la Capilla Sistina. 
Hubo alas del museo que mucha gente simplemente se saltó.  Los
frescos de los “apartamentos de Rafael” son sencillamente
impresionantes, personalmente me gustaron más que lo que vi luego en
la Capilla Sistina.   Al llegar a la Capilla Sistina en sí pues me
topé con varias situaciones que fueron las que luego me hicieron
pensar un poco.  Para empezar, como lo mencioné antes, toda la
visita al museo se siente, tanto por como está planificada como por
la manera en que se mueve la gente, como un gran preámbulo para la
Capilla, y mucha gente obvia quizás muchas cosas muy interesantes
antes y después de la parte de la Capilla.  Lo otro que me puso a
pensar fue la prohibición de tomar fotos en el lugar, y varias cosas
que se desprenden de esta regla.  Creo que todo el mundo hace caso
omiso a la regla y toma fotos, con varios grados de disimulo, porque
hay varios guardas que &lt;i&gt;tratan&lt;/i&gt; de que la gente no tome fotos. 
Mi hermana trató de tomar una y una guía de un grupo portugués
casi le pega con una sombrilla que andaba.  Otra gente por otra parte
se tomaba fotos en grupo, fotos para arriba, para abajo, con o sin
flash, en fin... y entonces me pregunto, ¿por qué prohibir tomar
fotos si todo el mundo lo va a hacer?  ¿Por qué la gente, entre los
cuales me imagino habían muchos católicos más o menos
practicantes, simplemente no le hace caso a la regla?  Si el lugar es
&lt;i&gt;tan &lt;/i&gt;sagrado, ¿por qué dejar pasar a tantísima gente de
manera tan atropellada? ¿Qué nos lleva como &lt;i&gt;turistas&lt;/i&gt; a
buscar esas fotos de lugares y cosas que han sido fotografiados miles
de veces, por los mejores fotógrafos y con los mejores equipos, a
pesar de que está prohibido, independientemente de las razones de
dicha prohibición?  Pero bueno, supongo que como todo el mundo, yo
estaba ahí porque &lt;i&gt;hay que ir&lt;/i&gt; al museo del Vaticano si uno va
a Roma.  Para terminar de hacerla ese día, nuestros compañeros de
cuarto del hostal decidieron transportar la fiesta hasta el cuarto,
haciendo bastante bulla hasta altas -o bajas más bien- horas de la
madrugada, y sin invitarnos tan siquiera.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para el día
siguiente estaba planeada nuestra salida hacia Grecia, la última
parada del viaje para mi hermana, y la última parada en lo que yo
concebí como la primera fase del viaje.  Para terminar de llevarme
una mala impresión del país (o más bien de la actitud de mucha
gente), ese día fue bastante desafortunado.  Calculamos para llegar
hora y treinta antes de que el avión saliera, que quizás fue
nuestro primer error, pero no contábamos con el verdadero desorden
que había para tomar el bus hacia el aeropuerto, y perdimos el bus
que pensábamos tomar inicialmente.  Quizás en ese momento debimos
tomar un taxi hacia Fuminicio, y en retrospectiva, la verdad me
arrepiento de no haber tomado esa decisión, pero lo cierto es que
esperamos el siguiente bus y llegamos con unos 50 minutos de tiempo
al aeropuerto.  Nos perdimos un poco inicialmente, duramos un buen
rato pasando por seguridad, y cuando parecía que íbamos a llegar
hasta con 10 minutos de tiempo, al llegar al &lt;i&gt;gate &lt;/i&gt;nos dijeron
que el vuelo ya había salido, y que la hora indicada de salida es la
hora en la que el avión ya tiene que estar “en las calles”.  En
un país donde la puntualidad suele ser la excepción más que la
regla (como en Costa Rica), este exceso de eficiencia resultó la
gota que derramó el vaso de la mala suerte, y nos costó como 8
horas de tiempo y una cifra no tan despreciable de dinero (aunque
dado el tiempo con el que compramos el tiquete, pues la verdad el
precio no estuvo TAN mal).  Nuevamente las aerolíneas &lt;i&gt;baratas&lt;/i&gt;
me jugaban una mala pasada que desafortunadamente no ha sido la
última.  Lo que he aprendido de este viaje es que entre más viajo
en avión, más me gustan los trenes, aunque sean más lentos y
muchas veces hasta más caros.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero bueno, eso fue
Roma, donde la mala suerte y algunos factores ajenos mancharon
nuestra experiencia en una de las ciudades más importantes en toda
la historia occidental.  El el aeropuerto e quedé pensando que tiré
una moneda (cinco céntimos de euro) en la Fontana Trevi, con lo que
supuestamente garanticé mi regreso a Roma.  Espero tener mejor
suerte la próxima vez.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;PD: Gracias Cerati,
me la pusiste facilísima.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;PPD: Luego de haber escrito esto alguien me dijo que la razón por la cual no se pueden tomar fotos en la Capilla Sistina es que una empresa, japonesa si mal no recuerdo, ayudó económicamente para la restauración y ahora son dueños de los derechos de imagen o algo así.  Me da pereza verificar la historia y reescribir mi profundísima disertación, así que así se queda, ya duro suficiente posteando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_1724.jpg"  alt="El coliseo y otro monumento." /&gt;&lt;/p&gt;
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      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/87999/Italy/Captulo-1-LEurope-emporter-Paseando-Por-Roma</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Italy</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Sat, 9 Jun 2012 07:36:00 GMT</pubDate>
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      <title>Capítulo 1: L'Europe à emporter: El Barco</title>
      <description>
	
	
	


&lt;p&gt;Venecia es un
conjunto de cosas increíbles: la ciudad en sí, su historia, la
facilidad para perderse aún consultando un mapa cada diez minutos,
el precio que se dejan cobrar por un viaje en góndola, y la cantidad
de gente que se encuentra uno en la Plaza de San Marcos a básicamente
cualquier hora del día.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero bueno, para
empezar como siempre con los detalles logísticos, a Venecia llegamos
muy tarde, a eso de las 11 de la noche, y bueno, en realidad no
llegamos a Venecia, sino a un pueblo cercano que era donde estaba el
&lt;i&gt;bed and breakfast&lt;/i&gt; donde nos hospedamos.  Decidimos hospedarnos
ahí porque cualquier otra cosa significaba un golpe significativo
al presupuesto, y antes de buscar hostales pensé que nos caería
bien unas noches donde tuviéramos una habitación sólo para
nosotros.  Mónica, la dueña italiana del lugar fue por nosotros
porque de otra manera no hubiéramos podido llegar tan tarde, y
rápidamente empezamos a conversar sobre Venecia, Roma, y sobre
turistas víctimas de esas típicas trampas diseñadas especialmente
para uno que no está completamente al tanto de la situación.  Como
llegamos tan tarde y veníamos bastante cansados de Barcelona, ese
día casi que llegamos y nos fuimos directo pa'l sobre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fue hasta el día
siguiente que fuimos a la famosa ciudad de Venecia.  Al estar
razonablemente lejos de la ciudad, teníamos que tomar un bus hasta
ahí, no sin antes recorrer unos 3 kilómetros en unas bicicletas que
habían visto mejores días.  Independientemente de su condición
mecánica, debo decir que los paseos en dichas bicicletas son, quizás
extrañamente, de las cosas que más recuerdo de mi estadía en
Venecia.  Habían como pequeños trozos de algodón que caían de
árboles cercanos, el sol brillaba de manera agradable, y yo
pedaleaba con la mayor tranquilidad del mundo, a pesar del insistente
sonido de los pedales que no probaban aceite en un buen rato, y ese
cuadro inesperadamente romántico se me quedó grabado de una manera
bastante particular en mi memoria (también recuerdo los viajes de
vuelta, que era básicamente lo mismo sólo que en noches bastante
oscuras, y en sectores sin iluminación artificial, y nunca
averiguamos cómo se prendían los focos de las bicicletas, si es que
servían en primer lugar).  Pero bueno, al llegar al centro del
pueblo tuvimos que luchar contra nuestros instintos costarricenses,
pues teníamos que dejar las bicicletas “amarradas” a un lugar
para “parquearlas” durante todo el día.  Evidentemente teníamos
un candado, pero la malicia tica no tarda en hacer efecto y pensar si
eso será realmente seguro; en Costa Rica fijo alguien llega con
segueta a ganarse las cletas si nota que llevan horas solas.  Luego
efectivamente tomamos el bus y nos encaminamos, ahora sí a la mítica
capital de la Serenissima.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El laberinto de
canales que fuera la capital de una de las grandes potencias
renacentistas, y hoy es una de las capitales del turismo italiano, no
decepciona y es sin duda alguna un lugar única y una vista
impresionante.  Quizás lo malo es que eso no es ningún secreto, y
la ciudad, que es relativamente pequeña, está completamente repleta
de turistas, sobre todo en las áreas más importantes del &lt;i&gt;circuito
turístico.&lt;/i&gt;  Aparte de las naturales molestias de estar en un
lugar con demasiada gente, supongo que las cantidades masivas de
gente simplemente terminan por agotar la paciencia de la mayoría de
residentes, que son los que atienden en restaurantes, bares y
atracciones turísticas, donde nos topamos una actitud menos amable
que en los demás lugares donde habíamos estado hasta el momento. 
No obstante, igual nos dimos a la tarea de descubrir el encanto de
Venecia, y como siempre, pasamos por los obligatorios &lt;i&gt;must-sees&lt;/i&gt;:
la Plaza de San Marcos y su Basílica, el Palacio Ducal, que me
recordó un poco a Versailles por su cantidad de frescos y otros
lujos, el Puente Rialto, la isla de Murano y muchas &lt;i&gt;piazzas&lt;/i&gt;
grandes y pequeñas que terminan por armar ese bizarro rompecabezas
flotante que resultó ser Venecia.  Nos perdimos incontables veces, a
pesar de que yo juraba seguir el mapa o de que seguíamos los rótulos
con indicaciones, pero como lo leí antes de llegar, la verdad
perderse así es parte de la experiencia de la ciudad, y fue así
como encontramos lugares bonitos que la &lt;i&gt;gran masa turística&lt;/i&gt;
parece ignorar.  El exorbitante precio de los viajes en góndolas nos
hizo optar por dejar esa experiencia para una próxima visita (además
de que por alguna razón lo veo como una experiencia para una
pareja... de novios/esposos y no de hermanos), y nuestro transporte fueron los &lt;i&gt;vaporetti&lt;/i&gt;, que son botes que vienen a ser los buses en Venecia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En fin, Venecia nos
gustó por su carácter único, pero lo cierto es que también nos
cansó un poco.  El último día tuvimos que hacer filas como por una
hora y media para poder dejar nuestros bultos en la estación de
tren, y por encantador que sea perderse la verdad nos agotamos muchísimo dando vueltas y devolviéndonos para ir donde realmente
queríamos ir, y pues a decir verdad nos cansamos un poco de la
actitud no muy amable de alguna gente que nos atendió.  Aún así,
pues igualmente fue una parada sumamente interesante en nuestro
viaje, no son muchas las ciudades que sobreviven sin calles en pleno
siglo XXI.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img src="https://s3.amazonaws.com/aphs.worldnomads.com/jvgarcia/34199/IMG_1456.jpg"  alt="El puente Rialto y las góndolas de Venecia... clichés italianos desde 1700 qué te importa." /&gt;&lt;/p&gt;
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      <link>https://journals.worldnomads.com/jvgarcia/story/87887/Italy/Captulo-1-LEurope-emporter-El-Barco</link>
      <category>Travel</category>
      <category>Italy</category>
      <author>jvgarcia</author>
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      <pubDate>Fri, 8 Jun 2012 09:44:00 GMT</pubDate>
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