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Siempre un poco más lejos La infantería nunca retrocede, da media vuelta y avanza.

WP 06 - El Dánakil

ETHIOPIA | Thursday, 6 July 2006 | Views [3308]

Salam alekum, perros infieles.

Después de pasar un par de semanas por el este de Etiopía, región de mayoría y tradición musulmanas, estoy de vuelta de nuevo en Addis.


EL DÁNAKIL Y LOS AFAR


Finalmente llevé a cabo mi expedición al desierto del Dánakil (también llamado Dankalia, o depresión Afar). Se extiende en el noreste de Etiopía a lo largo de toda la franja fronteriza con Etiopía, hasta Djibouti. Es una prolongación del Valle del Rift, por donde el cuerno de África se está separando del resto del continente (el cuerno se esta yendo al ídem). Tanto es así que gran parte de este desierto se encuentra por debajo del nivel del mar.

Este territorio lo habita una tribu de nómadas de ferocidad reconocida, cuyo código de conducta se basa en la violencia y en la crueldad. Tan mala reputación tienen que ya no quieren que se les llame Dánakil o Dáncalos, como de toda la vida de dios, sino "pueblo Afar". Cuestión de corrección política.

No sé si como me dijo Luis es importante echarle un par de cojones para ir por allí, pero sí que es importante traerlos de vuelta, pues los colegas tenían hasta no hace mucho la costumbre de practicarle la castración a todo quisqui que se cruzaba en su camino.

En este desierto se encontraron los huesos de Lucy, y de ahí tomó su especie su nombre científico: "Australopitecus Afarensis".



DÍA 1

Bajailu, mi conductor y guía, y yo salimos de Addis en dirección al este. Conforme nos alejamos de la capital las construcciones de hormigón van siendo sustituidas por chozas circulares. El terreno es árido y se abren en él grandes grietas por la sequía. Poco a poco el paisaje se va sembrando de volcanes, cientos de ellos, a cuyas laderas se extienden campos de malpaíses. Es como un inmenso Lanzarote, pero más antiguo, pues aquí la lava esta más conquistada por los líquenes y la vegetación. De todas maneras, algunos de los volcanes siguen activos. La carretera discurre paralela a la única vía férrea del país, la que lleva a Djibouti.

Por supuesto, chat y cachimba.



DÍA 2

La carretera cambia de dirección hacia el norte, abandonando a la línea de ferrocarril que sigue hacia el este. Todo es cada vez más seco, van desapareciendo por completo las acacias, el aire quema y el agua que llevamos en el coche está tan caliente que parece té al beberla. Desde el día anterior ya estamos viendo gente Afar y gente Issa (Issa es Jesús en árabe, pero son musulmanes), nómadas también y enemigos acérrimos de los primeros, con los que andan a la greña a menudo. Ambos grupos se mueven libremente sin tener en cuenta fronteras por Eritrea, Etiopía, Djibouti y Somalia.

Como los Issa son bastante malajes y alguna vez les da por asaltar coches recogemos a varios militares que hacen autoestop, para ir más seguros.

La gente por aquí es muy arisca y nada amigable. Por lo menos no dan la coña todo el rato con lo de "faranyi, faranyi" y pasan totalmente de tu culo.

Después de comer un anciano afar me dice que le dé mi pulsera, porque en la cultura afar para tener derecho a llevar pulsera hay que haber matado a un hombre; él lo ha hecho y yo no. Me hago el sueco porque aunque debía estar de broma el abuelo impone. Por la noche veo al primer y único rostro pálido con que me cruzaré en todo el viaje, un alemán que trabaja construyendo una universidad.

Hace tanto calor que en los hoteles se duerme con la yacija al raso, fuera de la habitación, y el rato que paso escribiendo en mi cuaderno antes de dormir me caen goterones de sudor. Una ventaja del calor seco: no hay mosquitos.



DÍA 3

En Logia lidiamos durante varias horas con la burocracia local: papel de calco sin cuento, peregrinaciones por multitud de despachos, y trámites absurdos. Nos dicen que hace poco aparecieron por ahí unos españoles que querían aventurarse en el desierto sin coche ni nada, me imagino que serían vascos. Los mandaron de vuelta por donde habían venido.

Finalmente partimos con el permiso y un guía afar: Ali.

Abandonamos la transitada carretera a Djibouti y tiramos dirección norte por una pista que se adentra directamente en la depresión del Dánakil. Ya estamos en territorio comanche así que enchufo el GPS.

El paisaje es desolador pero no monótono, la arena y la piedra volcánica se suceden y combinan de muchas maneras. En el aire hay arena en suspensión que forma remolinos continuamente como pequeños tornados. La calima va aumentando y por la tarde la luz es tan difusa que desaparecen las sombras y se puede mirar al sol de frente, parece una luna muy brillante.

Finalmente llegamos al lago Afdera, cien metros por debajo del nivel del mar, a cuya orilla se encuentra la ciudad de mismo nombre, una aglomeración de barracas cuya única razón de ser es la explotación de la sal que se extrae del lago. Cada día cientos de camiones recorren el trayecto que hemos realizado hoy transportando esta sal.



DÍA 4

Más tramites, primero en turismo y luego en la policía. Cuanto más remota e insignificante es la región máss farragosa se vuelve la burocracia. Como el día anterior, se muestran muy preocupados por cómo resistiré el calor:

-¿Tiene usted experiencia en desiertos?
-Uf, mucha, muchísima, cantidubi.

Ali no nos ayuda en nada pues desapareció la noche anterior nada más llegar. Finalmente nos endosan dos "scouts", dos polis para nuestra protección, pues la región es bastante conflictiva por los enfrentamientos entre tribus y por ser zona fronteriza con Eritrea. Tenemos que esperar hasta las tres de la tarde a que acaben su jornada para partir, y pasamos ese rato en casa de Frowein, una chica que trabaja ahí de recaudadora de impuestos, y su amiga. Lo de casa es un decir, pues para los estándares españoles es una chabola, pero es realmente acogedora. Frowein significa "aceite de fruta", exactamente lo mismo con lo que se mezcla el tabaco de la cachimba que nos ofrece… también chat, comida, clases de amárico, y primeros rudimentos en idioma afar aprovechando que Ali ya ha aparecido. La palabra más importante en Afar es "Alia", vocativo que significa "Tú", y se dice siempre antes de cualquier otra cosa. No tardo en pillar varias palabras; por suerte el afar se parece al maño, solo que nosotros en vez de "Alia" decimos "Eu!" (que viene de "Eh, usted!").

Ali no se salta ninguna de las cinco oraciones del día y en cuanto te descuidas está mirando para La Meca. Aprovecho para saciar una duda que me corroe:

- Ali, los pilares del Islám son cinco: la limosna, la profesión de fe, la peregrinación, rezar cinco veces al día, y.... me falta uno, ¿cuál es?
(… pasa un minuto de incómodo silencio, y al final me dice…)
- El Corán
- Ah, ya…

Ya, !los cojones de Mahoma!, descarado que se lo ha inventado, más tarde lo recuerdo: el pilar que me faltaba es el Ramadán.

Esta anécdota viene a demostrar que los afar no son muy estrictos en su seguimiento del profeta, son "Maomenos". Luego lo pude confirmar viendo a un jefe de poblado rezando con la pistola al cinto.

Finalmente partimos, el camino no es una pista, sino que vamos por la trocha del desierto, a veces sobre arena, a veces sobre roca suelta como una escombrera, y otras sobre coladas volcánicas solidificadas. Nos cruzamos con caravanas de camellos, pastores, y con asentamientos afar con una o más tiendas semiesféricas tipo iglú. A menudo no sabemos por dónde seguir, ni siquiera los polis que nos han endosado. Finalmente nos pasan otros dos 4x4 con gente local que saben el camino y los seguimos. Dejamos a nuestra derecha el volcán Erta Ale, del que la calima solo deja intuir la silueta, como si fuera un fantasma, y seguimos hasta llegar al asentamiento del baranda local. Los asentamientos afar se llaman Kusarawat, que me imagino que es lo mismo que caravasar, parada y fonda para caravanas.

Falta solo una hora para anochecer y el jefe nos dice que es imposible ir ahora, que hay que hacerlo al día siguiente. Yo insisto y digo que he venido ahí para ver el volcán por la noche, no por el día. El jefe me saca un frontal para que le diga porqué no funciona… me llevo las patillas de la pila de petaca a la boca, y el hombre blanco habla: "el espíritu de la pila ha fallecido". Sigue la discusión, y finalmente nos dice que para ir por el día nos hace falta un guía, pero para ir por la noche dos, así que hay dos nuevas incorporaciones al equipo, dos jóvenes Afar.

Continuamos camino ya de noche, por un terreno por el que jamás se me hubiera ocurrido que pudiera circular un coche, pura roca volcánica casi siempre, muy cortante. Avanzamos a menudo más lentos que a paso de hombre. Tampoco saben los chavales por dónde seguir, y a mitad de camino nos quedamos parados una media hora hasta que aparece de la nada otro chaval que se sabe mejor el camino… el árbitro anuncia sustitución en el equipo afar (porque ya no cabíamos más en el coche). Vamos a repasar los personajes de esta historia, que es complicada de contar… a ver cómo me sale:

-Un guia inepto: Ali
-Scout 1: Abdallah
-Scout 2: Alimira
-Chaval afar 1
-Chaval afar 2
-Bajailu
-Servidor


Servidor está bastante mosqueado con todo el circo que se ha montado a su alrededor, pero me consuelo pensando que la soldada diaria de cada uno de estos mercenarios de mi ejercito personal es exactamente lo mismo que cuesta en España una hora de la señora de la limpieza, a la que le tengo que equipar yo con la fregona mientras que estos vienen ya con su fusil.

A Abdallah le da un jamacuco, me dicen que si tengo alguna medicina para la bronquitis: le doy un antihistamínico y un paracetamol, y que sea lo que dios quiera. Al rato se queda traspuesto… ¿la habrá diñado? no, solo esta sobado, pues damos un bote del copón y suelta un gemido. Tiene su fusil entre las piernas apuntándome, y Ali se lo retira amablemente. Al día siguiente me entero de que lo que tenía era un ataque de malaria.

Seguimos de camino pero el terreno es prácticamente impracticable, valga la paradoja, y el coche se lleva un buen puñado de rascadas y golpes.

Finalmente llegamos a donde se supone que teníamos que llegar y quedamos en que nos despertaremos para comenzar a andar a las 02:30 de la noche y llegar así al cráter cuando todavía no haya amanecido para poder ver el volcán en todo su esplendor.

Nos tumbamos sobre la roca. Yo pienso que ya que estoy ahí, en medio de la nada en un lugar casi mítico, no me voy a poner a dormir, así que disfruto de la situación: contemplo el brillo amarillo, débil y difuso por la calima, del volcán a lo lejos, miro las estrellas en esa noche sin luna, y escucho música.



DÍA 5

Es 24 de junio, San Juan, si no me equivoco el día más largo del año. Desde luego lo va a ser…

A las 2:30 estoy listo para caminar, pero nadie se mueve. Despierto a Bajailu y Ali… tardan más de meda hora en convencer a los hijoputas de los scouts y los chavales Afar de que salgamos. Dicen que en hora y media llegamos de sobra y que no hay que madrugar tanto. Salimos a las 03:20 Ali, Alimira (scout), un chaval Afar (que lo primero que hace es sacarse de la manga una ramita de chat), y yo. Después de una hora caminando el chaval Afar no encuentra por dónde seguir al encontrarnos con el frente de una colada especialmente accidentada y cortante. Después de varias vueltas decidimos dormir hasta el amanecer: adiós a ver el Erta Ale por la noche. Como cantan los Rolling:

You can't always get what you want

Comienza a clarear y emprendemos la marcha. En seguida me doy cuenta de que da igual no haber encontrado el camino, el cráter esta muy lejos todavía, exactamente a tomar pol culo. It's a long way to Mordor.

Sometimes I grow so tired, but I know I've got one thing I got to do...
Ramble on, And now's the time, the time is now, to sing my song.
...
T'was in the darkest depths of Mordor, I met a girl so fair.
But Gollum, and the evil one crept up
and slipped away with her, her, her...
yeah
Ramble on...

(Led Zeppelin)

El chaval afar aprieta el paso y yo le sigo, cuanto antes lleguemos menos sol nos chuparemos. Ali se va quedando rezagado, y a Alimira, el Scout, lo perdemos de vista a las primeras de cambio. Me paro a ver por dónde viene Ali y el chaval afar me indica con gestos que le siga si quiero ver el volcán. Lo sigo y ya no volvemos a ver a Ali ni Alimira.

Ahora que le puedo ver la cara al chaval parece que es majete. Rompo el hielo:

- Alia!, Kumami?
- Mahamud

Me hubiera gustado charlar mas con el, decirle cosas como: "Mahamud, tu no estarás a favor de la castración tradicional, no?" o "Qué grande es Alá!, eh Mahamud?", pero mi conocimiento del afar no da para esas florituras. Me limito a seguirle intentando ponerme de tal manera que no me apunte su fusil, que normalmente lleva apoyado en la nuca y con los brazos en cruz sobre el.

Caminamos hacia el este, y al cabo de una hora aparece el sol sobre la cima del volcán que aún esta lejos. Caminamos por lava de todos los tipos: la que parece una costra que conserva las ondulaciones de cuando estaba en estado liquido, roca viva cortante y porosa, rocas sueltas grandes, rocas sueltas pequeñas como gravilla,… mis botas quedan que dan pena.

Finalmente llegamos al cráter, en total no era hora y media como decían, sino tres horas caminando a toda zapatilla.

El cráter tendrá casi un kilómetro de diámetro y es toda una extensión llana de lava solidificada que parece que la hubieran extendido con una manga pastelera. Caminando por esta extensión se llega a un boquete de unos 50x50m, del que surgen unos vapores que echan para atrás. En el fondo del boquete, a unos 20m de profundidad, está la piscina de magma incandescente. Es como una costra negra de chocolate fundido en cuyos bordes circula el magma naranja por convección. No es especialmente espectacular, pero me cago patas abajo, estiro el brazo lo más que puedo para sacar las fotos sin arrimarme demasiado. Por un lado está el vértigo, por otro que si te caes abajo terminas fundido como Terminator, y por otro más que las paredes del boquete son verticales, y arriba sobresalen (como el saliente en el que se quedaban siempre el coyote o el correcaminos al borde del precipicio). Encima la capa de roca por la que vas pisando en el cráter es fina y frágil y se va rompiendo a cada pisada, con lo que la sensación de inestabilidad es bastante fuerte. Descubro una cosa que ya sabía: que no tengo espíritu de suicida. Total, que no nos quedamos mucho rato por ahí ni saco grandes fotos y emprendemos el camino de bajada, mas rápido todavía que la subida pues el sol esta empezando a calentar.

Mahamud me hace unos gestos como en las películas: tú ve por ahí, que yo voy por aquí. Pongo cara de comprenderlo "Claro, Starsky, buena idea" pero a los cincuenta metros aún no he comprendido el motivo y me vuelvo… Mahamud está plantando un pino.

Mientras bajamos me pregunto en dónde carajo se habrán metido Ali y Alimira, y cuando llegamos al coche se cumplen mis temores: no están. Bajailu me dice que no me preocupe, que son gente local y de raza Afar, que además de conocer el terreno tienen un aguante ante el calor fuera de lo común. Los dos chavales afar se descojonan de vez en cuando, así que me imagino que no hay problema.
Craso error, va pasando el rato, subiendo la temperatura y agotándose el agua. Los colegas se siguen riendo porque para ellos lo de la muerte y la vida es algo más relativo que para nosotros, además de que se conocen el terreno y que ellos sí que son realmente nómadas y están acostumbrados a la vida perra.

Yo tengo suero oral y lo disolvemos en la poca agua que nos queda. La sed es cada vez más fuerte, el sol cae casi vertical, y estos que no aparecen. Con el sol en todo lo alto Abdallah, el scout al que le dio el ataque de malaria la noche anterior, se quita el pantalón de poli, se pone su falda Afar, y se echa a andar con los brazos en cruz sobre el fusil por el desierto de piedra que esta entrando en ebullición en ese mismo momento. Con un par. Se pierde a lo lejos, y al cabo de una hora ya ha encontrado a Ali al que manda de camino para el coche. Nos abrazamos. Abdallah sigue buscando a Alimira pero no lo encuentra, Ali dice que lo había visto a principio de la mañana, que le hizo señas pero que no quiso atenderlas y se fue caminando en la dirección equivocada.

Cuando vuelve Abdallah al coche sin haber encontrado a Alimira la situación es desesperada también para nosotros: apenas tenemos agua y yo he tardado demasiado en aprender tres reglas de oro en estas situaciones:

1- Nunca ofrezcas de tu agua
2- Nunca esperes a que alguien te ofrezca agua, pídela
3- No bebas a tragos pequeños para hacerte el frugal

Apuramos los culos de las botellas ya desechadas por vacías, y a la media hora los culos de los culos, cualquier gota es buena por caliente y sucia que esté. Miras con odio a todo aquel que bebe o que encuentra algo de agua y clasificas a los demás en amigos y enemigos, y más tarde en enemigos y enemigos.

Son los momentos de más calor del día y no se puede estar fuera del coche porque el aire te quema. Por delante tenemos un par de horas de conducción por un terreno en el que el coche, que ya va bastante cascado, se puede quedar tirado en cualquier momento. Empujamos el coche, cosa nada fácil sobre un pedregal, para arrancarlo (pues no arranca por sí mismo a poco calor que haga). Adballah realiza varios disparos al aire sin respuesta y nos piramos. Tenemos que empujar el coche en un par de ocasiones más, pero en una de ellas resulta imposible y nos quedamos tirados. Por suerte estamos ya solo a unos cientos de metros de una tienda Afar, Abdallah se va caminando y al rato dispara, supongo que quiere decir que "de puta madre", porque al poco aparecen un crió y su padre que nos traen agua en un bidón. Como le dijo a Alejandro Magno su preceptor: "No hay mejor cocinero que el hambre, ni mejor lecho que el cansancio": beber esa agua sucia que nos traen es el mayor placer que me puedo imaginar. Te demoras así dejando unos segundos el agua en la boca antes de tragarla para sentir la humedad en la lengua. Disolvemos mis últimos sobres de suero oral y el ponche así resultante es ya comparable al néctar de los dioses. También reparto pastillas de esas que llevan vitaminas y minerales, más que nada por el efecto placebo - tomad, mis mercenarios, esto es medicina mágica del hombre blanco - y me acuerdo de la estúpida frase de Superratón: "Y no olviden supervitaminarse y supermineralizarse".

Bajailu está para el arrastre y me pide que conduzca yo, pero logro convencerle para que haga un esfuerzo. Con la ayuda del chaval y su padre arrancamos el coche y seguimos hasta el Kusarawat del jefe local del que salimos el día anterior. Antes de llegar Bajailu y Ali me dicen que me haga el enfermo para que nos dejen seguir para Afdera. Yo lo hago pero sin mucha convicción, además resulta que hay un tipo muriéndose perdido en medio del desierto y sin agua, y nada más llegar al Kusarawat me pongo milagrosamente bien.

Se reúne el consejo Jedi y se decide que una expedición de rescate parta en el coche de Bajailu en cuanto hayamos repuesto fuerzas. Bajailu está puteadísimo, pues el coche está para el arrastre y quizá no resista realizar el mismo trayecto otra vez. Yo me ofrezco a ir pero el jefe dice que me quede en el Kusarawat. En realidad en calidad de huésped-rehén. El inútil de Ali también se queda en el Kusarawat, y una vez que ha marchado la partida de rescate le pregunto:

- Ali, what do you think of Alimira?
- Destroyed
- Do you think he is dead?
- 100% dead: hot, no water, the jackals… many many people dies like this.

Muy chungo, me pongo a darle vueltas a la pelota pero no consigo sentirme del todo mal, quizá porque nadie ha dado ninguna muestra de pena, como mucho de preocupación. Además no me siento con ninguna culpa en el asunto: yo no pedí llevar un scout, luego resultó que era un flojo, o un perezoso, y que encima no conocía el terreno. Y yo lo que hice fue seguir al guía, que habla afar como los demás y me indico que lo siguiera; él debería saber si había riesgo de que se perdieran estos dos o no.

Me hago a la idea de que el colega la ha palmado no por mi culpa, pero sí por causa de mi expedición… ya me he ganado el derecho a llevar la pulsera.

Me preocupo por las consecuencias y siento extrañeza por la situación. Ali no hace otra cosa que dormir pero yo no puedo, tampoco me apetece escribir nada (salvo un resumen que hago de lo que ha pasado para contarlo a la embajada o a un abogado, porque no tengo ni idea de lo que puede pasar) ni hacer fotos pese a que estoy en un lugar alucinante, en pleno corazón del Dánakil conviviendo con una familia de auténticos nómadas: me refugio del sol bajo su tienda, tomo su té y observo sus rezos, me aseo como ellos, tomo pan Afar (cuyo ingrediente más inconfundible es la arena), bebo con fruición su agua sucia, y también leche de vaca. No tienen agua corriente, ni electricidad, ni televisión. Toda su tecnología se reduce a una vieja radio, un par de linternas y sus armas de fuego.

Me dicen que si me quiero duchar… caminamos unos cientos de metros cuando se ven ya Venus y un par de estrellas en las que me fijo para orientarme. Llegamos a unos pozos hechos en la arena a cuyo alrededor se congregan los camellos y algunos muchachos. Con una soga atada a un capazo de plástico suben el agua que nos echamos por encima… duchándome en el desierto al anochecer después de semejante día… una gozada.

En la cena me ofrecen leche de camello, les digo que solo quiero probarla pero me ponen dos cuencos del copón (valga la redundancia). Después de bebérmelos va Ali y me dice: "La leche de camello es muy mala para el estómago. Y sobre todo ahora no bebas agua ni comas nada porque entonces te pones malo seguro". Qué hijoputa, ya podía haberme avisado antes. Pero no hay quien se resista a un bidón de agua fresquita a mano después de haber pasado la sed que he pasado yo este día… bebo bastante agua y... todo bien. Me considero ya inmunizado y a partir de ahora se acabaron los remilgos con las comidas.

Poco después de cenar sale del kusarawat el camello que han estado preparando para unirse al rescate de Alimira, cargado con agua.

Dormimos fuera de la tienda, bajo las estrellas.



DÍA 6

Amanece y la temperatura es cojonuda, pero enseguida comienza a caldearse el ambiente y nos metemos dentro de la tienda a sudar de lo lindo. Pasan las horas y no hay noticias de la expedición de rescate, así que doy por hecho que el colega la ha palmado.

Poco antes del mediodía se oye el sonido de un motor: están de regreso, y Alimira esta vivo. Cojonudo. Me abrazo al jefe. Bajailu me contará más tarde lo sucedido:

Lo encontraron a las tres de la mañana, tumbado sobre una roca. Había caminado ocho kilómetros hacia la frontera con Eritrea, y se había quedado a otros tantos de ella. Dijo que el día anterior, cuando se vio perdido, disparó al aire con su arma, pero debería estar ya bastante lejos porque no lo oímos. Al encontralo le dieron de beber y empezó a convulsionar. Le ducharon y le dieron más agua con azúcar... por lo que dijeron le quedaban un par de horas de vida. Después de media hora, cuando ya había cogido alguna fuerza, lo subieron al camello. Ya de regreso se encontraron con un caravanero afar que venía de Eritrea y les prestó un camello para que no tuvieran que llevar el agua a cuestas. Final feliz. Pero por lo que me dijo Bajailu la cosa pudo ponerse muy chunga, porque antes de encontrar a Alimira le dijeron cosas de este tipo: "It's your problem, and faranyi problem", o "The car is broken, but if we don't find him, you will be broken too." o lo más explícito: "He dies, you die.". En el mejor de los casos, si Alimira la llega a palmar hubiésemos tenido que pasar la noche en la misma comisaría en la que él trabajaba... mal rollo.

Después de un rato para que repusieran fuerzas Bajailu y Alimira salimos escopeteados para Afdera, y a poco de llegar se queda el coche parado por culpa del inútil de Ali que no hizo suficiente presión sobre el acelerador. Encima no conseguimos empujar el coche porque estaba en un llano arenoso. Total, que estuvimos una hora esperando a que aflojara el calor para caminar los 12 kilómetros que nos quedaban, pero tuvimos suerte y acabó apareciendo una caravana de camellos y con la ayuda de los chavales que la guiaban conseguimos arrancar el coche.

En Afdera pago a Alimira y Abdallah el dinero que no se habían ganado. Abdallah se olvida su gorra de policía en el coche y paso de decírselo; me la quedo de recuerdo. Luego una ducha-colada, porque no me queda ropa limpia. A la vez que me ducho lavo la misma ropa que llevaba puesta, y luego me la pongo mojada para estar fresquito un par de horas por lo menos. Repito esta estrategia los siguientes días.

Pasamos la tarde hasta bien entrada la noche en casa de Frowein, que me colma de atenciones, y yo me siento como un rey, así que le dedico aquí esta canción:

♫ ¿De donde sales tú?
¿qué esta pasando en Cádiz?
No se ven negras tan guapas ni en carnavales
La reina de África por la Alameda...

(Javier Ruibal)

Hasta se pone a abanicarme, con lo que me viene a cabeza eso que decíamos de críos para indicar sobre algo que era ya demasiado pedir:

"Toma, claro, y que te abanique una negra."

Así que ahí estaba yo, cumpliendo no ya los sueños de infancia, sino los imposibles. Y aprovecho para endosaros un párrafo de Javier Reverte sobre África y la infancia de su libro sobre el jesuita Pedro Páez, personaje alucinante del que os daré mas referencias mas adelante:

"Cuando era niño (Pedro Páez), probablemente soñó como yo con ir a África algún día. Y cuando al ser hombre lo logró, como yo lo logré, su alma se transformó quizá, de nuevo, en la de un niño, mientras miraba a su alrededor con los ojos de un hombre. Porque África devuelve siempre nuestro espíritu a los días de la infancia, nos transforma en niños en tanto que hace revivir en nuestros corazones la fe en la aventura."

A la mañana siguiente nos despedimos de Frowein y su amiga, que también nos invitan a desayunar. Me dicen que me quede con ellas unos días, y bien a gusto que me hubiera quedado, si no fuera porque Afdera es un puto infierno en medio de la nada, y porque no me quedaba apenas dinero. Así que les dije lo de esa letra que canta el Andres:

No tengo tiempo, pero no me arrepiento,
ser como el viento no es una maldición.
Y las canciones las compongo caminando,
entonces algunos versos se me van

Salimos para Logia, y en el camino tenemos que adelantar a decenas de camiones de los que transportan la sal extraída en el lago Afdera. Tragamos polvo sin cuento, y nos metemos unas cuantas rayas de polvo del camino:

Un corazón al viento,
un gramo en el desierto,
buscando tu nariz

(Andy Chango & el Andres)

Tras la paliza que nos hemos metido, y tras pasar ya toda la tensión acumulada estamos reventados, pero vivitos (y como no nos han castrado, coleando). Es hora de reflexionar... ¿qué nos queda de todo esto, Bunbury?

Nos queda el presente
que ya es suficiente
y no nos puede faltar.
Nos queda la suerte
que si se balancea un poco
nos puede tocar



EPÍLOGO DEL DÁNAKIL

Llegamos a terreno asfaltado, la carretera a Djibouti, y nos compramos una botella de agua y una coca-cola, para hacer "cocawuha" (que es lo que toman los locales, y la verdad que no está nada mal. La receta es simple: 1 litro de agua + 33 cl de cola), y después de esto, aparte de lo que dice Bunbury, nos quedan 2 birr (algo menos de 20 céntimos de Euro), y gasolina para 5 o 10 kilómetros.

Nos acercamos al banco de la ciudad más cercana y no adelantan dinero con la VISA, no aceptan cheques de viaje, y ni siquiera cambian dólares... Probamos con los camioneros, y después de intentarlo varias veces uno nos cambia un billete de 100 USD... ya tenemos parné, pero no demasiado. Pago al inútil de Ali, al que dejamos en su casa, y que ha dado palabra, al igual que Bajailu, de no volver en su puta vida al Erta Ale.

Bajailu y yo tenemos que hacer economías con las comidas y el hotel, y al día siguiente madrugamos para conducir toda la mañana y llegar a Nazret, una ciudad grande cerca ya de Addis, antes de que cierren los bancos. Ahí cambio un cheque de viaje y ya soy rico de nuevo. La siguiente mañana nos separamos, Bajailu vuelve a Addis, y yo cojo un minibús hacia el este de nuevo, pero esta vez a Harar.

Bajailu ha sido mas un compañero de viaje que conductor o guía, hemos compartido habitación, comida, bebida, y muchas "movidas chungas". Hasta hemos compartido dinero, y ni siquiera hemos echado cuentas de lo que ha pagado cada uno (por ejemplo, él pagó el camello de la expedición de rescate). Yo esperaba que me llorara por el hecho de que el coche ha quedado hecho una mierda, y que el viaje se ha alargado un día más de lo contratado, pero no lo hace... un tipo cojonudo.


HARAR

Harar es la capital musulmana de Etiopía y, por consiguiente, la capital del Chat. Es una ciudad que todavía conserva algo del encanto misterioso que tuvo antaño, cuando era un foco para la intelectualidad del Islám y su entrada estaba prohibida a los infieles. El primer europeo en entrar fue Richard Burton en 1855, de manera clandestina, disfrazado y hablando árabe.

En su recinto amurallado hay más de ochenta mezquitas, y las calles son laberínticas, pero no es una ciudad grande, así que no hay ocasión de perderse.

La principal atracción es Yusuf, "hiena-man", un tipo que cada atardecer da de comer a un grupo de hienas que viven por ahí. Hoy es solamente un espectáculo para "faranyis", pero tiene una tradición de siglos detrás, durante los cuales se alimento a las hienas para evitar que entrasen en la ciudad y se papearan a los borrachos y mendigos que hubiera tirados por la calle. Me paso por casa de Yusuf una hora antes del espectáculo, y tengo oportunidad de despertarlo de la siesta, conocer a su familia, y que me ponga todo ufano un documental que la televisión francesa hizo sobre el. Por lo visto hace poco lo sacaron también en la CNN.

Harar se ve en dos días, incluso en uno, pero yo me lo tomo de relax y me estoy cuatro días. No tomo guía, y uno al que le di calabazas me monta un pollo en la calle, dice que trabajo para el gobierno etíope... hay gente que está de la olla.

El segundo día conocí a Adbul, un chaval que me invita a su casa a tomar chat y cachi. Ahí tengo una conversación de horas con un pariente suyo, "muy-sulman", sobre lo divino y lo humano. El colega viene a decir que "La ciencia no sirve para nada, porque el espíritu lo puede todo"... que si usáramos el espíritu no harían falta los satélites. Vamos, que si Mahoma no va a la montaña, pues viceversa.

Me paso varias tardes de chat, cachi y fútbol con Adbul en casa de una amiga suya, Salam, a la que un francés le hizo un hijo y luego se dio el piro.

También me paso por casa de Carlos, un pintor español que conocí en la embajada española en Addis. Lleva dos años viviendo en Harar, y está casado con una local. No lo puedo saludar pues esta en Addis, pero una vecina suya me invita a tomar café junto con su hermana y su madre, y me hacen la ceremonia completa: comienzan tostando el grano, y no me dejan irme hasta que no me tomo la tercera taza. El primer europeo que menciono el café, y quizá también el primero en probarlo, fue Pedro Páez.

Y es que no hay nada mejor que revolver
el tiempo con el café

(Antonio Vega)

En la ciudad de Harar se puede visitar también la casa-museo de Arthur Rimbaud.



RIMBAUD

Ex-poeta francés que vivió varios años en Harar a finales del siglo XIX. Ex-poeta porque, cuando llegó a Harar, después de haber escrito algunas de las mejores paginas de la poesía universal antes de cumplir los veinte años, había repudiado por completo la literatura: ya no escribía, ya no leía, no hablaba jamás de literatura, y ocultó siempre que pudo su identidad. Se convirtió en un comerciante y explorador, en un traficante y pionero, lo más parecido a un caballero de fortuna.

Quizá ese cambio en su vida no fue tan brusco a la luz del epígrafe con el que abre Javier Reverte su libro sobre Pedro Páez:

"La exploración es la expresión física de la pasión intelectual."
(Apsley Cherry-Garrard)

Su poesía expresaba principalmente odio y desprecio por todos los demás; rabia y violencia. Estoy leyendo ahora "Una temporada en el infierno", único poemario que se publicó con su consentimiento, y aparecen varios párrafos que serian premonitorios para su vida:

"Mi jornada está hecha; dejo Europa. El aire marino quemará mis pulmones; los climas perdidos me curtirán. Nadar, triturar la hierba, fumar sobre todo; beber licores fuertes como el metal hirviente.
...
Volveré con miembros de hierro, la piel sombría, el ojo furioso: por mi máscara, se me juzgará de una raza fuerte. Tendré oro; seré vago y brutal. Las mujeres cuidan a estos feroces inválidos cuando vuelven de los países calidos."

Pero la frase que quizá mejor guarda la esencia de lo que fue su vida es:

"Je suis un autre" (Yo soy "otro")

¿Qué nos quiso decir el hermano Warren Rimbaud con esto?... analicemos la frase:

"Otro" en latín se dice "Alienus". De ahí vienen "ajeno" y "alienado" - y me la juego a que también viene de ahí la palabra afar "Alia"-. Entonces lo que nos dice Warren Rimbaud es que "Yo estoy alienado, estoy enajenado"... vamos, que esta de mala ostia: como los afar, de ahí el odio y la rabia de su poesía.



EL CHAT (otra dosis)

He seguido investigando este tema con interés y dedicación. De Harar se fletan por la noche multitud de camiones cargados con chat recién recogido, para que, evitando el calor del día, llegue fresco a los sitios más remotos, como el Dánakil.

El chat es una especie de panacea, bueno para todo: para estudiar y las labores intelectuales, para los trabajos extenuantes, para soportar el calor, para matar el hambre... hasta para el sexo: para durar mas, en plan tántrico, como Sánchez Dragó.

La verdadera panacea, a la que se refería Homero, era probablemente el opio, y casi lo mismo, el caballo (la heroína), para Antonio Vega:

Nada puede sufrir
que él no sepa solucionar

Sin embargo, todavía no se ha encontrado sustancia capaz de igualar en virtudes al aloe vera canario... eso sí que es bueno para todo, te vale lo mismo pa un roto que pa un descosido.



PEDRO PÁEZ

Como lo he sacado a colación un par de veces y es un personaje bien interesante, os resumo su vida:

Misionero jesuita que a principios de siglo XVII consiguió que dos emperadores etíopes abandonaran la religión ortodoxa para pasarse a la fe católica, aunque su tarea no tuvo una continuación exitosa. Fue el primer europeo en descubrir el nacimiento del Nilo Azul, y el primero también en recorrer multitud de regiones, algunas de las cuales todavía hoy permanecen apenas inexploradas.

Su vida fue una aventura de la hostia y del copón bendito. Aunque el tesoro que el buscaba - 1el tesoro es la excusa de todo caballero de fortuna - no era de este mundo, fue sin duda todo un aventurero. No en vano pertenecía a la Compañía de Jesús, una verdadera orden de caballería al servicio de la cruz.

El excelente libro de Javier Reverte sobre su vida se titula "Dios, el Diablo y la aventura".



EL DIABLO

Se ha convertido, sin ser convocado, en uno de los personajes recurrentes de estas mis últimas semanas en Etiopía:

El Diablo a quien combatía y pretendía derrotar Pedro Páez. El Satanás compañero de Rimbaud en su "temporada en el infierno". Satán o Sheitán como lo llaman aquí en Etiopía, y que se le apareció a Corto en el Dánakil bajo ese nombre, y también bajo el de Shamael (el veneno de dios), y el Djinn - espíritu del desierto en la tradición árabe - que dicen que habita el Erta Ale.

En Nápoles no visité los Campos Flégreos, una de las entradas a los infiernos en la mitología griega, que son un paisaje volcánico que seguro que empequeñece comparado con el Erta Ale y todo el Dánakil.

Como canta Aute:

Parece que anda suelto Satanás

Y también:

Estaba el diablo malparado en la esquina de mi barrio...
(La Renga)



RELIGIONES

Otro tema recurrente, ya sabéis que me mola.

Los afar son "maomenos" chiíes, mientras que los de Harar son "muysulmanes" suníes. No es la suya una religión que me atraiga demasiado. Lo que más me gusta del Islám es que cerca de una mezquita siempre se puede encontrar una cachimba.

... unos dicen que Ala, otros que Yemanyá
y es solo una manera de buscar la verdad.
...Una vieja canción tiene un sentimiento
que a veces dice más que el viejo testamento,
Así que: ma-ma, a ti que más te da,
si en la calle todos dicen que hay un mas allá

(Carlos Varela)

Lo que tuvo que hacer Pedro Páez en su tarea evangelizadora en Etiopía fue principalmente luchar y argumentar contra la principal diferencia entre el credo católico y el credo ortodoxo, y razón de la escisión: el "monofisismo" de los ortodoxos, que consiste en afirmar una única naturaleza en Cristo: la divina, mientras que los católicos dicen que tiene dos: la divina y la humana.

Y bueno, ya sabéis que yo propugno una tercera naturaleza: la vegetal. En todo caso, no pienso crear una nueva corriente, y si tuviera que elegir alguna, me quedaría con el sendero de de Warren Sánchez: "Salvación garantizada. Si se muere y no se salva… le devolvemos su dinero.".



Hace ya unos días de todo esto, ahora estoy visitando el norte del país, lo último que me queda, y aun no sé qué será lo siguiente que haga, pues lo del visado sudanés está bastante chungo. Sea como sea, espero seguir contándoos mis andanzas.

Un abrazo muy fuerte,
Santi


 

 

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