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Siempre un poco más lejos La infantería nunca retrocede, da media vuelta y avanza.

WP 08 - Anacleto, agente secreto

ERITREA | Wednesday, 6 September 2006 | Views [3733]

Vuelvo a la carga después de un largo silencio editorial. Quizá algunos pensabais que ya no iba a escribir mas, pero por ahora no os caerá esa breva.

Como se me ha acumulado la tarea este capitulo va a ser un cacho más extenso que los anteriores, espero que lo disfrutéis.

A ver por dónde iba...



CAMINO A DJIBOUTI

... iba por la carretera de Addis Abeba a Djibouti mascando chat con dos mendas que no hablaban ni papa de ingles. El camino es el mismo por el que fui al desierto del Dánakil.

Segundo día de ruta, diana a las tres de la mañana. Pasamos por Logia, de donde sale el desvío al norte para el Lago Afdera, en el interior del Dánakil. En un comercio que me indicó Froweini, la chica que conocí en Afdera, dejo un sobre con copias de las fotos que le prometí para que alguien de Afdera las recoja, ya que en el desierto no tienen servicio postal y esa es la única manera de que se las hagan llegar. Mucha gente me va dando sus direcciones para que les envíe las fotos que me hago con ellos, y hasta ahora voy cumpliendo con todos aquellos a los que he dado palabra.

Durante el camino paramos a comer en los restaurantes de carretera de los que conozco ya toda la liturgia. El piso es la tierra irregular, las paredes cañizos y telas, todo esta remendado o reparado, en cualquier país "civilizado" el mobiliario al completo habría ido al chatarrero hace tiempo. Las casas donde viven no son distintas. El trato con los objetos es aquí más desordenado y falto de higiene, más acorde con la verdadera naturaleza de las cosas; todo parece poder durar en su estado actual mucho más que las impolutas casas en las que vivimos, que exigen un mantenimiento perpetuo.

Continuamos hacia el este y por la tarde, horas antes de que me caduque el visado etíope, cruzamos la frontera. Había escondido las monedas aksumitas, la gorra de policía etíope, y el carnet de periodista por si las moscas pero no me registran.

Cambia el país pero no el paisaje. En palabras de la periodista Evelyn Waugh, que estuvo por acá en los años treinta:

"... la intolerable desolación de la Somalia francesa."

De todas maneras no todo es desolación en el desierto y además de sus gentes y su ganado también se dejan ver avestruces, gacelas, y babuinos.

Conduciendo de noche se apagan las luces del camión, y me paso un rato haciendo de señalero linterna en mano para que no nos embista nadie mientras las reparan.

Durante el día le había indicado al conductor que yo también tengo saco de dormir. Parece que captó el mensaje y esa noche en vez de llevarme a un hotel duermo en la cabina del camión... mi primera vez, chispas.

Otro madrugón, y al poco de amanecer, un monumental atasco. Decenas de camiones, quizá unos doscientos - pues esta ruta es la que siguen todas las exportaciones de Etiopía desde que se cerraron sus fronteras con Eritrea - detenidos durante horas, y el calor que empieza a pegar duro. Calor que esperaba y agradezco, y gracias al que curo en un par de días el resfriado que llevaba arrastrando tres semanas. Reemprendemos la marcha y llegamos a la terminal de contenedores del puerto de Djibouti, fin de trayecto. Ahí el conductor me intenta liar y me dice que le tengo que pagar más de lo que habíamos convenido. No le pago nada mas, pero como soy un poco pringado le dejo propina. Del tirón engancho un minibús que me lleva a Djibouti Town.

Gracias a haberme demorado mas de lo que tenía planeado en cada sitio que visito ya no me pillaran los meses mas calurosos en Sudán y Egipto, algo que me preocupaba un poco.
Quizá por esto, o quizá por el hecho de salirme de la ruta que me había trazado, por fin consigo algo que perseguía con este viaje: relacionarme de otra manera más natural con el paso tiempo, como hace la gente en los países donde no ha llegado la ansiedad de la vida moderna. Tres meses me ha costado sacarme ese veneno:

La ciudad donde vivo ha crecido de espaldas al cielo…
… al que llega le da un caramelo con el veneno de la ansiedad

(versión de Sabina y Calamaro al alimón)



DJIBOUTI TOWN

Como no tengo N.P.I. (ni puta idea) de esta ciudad les digo a los del minibús que me dejen en un hotel barato, céntrico, y con internet cerca a ser posible.

El hotel no esta nada mal, con televisor y aire acondicionado, pero si en Etiopía muchos días a la hora de la ducha había echado de menos el agua caliente, en Djibouti se echa de menos el agua fría. El calor es muy agobiante, por la humedad del mar, y en la calle es casi imposible escapar al sol, que cae a plomo durante horas y horas. Para lo que estaba yo acostumbrado a pagar, el hotel es muy caro, pero esa era una de las pocas cosas que ya sabía de Djibouti: que los precios están por las nubes por estar destinadas aquí muchas tropas francesas y yanquis. Además el país es completamente yermo y, que yo sepa, no hacen otra cosa de provecho que la actividad portuaria, así que todo lo que hay viene de fuera. Toman chat como los cosacos vodka.

Creo que es también por efecto de la presencia militar occidental que la gente no se muestra muy simpática. Cuando me compré un pañuelo palestino para protegerme del sol, entonces sí que empezaron a llamarme y darme palique, pero en cuanto me puse a sacar un par de fotos me echaron la bulla.

Djibouti pertenece a la francofonía, así que tengo múltiples ocasiones de comprobar lo macarrónico que es el poco francés que chamullo. Casualmente los dos libros que tenía abiertos por entonces eran de autores franceses: "Una temporada en el infierno", de Rimbaud, y "El Principito", no el de Letizia Ortiz, sino el de Saint-Exupery. Rimbaud también anduvo por estos lares en sus años africanos.

“... volvía al oriente y a la sabiduría primera y eternas... ¡Y la embriaguez!, ¡y el tabaco!, ¡y la ignorancia!, ¡y los sacrificios! - ¿Está todo esto bastante lejos del pensamiento, de la sabiduría de oriente, la patria primitiva? Por qué un mundo moderno, si se inventaron tales venenos!
(Arthur Rimbaud)

Localizo un local en el que me pongo tibio a base de unas enormes jarras de zumo de fruta con helado, todo un descubrimiento gastronómico. Me hago parroquiano durante mis días en Djibouti; es importante tener un cuartel general, un refugio, y tras varias visitas siempre surge cierta familiaridad con los camareros, cosa que se agradece. Por la televisión esos días no ponen otra cosa que las masacres en Líbano.

Djibouti es solo un lugar de paso, mi idea es cruzar a Eritrea lo antes posible, desde donde, según todas las informaciones que tengo, podré entrar en Sudán. Además no tiene nada destacable que ver. Tengo tiempo y me dedico a escribiros mi anterior capitulo mientras consigo el visado Eritreo.

Voy a la embajada de Eritrea con la humilde intención de informarme de los requisitos para el visado, y después de mis recientes experiencias en sedes diplomáticas esperaba que me pidieran de todo: fotocopias, cartas de invitación, un frasco de ajos de Bulgaria herméticamente cerrado y un queso agrio de vaca perdedora - de las tristemente
célebres carreras de vacas del condado de Cowthumb -. Resulta que basta con pagar, dejar el pasaporte, y regresar a por el visado dos días después.

Después me voy al puerto a informarme del barco a Obock, siguiente punto en mi ruta, y me dicen que sale el jueves, justo el día siguiente a que me den el visado… "parfait".

Conozco a un par de americanos que han llegado como yo rebotados desde Etiopía, se han informado de la posibilidad de pillar un barco para Egipto y les han dicho que es ilegal, así que han decidido tirar la toalla y se han comprado un billete de avión para El Cairo. Después de cruzar todas las fronteras de África de norte a sur desde Marruecos a Ciudad del Cabo, y luego de abajo arriba por la costa este hacia Egipto, se quedan atascados en la penúltima frontera… que putada mi brigada. Por lo que me cuentan no somos los únicos en esa situación que andan por Djibouti, hay otro grupo que también ha decidido pillarse un avión. En Etiopía conocí a dos holandeses errantes - que como tantos otros recorriendo la ruta de El Cabo a El Cairo se toparon con la frontera sudanesa - cuyo plan era pillarse un barco en Djibouti. No se si lo conseguirían.

Yo conocí a un marinero que me dijo que existía esa posibilidad, y que iba a hablar con varios capitanes y me dejaría mensaje en mi hotel, pero como mi intención era seguir hasta Eritrea, no le di mucha propina y no volví a saber de el, así que me quede con las ganas de saber si era posible.



DE DJIBOUTI A ERITREA

Me presenté el jueves en el puerto a la hora que me habían confirmado el día anterior, las ocho de la mañana. Me dicen que vuelva a las once… mochilón a cuestas hasta mi cuartel general, desayuno y un par de zumos con helado.

Vuelvo a las once y espero en un barco atracado junto al que se supone que va a Obock, que está siendo cargado sin pausa con sacos y cajas… parece mentira que pueda caber tanta carga en semejante barquichuelo, que se da un aire al barco pirata de los clicks de famobil. A las doce me dicen que vuelva a las tres de la tarde. Como no me fió ni de mi sombra les pido que me confirmen si ese es el barco a Obock. Me dicen que sí, y decido quedarme… del barco de Chanquete no me moverán. Siguen cargando el barco durante horas, me acabo de leer "El Principito", y a las dos comienza a subir gente, con sus bultos, hasta abarrotar la cubierta y no dejar un palmo libre. Mucha gente toma chat, sobre todo los más vejetes, que llevan teñidas las barbas canas con alheña.

El barco a rebosar me recordó al Patna abarrotado de peregrinos a La Meca que fue abandonado por Jim a su suerte en el Mar Rojo. Fue precisamente leyendo el prologo del "Lord Jim" en Indochina que cristalizo en mi mente la idea de hacer este viaje. Una curiosidad: "El Inmortal" de Borges también viajo por el Mar Rojo a bordo de un barco llamado Patna.

Finalmente zarpamos a las tres y llegamos a Obock, al norte del Golfo de Tadjoura a las siete de la tarde, pero la marea esta tan baja que no podemos entrar a puerto. El capitán intenta aproximarse muy lentamente y parece que en cualquier momento se va a oír la quilla rascando el fondo, igual que Jim tenía la convicción de que el Patna iba a naufragar.
Un bote de pescadores se acerca para ir llevando a la gente poco a poco, pero los del primer viaje no le pagan lo acordado, y en el segundo viaje se queda gritando a unos metros de nosotros, me imagino que algo así como "Ahí os pudráis!".

Hasta la una de la mañana no podemos atracar, y me paso esas horas tumbado en el puente. Un tipo siente la necesidad de excusarse conmigo, y me dice…

- Es la primera vez que veo algo semejante.

- Yo también.

Un par de chavales que he conocido en el barco me dicen que me vaya a dormir a casa de uno de ellos, Abdu, que a lo que entendí es hijo del jefe de policía, y que el otro, Ahmed, vendrá a verme la mañana siguiente para decirme si hay algún transporte ese día hacia la frontera de Eritrea. A esas horas de la noche en las calles de Obock solo hay cabras, muchas cabras, y también en una plaza están celebrando una boda, pero paso de ir a la fiesta porque estoy bastante machacado. En casa de Abdu, agüita fresca, ducha, y un colchón en un cuarto donde duermen también sus hermanos. Duermo hasta bien entrada la mañana, disfrutando sin remilgos de su hospitalidad, hasta que aparece Ahmed para decirme que ya me ha encontrado transporte, y que sale en dos horas. Entretanto, me enseñan la ciudad, y me acompañan a comprar un poco de comida, y, lo mas importante, mucha agua. También me compro un shirit (o sarong), la falda típica de estos lares, que viste la gente somalí, y también los afar, etnia a la que pertenecen mis nuevos amigos, y que es la que puebla toda la costa de la Dankalia, desde Djibouti hasta el norte de Eritrea.

Me despido de ellos y salgo hacia la frontera subido en un 4x4, en la parte de atrás descubierta, sobre una montaña de mercancías y equipajes. Es un viaje activo, amortiguando con el cuerpo los baches del camino. Viajan conmigo otras diez personas que se dirigen también a Eritrea, entre ellos dos refugiados somalíes… esta chunga la cosa en Somalia, llevan quince años de guerra civil sin gobierno ninguno.

Recorremos la costa de la Dankalia, desierto que a veces se puebla de palmeras gracias a la humedad del mar. Nos cruzamos con muchos vehículos desvencijados que no aguantaron la dureza del trayecto, y dan al lugar la apariencia de un cementerio de elefantes mecánicos. La costa es hermosa, y los primeros cientos de metros de mar tienen un intenso color verde turquesa. Enciendo el GPS para comprobar que estamos justo a la altura del estrecho de Bab el-Mandeb, la puerta del Mar Rojo. A menos de veinte kilómetros, la costa de Yemen.

Los nombres de los lugares me resultan familiares: por aquí transcurrieron algunas de las andanzas de "Los Escorpiones del desierto", el cómic de Hugo Pratt: Tadjoura, Obock, Moulhoule, Rahaita, Les Sept Freres (siete islotes frente a la costa dáncala), Brise de Mer (nombre de la playa de Djibouti, y de un burdel en el cómic).

De vez en cuando escudriño el desierto por si veo los restos de algún fortín italiano, o algún carro de combate de la Segunda Guerra Mundial, pero lo mas parecido que nos cruzamos es un campamento de militares estadounidenses, que se supone que están vigilando a Al-Quaeda… casualmente en el estratégico punto de entrada al Mar Rojo… un Gibraltar como otro cualquiera. Uno de los protagonistas de "Los Escorpiones del desierto" es un minúsculo carro de combate italiano llamado Ansaldo, equipado con una ametralladora marca Breda. No hace mucho, de paso por Madrid, me sorprendí al ver la placa del fabricante de uno de los vagones de metro mas nuevos: "AnsaldoBreda". Fue en la línea 10 o en la 8.

Llegamos al puesto fronterizo de Djibouti, donde hay que esperar a que llegue el transporte del lado eritreo. El oficial me la clava haciéndome pagar unos 6 euros por disfrutar de la sombra de una mísera garita, pero no me voy a poner a discutir con el tipo que me tiene que dejar pasar la frontera. Sin embargo, paso las siguientes dos horas en la cabaña de una familia que vive al lado tomando té sobre cojines.

Por un lado hay que estar prevenido ante la gente que solo quiere sacarte dinero, y por otro hay que estar abierto ante la hospitalidad desinteresada de mucha otra gente. A veces no sabe uno a que carta quedarse, y entre el parasitismo y la generosidad corres el riesgo de volverte esquizofrénico.

Llega el transporte del lado eritreo, y mientras un oficial se encarga de los papeleos fronterizos los otros juegan a la petanca con los chavales del lugar a la puerta del cuartel.



EL DESIERTO

Todo se simplifica en el desierto, y se distingue claramente entre lo prescindible y lo imprescindible. Tan sencillo resulta como describir el paisaje: arriba el cielo azul, y bajo un horizonte perfectamente horizontal, la tierra ocre.

Lo imprescindible son pocas cosas, como el agua, la sombra cuando pega el sol, y el contacto humano… un pequeño gesto amigable te puede iluminar un día entero.

"Resulta curioso observar en que modo la mente puede complacerse en la contemplación de un escenario que contiene tan pocos objetos conque ocuparla."
(Richard Burton)

Estoy convencido de que, tal y como narra en su libro, a Saint-Exupery se le apareció "El Principito" en el desierto. Es un libro clarividente, una llamada brutal a la insurrección del lector, algo así como:

"Despierta, empanado, esta clarísimo!: lo importante es esto,
y lo demás no importa un comino"

No se me ocurre mejor lugar para tener semejante iluminación que el desierto. Jesucristo y Mahoma también se retiraron al desierto a meditar sus movidas, y en el desierto del Sinaí se escribió la ley mosaica.

"Siempre he amado el desierto […]
No se ve nada. No se oye nada.Y sin embargo, algo resplandece en el silencio."
(El Principito)

Aunque conoció perfectamente el Sáhara occidental cuando era colonia española, fue en el desierto Líbico que se le averió su avión a Saint-Exupery y que se le apareció el Principito.

Como dice un amigo saharaui de El Aaiún, la vida de todos los habitantes de zonas desiertas es muy parecida. El paisaje también lo es: los versos de Atahualpa Yupanqui sobre el desierto andino describen perfectamente lo que tengo ante mis ojos:

En las arenas bailan los remolinosel sol juega en el brillo del pedregal

También recuerda el paisaje al Lejano Oeste, a pelis como "Pat Garrett y Billy el Niño", para la que Bob Dylan compuso el "Knockin' on heaven's door" y otros temas:

Billy you're so far away from home

Y llenando todo ese paisaje desolado, dándole al espacio vació una densidad brutal, ese viento tan caliente:

Me arde, me esta quemando
como el viento tan caliente del desierto

(el Andres)

Un viento que, como escribió Richard Burton:

"…te acaricia como si fuese el ardiente aliento de un león."


ERITREA


ASSAB

Pese a estar prohibido su consumo en Eritrea, el oficial del puesto eritreo está mascando chat mientras comprueba y sella los pasaportes… en las zonas fronterizas, como en el Lejano Oeste, la ley no alcanza.

Cruzo mi segunda frontera terrestre en una semana, ya estoy en Eritrea. Pasamos entre algunos palmerales muy frondosos, siempre siguiendo la costa, y de repente, antes de anochecer, llega ese momento casi milagroso en el desierto: se empieza a sentir el aliento de la noche, y todo el peso del calor soportado durante horas desaparece, dando paso a una extraordinaria ligereza, una alegría de vivir que no tiene razón aparente de ser, tontorrona e invasiva. Y el cuerpo se siente con fuerzas ilimitadas para soportar tantas travesías iguales a las de ese día como hagan falta.

Cae la noche y paramos en una aldea afar, duermo sobre una manta al raso junto con mis compañeros somalíes. Nos lavamos las manos y nos sirven un agua sorprendentemente fresca, y un menú que me trae muy buenos recuerdos: "shuru" y "gamo": puré de legumbre y terroso pan afar.

Quinto levanta a las tres de la mañana, reemprendemos la marcha y tras dejar por el camino a todos mis compañeros y descargar las mercancías, en último lugar me dejan en el hotel de Assab que les indico al romper el alba.

La ciudad de Assab fue durante siglos el puerto natural de Etiopía, y uno de los principales del Mar Rojo. Languidece desde que se cerraron las fronteras entre ambos países, y hoy es una ciudad fantasma de enormes edificios en los que no se desarrolla actividad ninguna y anchas avenidas de las que se han enseñoreado las palomas, y sobre todo bandadas de cuervos que rompen el silencio con sus graznidos.

El hotel en el que me quedo es un vestigio de los buenos tiempos: grande, agradable y bien equipado, pero abandonado a una decadencia inevitable.

Intento cambiar la moneda que traía de Djibouti a moneda local, y solo lo consigo tras varias horas intentándolo de todas las maneras… parece increíble que no se pueda cambiar en una ciudad grande, portuaria y fronteriza, moneda del país vecino, y me empiezo a hacer una idea del aislamiento en el que vive este país.



ERITREA – HISTORIA

Eritrea es el nombre que dieron los italianos a esta provincia que fue colonia suya en la primera mitad del Siglo XX, para lo que aprovecharon el nombre griego del mar que baña sus costas: el "Erytraia Thalassas", esto es, el Mar Rojo.

Los italianos hicieron cosas buenas, como construir unas magnificas infraestructuras y convertir a esta región en la más industrializada de África (para luego ser desmantelada por los ingleses), y malas, como implantar un sistema muy similar al "Apartheid" sudafricano.

Es uno de los países mas jóvenes del mundo, tras décadas de heroica lucha consiguió su independencia de Etiopía, país al que apoyaron en este conflicto tanto los EE.UU. como la URSS. Oficialmente estado independiente desde 1993, las relaciones fueron más o menos correctas al principio entre ambos países, pero el hecho de que Eritrea decidiera abandonar la moneda etíope y fabricar la suya propia - a la que, para tocar mas los huevos, le dieron el nombre de la ciudad que fue base de la guerrilla eritrea y símbolo de la resistencia frente a Etiopía: 'Nakfa' – provocó una escalada de reacciones que terminó en guerra abierta a finales de los noventa… una guerra "nakfiana"

♫ La vida te da sorpresas
sorpresas te da la vida, ay Dios!
Como en una novela de Kafka
el borracho doblo por el callejón ♫

(Pedro Navaja)

La guerra terminó, pero el conflicto continúa en el resto de los frentes: político, económico, propagandístico… Unas nutridas fuerzas de la ONU están desplegadas en la larga frontera entre ambos países para que no se vuelva a montar el pollo.


AUTOBLUES

La misma mañana que llegué compré billete de Assab a Asmara, capital de Eritrea, y a la una de la mañana salgo con el mochilón para la estación de autobuses, que esta a dos kilómetros. Si por el día era una ciudad fantasma, por la noche es un cementerio, y solo me cruzo con amenazantes perros, que me acojonan tanto que decido andar con la navaja suiza en la mano. No hay iluminación ninguna, el cielo esta encapotado, y no se ve un pijo. Después de mas de una hora andando sin recordar exactamente el camino a la estación me cruzo con un tipo que me indica… sin embargo sigo sin encontrarla. Haciéndome ya a la idea de perder el bus veo a otro tipo con equipaje… resulta que acababa de pasar por delante de la estación cien metros mas atrás sin verla. La estación es una explanada sin iluminación donde la gente espera dormida o en corrillos al autobús, que no tarda en llegar.

Para subir al bus se monta un numerito de media hora, pasando lista y husmeando en todos los equipajes. Eso, y la docena de controles que pasaremos durante el resto del día me dan la primera pista de la vigilancia y la represión que hay en este país. La segunda pista me la da el hecho de que en el bus la gente me ignore, como si no existiera… Entre ellos tampoco se prodigan las conversaciones animadas ni las risas. Mal rollo… bienvenido a Eritrea.

Durante todo el día seguimos la costa de la Dankalia, a veces lamiendo el mar, por una pista que no esta en muy buen estado. El paisaje no cambia demasiado, y hacemos varias paradas en asentamientos afar.

Hace mucho calor, y me descubro sudando de una manera loca, desconocida… basta apoyar un brazo sobre la pierna para que se te empape el pantalón en pocos minutos. Al pasar las horas, todos lucimos cercos blancos en la ropa. Me siento como la pasajera de Charly García:

Pasajera en trance, pasajera en transito perpetuo

Hacemos noche, pues el trayecto dura dos días. El hotel es un amplio patio donde hay dispuestas al aire libre una veintena de catres que consisten en un entramado de tiras de cuero, a los que ya estoy acostumbrado. Te proporcionan un colchón fino, almohada y mosquitera, y un balde de agua para ducharte con el que me deshago de la gruesa capa de sudor y polvo que me recubre.



ANACLETO, AGENTE SECRETO

A las cuatro el bus emprende camino de nuevo, pero en el primer control que nos topamos, ya sobre asfalto, me dicen que enseñe un "Permiso de Viaje" que se supone me debería haber expedido la policía en Assab… primera noticia que tengo de ello. Me hacen bajar del bus, que continúa su viaje mientras yo me quedo en el puesto de policía entre el flipe y el cabreo. Les monto el pollo, pero no hablan inglés… logro entender que a primera hora de la mañana llamarán a inmigración a que les den instrucciones, que no me preocupe y me tumbe a dormir en un lecho construido con una manta sobre ladrillos. Lo rechazo, lanzo mis cosas contra el suelo, y farfullando me tumbo sobre mi saco.Avanza la mañana y no hay noticias, me cabreo otro par de veces y les digo lo típico sobre mis derechos y que se les va a caer el pelo, pero mis imprecaciones reciben por toda respuesta sonrisas condescendientes y una tajada de sandia. Me cuesta mantener el cabreo más de media hora y acabo amigando y comiendo con ellos. Como no tengo ni zorra de donde estoy enchufo el GPS y veo que estoy a 10 km de Massawa, histórica e importante ciudad costera.

Para un coche con dos italianos y charlo con ellos; resulta que uno estuvo trabajando en los 60 en Las Palmas "Parque de Santa Caterina”… "Yo quiero irme morir en un país que se hable español, solo ahí se sabe vivir"… un poco paradójico este italiano.

A mediodía pasa una ranchera a la que subo con el jefe del puesto, que me deja en lo que yo creía que eran las oficinas de inmigración de Massawa. Ahí me hacen enseñar la documentación que tenga, de cualquier tipo, y me someten a un interrogatorio reiterativo, como el de las pelis de espías, y hasta me hacen contarles mi vida, pero parece ser que es bastante aburrida, porque cuando voy por mi primer empleo el tipo cambia de tema: ahora toca religión y política, qué divertido. Me dice que se quedan con mi documentación, y que deberé pasar la noche en Massawa. Le digo que ni de coña, y que quiero llamar a la embajada italiana – pues no hay española, y suponía que la italiana era la que mejor funcionaba de todas las europeas-, ante esto se va a ver a su jefe, y me dice que me darán la documentación por la tarde y me podré pirar.

Vuelvo por la tarde y tras otro interrogatorio igual me dicen que hasta el siguiente día no pueden comprobar la veracidad de lo que les he contado. Que me busque un hotel. Me niego a pagarme un hotel y les digo que se encarguen ellos de buscarme donde dormir. Me dicen que vale, que duerma en esas mismas oficinas.

Desde una cabina, pese a ser ya tarde, consigo hablar con la embajada italiana, donde me atienden muy bien, me toman los datos y me dicen que al día siguiente se ponen a ello. Además, que ellos sepan, no hace falta ese permiso que me reclaman.

Voy seguidamente al despacho del jefe, un cabrón con pintas, y tenemos una conversación bastante tensa y poco educada. Le pregunto su nombre, cargo y numero de teléfono, para que se pongan en contacto con él los de la embajada italiana y me dice que su identidad es secreta, que es oficial de seguridad y con eso basta. Me subraya que no estoy en posición de discutir, que quién soy yo para ir a su país a decirles como deben de llevar la seguridad nacional, y que tienen que comprobar si realmente soy lo que digo, o bien si soy una amenaza para el país… es absurdo, ¿cómo coño lo piensan hacer? ¿Con una bola de cristal? ¿Con el tarot? ¿Tienen fichados a Mortadelo y Filemón y al resto de agentes de la T.I.A.? Me dice que tienen sus medios y que por la mañana a primera hora lo sabrá. Me pregunta que en qué hotel me voy a quedar, y le recuerdo su palabra… al final un bedel me prepara un catre en un edificio cercano.

Aquí la noche no llega como una bendición, y hace un calor asfixiante. Antes de dormir me ducho y mojo mi ropa para estar fresquito al menos un par de horas. No estoy preocupado – pienso que es otra aventurilla mas para contar - pero sí que estoy bastante cabreado, indignado.

Al día siguiente me paso por la oficina del ministerio de turismo, donde se lavan las manos, no quieren saber nada de meterse en los asuntos de seguridad, y ni siquiera se atreven a darme su teléfono para que los llamen de la embajada. Después en seguridad me dicen que no saben nada todavía, y yo ya tengo claro que soy un hueso muy sabroso de roer para estos sabuesos aficionados: me van a retener todo el tiempo que puedan, porque se aburren, y para hacer méritos. Se me pasa la mañana haciendo otro par de llamadas a la embajada, y volviendo cada media hora a la oficina de seguridad, más que nada para tocarles los huevos, a ver si me sueltan por cansancio.

Pasado el mediodía, y sin explicación ninguna, me dicen que me puedo ir, y me hacen el permiso para viajar a Asmara: resulta que sí que era necesario el permiso para viajar, es algo nuevo desde hace unos meses, resultado de una burocracia que no para de crecer... mi guía de viaje es del año 2003 y ya esta totalmente desfasada, el país ha cambiado mucho, pero retrocediendo en el tiempo, hacia el "1984" de Orwell.

Llamo a la embajada para decirles que no se preocupen, y me dicen que han movido bastantes hilos, pero que seguramente haya sido el departamento de protocolo el que haya conseguido que me suelten, y que, en todo caso, mejor no lo comente.

"La proxima vez que emprenda un viaje de este tipo, antes voy a tomar algunas lecciones de espionaje. Puesto que de todas formas uno debe sufrir las desventajas de esta profesion, muy bien podria obtener alguna de sus ventajas, si es que las hay"
(Robert Byron, Road to Oxiana)


ASMARA

Me voy en bus a Asmara. Como Addis, está situada a más de 2000 metros de altura. Paso en pocas horas del tórrido clima de la costa a plena estación de lluvias en las tierras altas. Es un viaje en el tiempo meteorológico; llevo ya hechos varios de este tipo, y en general se agradece cambiar la monotonía del clima.

Asmara es una ciudad que no parece africana: asfaltada, y con un urbanismo ordenado, sembrada por los italianos de cafeterías, y también de bellos edificios que ejemplifican todas las vanguardias arquitectónicas de principios de siglo Sin embargo la gente no cambia: pese a que no tuve ningún problema o roce con nadie su actitud es muy distante, y eso quema a los pocos días. Con los pocos locales con los que estuve departiendo no acabé de sentirme a gusto, hasta se me pasó por la cabeza pensar que eran confidentes. Rollo Cuba, pero en tristón.

Elegí como de costumbre un hotel de la gama cutre, en la calle mas movida de la ciudad. Gran acierto, por cinco euros una amplia habitación con una terraza de igual tamaño, y frente a ella, en la otra acera, la catedral católica, muy guapa.

Recibo el primer envió que me hace Hermes, mi oficial de logística… entre otras cosas varios libros que me van a ser vitales las dos siguientes semanas, los peores días de todo mi viaje. Me refugiare en ellos, y en los zumos de fruta con helado… No tardé en establecer en una zumería mi cuartel general en Asmara, pero en una veintena de visitas no intercambie ni una frase personal con los camareros… "nakfiano".

Comienzo a leer "Peregrinos apasionados", una recopilación de las historias de los primeros viajeros europeos por el cercano oriente y los desiertos árabes, y "Confieso que he vivido", las memorias de Neruda, que recorrió el mundo a lo ancho y a lo largo. Neruda nació en un pueblo llamado Parral, que curioso…

Soy de Borja y no me pesa
soy nacido en el parral

cuantas veces mate el hambre

con las moras de un zarzal



EL CHINO KUDEIRO

Lo primero que hago en Asmara es salir en busca del Santo Grial de los viajeros africanos: el visado sudanés. Me cuesta bastante encontrar la embajada sudanesa, donde no les cuesta nada decirme que el visado puede tardar entre dos semanas y tres meses, y lo peor de todo: que los extranjeros no pueden cruzar la frontera terrestre y solo puedo entrar en avión. Mierda. Joder, según la 'Lonely Planet" la frontera estaba abierta, y lo mismo me dijeron en la embajada sudanesa de Addis, y que "las relaciones entre ambos países son cojonudas, mejores que nunca".

En turismo pido que me hagan un permiso para visitar, entre otras, la localidad fronteriza con Sudán, para la que me lo deniegan; órdenes de ese mismo día. Mas tarde me enteraré del motivo: en esa zona ha desertado hace un par de días un general etíope con cientos de tropas, la movida más grande entre ambos países en los últimos años. En el lado sudanés hay inestabilidad por la presencia de guerrilla, razón por la que la frontera esta abierta solo para nacionales. Tampoco me hacen permiso para visitar Nakfa…

Hoy me cago en todo
pero me cago en todo con amor

(El Andres)

Para visitar yacimientos arqueológicos hay que pedir otro permiso en el museo nacional, y para visitar los monasterios en el arzobispado… que les den morcilla.

Al día siguiente me paso por la embajada italiana y les llevo una bandeja con pastas para agradecerles mi liberación.

Otro día vuelvo a turismo, donde hay un par de turistas que parecen alemanas preguntando por horarios de autobuses, y por los letreros que indiquen los destinos… se han debido equivocar de país. Para rematar, preguntan si hay un "City Tour"… creo que hubiese bastado que a alguien se le hubiese escapado la mas leve risa para que todos los presentes nos hubiéramos empezado a descojonar a lo bestia, los primeros, los empleados de la oficina.

También conozco hoy a Domenico, un italiano que lleva viajando dos años y un día – con dos cojones y un palo -. Está como yo rebotado de Sudán, pero además esta grillado. Mientras que yo me voy haciendo a la idea de tener que pillar un avión, no sin antes explorar todas las posibilidades, él sigue empecinado con el tema, así que decido delegar en él, que piensa viajar a la ciudad más cercana a la frontera de Sudán que permiten visitar solo para ver si may le hacen otro permiso hasta la frontera.

El tipo me recuerda a Murdock, el del Equipo A, y mientras el se deja los cuernos contra la frontera sudanesa, yo me quedo fumando un puro como Aníbal Smith, aunque los planes no estén saliendo bien. El ingrediente principal e imprescindible que da sabor de aventura es la posibilidad real de fracaso, pero cuando fracasas es chungo.

Conocer a este tipo me ha hecho darme cuenta de lo cuerdo que estoy y lo normal que soy. El tío comenzó a viajar en Italia, en moto hasta la India. Luego, ya sin moto, ha recorrido Asia, América, y África desde El Cabo a Eritrea. Tiene el hombro jodido y se le ha salido once veces. Apenas habla inglés, casi tartamudea de lo nervioso que es, y no tiene especial simpatía ni don de gentes. Encima es epiléptico, y por ello evita siempre viajar en transporte publico y tiene que buscarse camiones – en Assab estuvo esperando doce días por un camión que le llevara hasta Asmara -. Flipante, si yo fuese su amigo no le dejaría subirse ni a un tiovivo. Pero el colega me cae simpático, y la verdad es que es admirable, debe de ser una experiencia vibrante viajar durante dos años siendo epiléptico… me estremezco solo de pensarlo. Quedamos en que me dará noticias de sus investigaciones sobre el terreno en la frontera, pero no he vuelto a saber de él, le habrá dado un ataque dentro de un campo minado, o lo estará socratizando un regimiento fronterizo. Tampoco me extrañaría que hubiese conseguido cruzar la frontera.

Por otro lado delego en una agencia de viajes de Jartum explorar la posibilidad de conseguir visado y permiso para cruzar la frontera terrestre, aunque sea pagando una pasta.

Otro tema en el que estoy interesado es hacer submarinismo, y este lo delego en un italiano que trabaja en Eritrea y está formando un grupo.

Exploro también la posibilidad de ir en barco a Egipto para evitar coger un avión: como con el visado sudanés, todas las posibles opciones se van ramificando y complicando, para al final acabar en un callejón sin salida. Cuesta sudor y tiempo indecible conseguir las informaciones, y su fiabilidad es nula. Me siento como el Chino Kudeiro de Humor Amarillo – qué gran programa - , lanzándose contra las puertas, que a veces son de papel, pero nunca consigo atravesar la última y acabo pegándome el ostión. Al final, se agradece y todo que se vayan cerrando las puertas, para aclarar un poco el panorama. Eritrea resulta ser una ratonera y, aparte de volando, la única manera de entrar es por donde he entrado yo, y ni siquiera podría volver a salir por ahí, pues no conceden permisos para visitar Assab desde Asmara. Barcos de pasajeros no hay ninguno, ni siquiera a Yemen y Arabia, y la única opción seria subirse de manera clandestina a un pesquero o carguero, suponiendo la remota posibilidad de que alguien aceptara llevarte. De todas maneras, para pillar un barco debería tener visado egipcio, y hasta en la embajada egipcia me ponen problemas, y me piden enseñar el billete de avión o de barco para concederme el visado, cuando sé de buena tinta que no es uno de los requisitos… qué hijos de puta.

"... brindamos muchas veces en honor de todos los viajeros desdichados desatendidos por los cónsules perversos que andandesparramados por el mundo."
(Pablo Neruda)

Me saqué en Madrid el visado egipcio, pero ya me había caducado. Se me pasó por la cabeza la idea de corregir la fecha de validez, que está escrita a bolígrafo, pero justo esos días leí en la prensa la noticia de que un tal príncipe Kiko, de la familia Agnelli, la más poderosa de Italia, acaba de palmarla en un calabozo de Bangkok donde lo metieron por hacer eso mismo… los ricos también lloran, y la burocracia es más ciega que la justicia.

Total, que me envaino el cachirulo y me resigno a pillar un vuelo. Una opción es volar a Jartum, consiguiendo previamente una contra-visa gestionada por una agencia de viajes pagando una pasta. Además de que la idea de recurrir a la agencia también es contraria a la filosofía de mi viaje, los vuelos están llenos: bien, otra puerta que se cierra, ya esta todo claro… volar a Egipto.

Conseguir un billete a El Cairo parecía lo más sencillo del mundo, pero resultó ser otra tortura: tres días seguidos pasándome por la oficina de Egypt Air por la tarde y por la mañana, tras prolongadas esperas me dieron largas sucesivas por los más variados motivos. Lo único que conseguí fue la promesa de que tendría plaza y que me harían descuento por ser del gremio. Si me llegan a poner en la mano un billete a cualquier lugar de Europa para ese mismo día, creo que lo hubiera cogido.



ARCHIPIÉLAGO DAHLAK

Ni siquiera me salen los planes de buceo: en los dos grupos de italianos a los que me podía unir se lesiona alguien y se cancelan ambos. estoy muy quemado.

Se prendió fuego mi pelo,
mi piano,mis discos, la ropa y el perro.

Puede ser que otra vez no sea cierto,

pero siento como el fuego me quema por dentro

(Intoxicados y El Andres…)

Esa canción me la mandó Hermes de regalo junto con muchas otras en su envío… eres un monstruo, Vividor.

Cuando estaba esperando pillarme el primer vuelo para El Cairo conocí a dos tipas israelíes – las sionistas de ahora en adelante – que también querían ir a bucear, y después se nos unió otra chica, Maza, que es eritrea pero vive en Francia.

Las islas Dahlak forman un archipiélago coralino cercano a Massawa, uno de los mejores sitios para bucear del Mar Rojo, ya que está totalmente intacto: debido a los conflictos bélicos en las últimas décadas ni siquiera ha habido pesca tradicional. Bucear ahí es carísimo, por el alquiler del bote y porque solo se puede hacer a través del ministerio de marina.

Yo me fui a Massawa un día antes que las chicas, y me hice una excursión de un día por las islas junto con un grupo de eritreos que viven en Italia y varios turistas italianos. En plan relax total, en un barco muy guapo, con cocinero y bebidas frescas. Vi peces voladores y delfines, hice un poco de snorkel, y disfruté por fin de compañía grata y largas conversaciones. Los eritreos me dieron bastante chapa; debían sentirse libres para hablar de política en medio del mar. Solo se hablaba en italiano y yo ponía cara de coscarme de todo.

De vuelta en Massawa espero a las chicas en el hotel pero el gerente les dice que yo no estoy ahí, y hasta la una de la mañana no las encuentro. El gerente es un gilipollas maleducado y les ha hecho alguna otra judiada. Las sionistas, que no aguantan las judiadas, discuten con él y deciden que no dormimos ahí… ni siquiera yo… nos vamos a otro hotel. Sobado y aturdido me echo la mochila al hombro. Como me imaginaba, el resto de hoteles están llenos, y acabamos durmiendo en el suelo en la cancha de basket de uno de ellos.

Las sionistas son para echarles de comer aparte; de la más mínima chorrada, como comprar una sandía, hacen un conflicto, un casus belli… que se lo digan a los libaneses. Como no puedo mantener su ritmo de enfrentamientos decido pasar olímpicamente de todo. La otra chica, Maza, es un encanto pero no habla ingles, y los dos chavales del centro de buceo son también majetes.

Resulta que las sionistas consiguieron que les hicieran permiso para visitar Assab. Para ello tuvieron que hablar con la mismísima ministra de turismo, que seguramente debió de pensar "enemigo que huye, puente de plata.".

En dos días hacemos cinco inmersiones guapísimas, aunque no vimos los grandes peces y mantas rayas que esperábamos. El agua esta tibia, a más de treinta grados. Muchos peces multicolores, entre ellos Nemo, mucho coral, un pecio enorme poblado en sus flancos de grandes conchas de bocas zigzagueantes que le daban la apariencia de un auditorio extraterrestre, abarrotado y boquiabierto.

Una concha especialmente grande me hizo recordar aquella en la que el Nemo original, el de Verne, guardaba una gigantesca perla. En otro libro de Verne los protagonistas comienzan su "Viaje al centro de la Tierra" internándose en un volcán de Islandia, y acaban saliendo por el Strómboli, que en mi caso marcó mi comienzo de viaje. Mi segundo volcán ha sido el Erta Ale. También El Principito, en su planeta,…

"Poseía dos volcanes en actividad […] Poseía también un volcán extinguido."

Y también yo tengo uno extinguido: Gran Canaria.

Sentado en el bote y escuchando una de Sinatra me doy cuenta de que de nuevo tengo viento en las velas. El nombre del viento y de la canción coinciden:

The Summerwind, came blowin' in from across the sea
It lingered there, so warm and fair to walk with me

Hacemos noche en una de las islas del archipiélago, que son áridas y desérticas, con una blanquísima arena coralina mezclada con conchas y restos de coral que el mar aun no ha amasado y triturado. Un cementerio marino:

"¡El mar, el mar siempre recomenzado!
¡Qué regalo después de un pensamientover moroso la calma de los dioses!"
(Paul Valery, El Cementerio marino)

"Desde la mañana el mar adquiere su fantástica forma de crecimiento. Parece estar amasando un pan infinito. Es blanca como harina la espuma derramada, impulsada por la fría levadura de la profundidad."
(Pablo Neruda)

El más antiguo toro cruzó el día,sus patas escarbaban el planeta. Siguió, siguió hasta donde vive el mar. Llegó a la orilla el más antiguo toro a la orilla del tiempo, del océano. Cerró los ojos, lo cubrió la hierba. Respiró toda la distancia verde. Y lo demás lo construyó el silencio
(el Andres, homenaje a Neruda)

En la playa hacemos una hoguera con madera que hemos recogido, y cenamos un atún y un "kingfish" ('sierra' en castellano?) que nos han regalado unos pescadores afar que nos hemos cruzado. Como me explican: "es la ley del mar, si alguien necesita algo, se le da".
No recuerdo haber probado un pescado tan rico en mi vida. Además, tenemos el lujo de contar con Maza: la tía es chef en Lyon, tiene dos estrellas Michelin, y ha rechazado hacerse cargo de un restaurante de tres estrellas porque la tercera le debe de estar al caer y prefiere ganársela ella.

Duermo a dos metros del agua, rodeado de una procesión de cangrejos ermitaños y escuchando a Vivaldi, aunque reconozco que prefiero el "Gloria" de Mastropiero:

Gloria, habeas corpus
habeas un corpus magnificat…


El segundo día paramos en un islote poco mas grande que la isla de Forges, pero en vez de dos náufragos lo habita una colonia de pájaros; esta sembrado de huevos y polluelos, y una estrecha barra de arena hace las funciones de pista despegue y escuela de vuelo.



EPÍLOGO ERITREO

Regresamos a Massawa, donde dormimos esta vez en una cama. Al día siguiente paseo con Maza por la ciudad, construida sobre dos islas coralinas unidas por puentes a tierra firme. Muchas casas están hechas de coral, y muchas otras están tal y como quedaron tras la guerra: convertidas en escombreras. Comemos un cherne exquisito. Aunque apenas nos entendemos en francés, ambos estamos aliviados de habernos librado de las sionistas. Por la tarde pillamos el bus de regreso a Asmara. Los últimos días no habían ido mal, tenía la opción de unirme a otro grupo de buceo, y me quedaba bastante que visitar en el país, casi todo. El hecho de que no me hubiesen dado billete hasta el último momento me permitía mantenerme abierto a cualquier opción, pero ya había tenido bastante Eritrea. Era un país que prometía, por sus atractivos, que son muchos, y por estar fuera del circuito turístico. Había barajado pasar por él cuando planifiqué mi viaje. Pero finalmente mi paso se convirtió en algo tan desagradable como pillar una enfermedad venérea: "mierda, he pillado la eritrea".

Al día siguiente por fin me dan el billete de avión, para volar esa misma madrugada, y quedo con Maza para tomar un café. A ninguno de los dos se nos ha ocurrido llamar a las sionistas, y cuando las vemos por la calle nos hacemos los longuis… ¡que tías más insoportables!

Hasta coger un avión es una tortura en este país: dos horas esperando, a las tres de la noche y a la intemperie, a que abran el aeropuerto. Por supuesto el vuelo sale con un retraso del copón, y cuando embarcamos entrada la mañana estoy zombi perdido.

Volando voy, volando vengo
por el camino yo me entretengo

(Kiko Veneno)



EL SANTO GRIAL

Aterrizo en El Cairo y noto algo extraño… la gente te sonríe, te habla, es amable y simpática. He aparecido en otra dimensión. Llego en bus al centro, y luego a pata al hotel que había elegido, y aunque es tarde me paso por la embajada sudanesa donde me informan de que para el visado me hará falta una carta de presentación de la embajada española, por la que me paso al día siguiente. El poli de la entrada me dice que tengo deje, que si soy andaluz… resulta que el colega es de Ingenio, al ladito de mi casa de Oxford de Garza. Me dicen que no hace falta carta de invitación porque hay un acuerdo entre ambas embajadas.

Me voy para la embajada sudanesa, donde me confirman que no necesito la carta, ni fotocopia ninguna, pues las hacen ellos, ni tienen problema en darme cambio de un billete grande para pagárselas. Sin esperar, mientras charlamos de fútbol, y rápidamente, me hacen los trámites… "vuelva usted en dos horas a por el pasaporte". Busco alguna cámara oculta con la mirada: ¿este es el mismo visado por el que me he pegado tres meses recorriendo el cuerno de África? Increíble-ble.

Era 24 de agosto, día "V de Visado".

Por fin el Santo Grial en mi poder. La ocasión merece recuperar como sintonía el 'Carmina Burana', banda sonora de la peli 'Excalibur':

O Fortuna, velut luna statu variabilis
semper crescis aut decrescis…

… tuntuntuntun, tuntuntuntun

Es curioso cómo se parece la letra de esta canción a la del himno nacional español.



Hace ya dos semanas de eso, ahora estoy en Jartum, la ciudad es muy segura y tranquila, y la gente fenomenal, pero hoy mismo, como me ha avisado un compañero de habitación, hay una manifa contra el gobierno, y desde hace un rato se han empezado a escuchar disparos, lo que no sé si son de antidisturbios o de qué. La gente del cibercafé está entre preocupada y divertida, muchos asomados a la puerta… un momento, que me asomo yo y os cuento lo que veo… justo enfrente del ciber hay un acuartelamiento, y acaban de salir unos cien antidisturbios en formación, con la porra en alto, un escudo en la otra mano, y un fusil a la espalda… creo que me quedaré un rato más en el ciber.

Un abrazo muy fuerte a todos
Su excedencia, el tío Santi


 

 

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